Vigilantes
Por Manuel Aceves
Suena una motocicleta y levanta la polvareda, inicia la estampida y más motos se suman a la corretiza. Hay adrenalina en dos ruedas sobre las calles y brechas mientras los radios emiten alertas: “cayeron los del charco, cayeron marinelas”, advierten los punteros refiriéndose a la presencia de elementos de la Marina Armada de México.
El pitazo previene a los grupos criminales nativos de la zona y de inmediato toman provisiones, preparan las armas, otros las esconden y se tiran a matar. Rum Rum, suenan las camionetas quemando llanta. La escena podría tener como escenario cualquier comunidad rural del país, incluso se reproduce a diario y resalta la necesidad que existe de seguir atacando las causas del delito desde la raíz.
Son muchos los jóvenes que participan en actividades delictivas como vigilantes del narco, incluso, y de acuerdo a especialistas en el tema, el pago diario que estos chivatos del hampa reciben en Sinaloa oscila entre los 200 y 300 pesos diarios. Los encargos e instrucciones que reciben en una jornada van desde vigilar un perímetro levantar gente y por supuesto, hasta quitarles la vida. La nómina mafiosa exige trabajo diario y cada vez son más los niños que engrosan las filas de los también llamados alcoholes. Ante este escenario es evidente que no basta el combate frontal contra la delincuencia y esto lo reconocen los especialistas en seguridad pública.
Lo de hoy es prevenir. Esto es algo que ha sido resaltado por la doctora Laura Carrera Lugo, coordinadora del Sistema de Desarrollo Policial de la Policía Federal (Sidepol), quien plantea una nueva realidad en el campo de la seguridad pública, en la que vuelve necesario fortalecer los programas preventivos y tener un contacto cercano con los planteles educativos a fin de evitar que los niños y niñas caigan en las garras de los envenenadores.
Lamentablemente se ha vuelto común que en muchas escuelas públicas del país– sin importar el nivel académico–, anide en su interior la venta y consumo de drogas.
Los propios docentes se hacen de la vista gorda para evitar problemas con los alumnos que en muchas ocasiones amagan a sus autoridades educativas y quien se atreva a denunciar, le quiebran los vidrios del carro o le ponchan las llantas en el mejor de los casos.
Las autoridades educativas y de seguridad pública no le han entrado de lleno en estos casos además de que no existe una capacitación policial para una adecuada intervención ante estas situaciones. Urge establecer protocolos pero también es apremiante reforzar las pláticas con padres y madres de familia en el interior de los planteles, continuar trabajando en valores.
En Sinaloa, no se puede negar que desde la Dirección de Programas Preventivos de la SSP se hace un trabajo ejemplar en la prevención del narcomenudeo, el consumo de alcohol, las malas prácticas de internet y la violencia intrafamiliar. Si bien es cierto que le ha faltado difusión en éste sentido y que los reflectores han estado cargados hacía combate frontal contra la delincuencia, esto no ha mermado en el ánimo de quienes de forma discreta imparten pláticas en las escuelas en temas de conductas antisociales, adicciones, violencia, hostigamiento sexual, entre otros. Sin duda este esfuerzo nunca será suficiente sino se cuenta con el apoyo de toda la sociedad pues es importante tener muy presente que las causas del delito también se combaten desde el hogar.
Los padres y madres de familia no pueden ser omisos en la obligación que les corresponde: ¿Dónde están mis hijos?, ¿con quién se relacionan? ¿Qué actividades realizan y de donde obtienen sus ingresos?, son algunas de las preguntas que no pueden pasar inadvertidas.
¿Quién va contra punteros y tiradores entonces?, deberíamos ir todos: los padres e instituciones educativas haciendo la parte que les corresponde y el gobierno y las empresas generando convenios que permitan allegar un espacio laboral para los miles de jóvenes desempleados que son presa fácil del hampa.
Sin duda el nuevo gobierno tendrá retos importantes en este sentido y deberá estar muy atento al tema sino quiere repetir otro baño de sangre como el de los últimos seis años donde los jóvenes fueron los protagonistas.
