Culiacán, Sin.-Hace 470 días, Sinaloa despertó a una nueva realidad: la violencia interna del Cártel de Sinaloa estalló el 9 de septiembre de 2024, y desde entonces nada volvió a ser igual. La pugna entre las facciones conocidas como “Los Chapitos” y “La Mayiza” transformó las calles de Culiacán, Navolato, Badiraguato y otras sindicaturas en escenarios de miedo y destrucción.
Los reportes hablan de más de 1 800 homicidios, con balaceras simultáneas, bloqueos de calles, casas atacadas, vehículos incendiados y cuerpos abandonados en plazas y carreteras. Cada callejón y carretera del estado lleva la huella de la violencia.
Pero la crisis no se limita a los homicidios. 2 390 personas han desaparecido desde que comenzó el conflicto, mientras que entre 4 480 y 6 476 personas han sido desplazadas, obligadas a abandonar sus hogares en busca de seguridad. Familias enteras dejaron atrás casas, escuelas y negocios, convirtiéndose en testigos de un terror que no distingue edad ni género.
Las autoridades han desplegado operativos para contener la violencia, pero los enfrentamientos continúan. Las fuerzas del orden registran denuncias de robo de vehículos y desapariciones forzadas, mientras los habitantes de Sinaloa viven la rutina diaria con el recuerdo constante de los disparos y la incertidumbre sobre qué pasará al siguiente día.
Hoy, 470 días después, Sinaloa sigue atrapado en la guerra de facciones que parece no tener fin. La inseguridad es palpable, el miedo es cotidiano y las heridas de la violencia siguen abiertas. Las cifras oficiales solo cuentan parte de la historia: detrás de cada número hay personas desplazadas, desaparecidas, familias fragmentadas y comunidades que intentan sobrevivir en un estado marcado por la violencia.