Crónica |🔴 La guarida del Mencho: así cayó el capo más poderoso del mundo en Tapalpa

Tapalpa, Jalisco.- Entre el frío de la sierra y el aroma a pino húmedo, se levantaba la cabaña número 39 del Tapalpa Country Club, un refugio de dos niveles, paredes de madera y piedra, con ventanales que miraban al bosque y un jardincito cuidado.

La propiedad, de unos 13 millones de pesos, no parecía un escondite: para turistas era otra casa de descanso; para Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación, era su última guarida, su trinchera.

La cabaña se encuentra en un fraccionamiento privado en Tapalpa, a poco más de 90 km de Guadalajara, rodeada de bosques densos y colinas que la hacen prácticamente invisible desde el camino principal.

Este lugar fue elegido por “El Mencho” por varias razones: aislamiento, rutas de escape naturales, acceso discreto a caminos de terracería y cercanía a propiedades turísticas que no levantan sospechas. Además, la ubicación le permitía vigilar movimientos y mantenerse cerca de Guadalajara sin estar en la ciudad, evitando operativos directos y el tráfico de información que hubiera llamado la atención de autoridades.

Y no era cualquier capo. El Mencho no solo era el más buscado de México, sino que su poderío criminal alcanzaba territorios en Estados Unidos, Centroamérica, Sudamérica y Europa, moviendo lana a lo cabrón y poniendo a temblar a otros grandes cárteles.

Su nombre figuraba en listas de más buscados con recompensas millonarias, y su palabra era ley en muchas calles y fronteras del planeta.

Dentro de la cabaña, la rutina y la clandestinidad convivían. En la cocina había frutas y verduras frescas, restos de comida en la mesa, vasos usados. En la recámara principal, la cama estaba destendida, la ropa tirada por todos lados, y sobre una mesita un frasco con medicamento para insuficiencia renal, señal de que el cuerpo ya le estaba cobrando factura. En cada esquina, altares con imágenes religiosas y estampas dobladas, como si la fe fuera un blindaje más que la pólvora. Entre los objetos personales había teléfonos satelitales, radios y mapas con rutas marcadas, reflejo del control que tenía sobre su imperio.

Esa madrugada, una mujer llegó con provisiones, una de sus parejas sentimentales. Sin saberlo, su visita marcó la pista exacta que permitiría a la inteligencia militar ubicar la cabaña.

A las primeras luces del 22 de febrero de 2026, comenzó el operativo. 2 mil efectivos del Ejército y la Guardia Nacional rodearon la zona con precisión quirúrgica. Helicópteros cortaban el aire mientras los grupos tácticos avanzaban entre pinos y hojarasca. La escolta del Mencho reaccionó y abrió fuego: ocho de sus hombres murieron en el lugar. El monte retumbaba con ráfagas de alto calibre y casquillos que saltaban entre las hojas.

El Mencho intentó escapar hacia la maleza, esquivando troncos y balas como siempre lo había hecho. Pero la precisión del cerco no falló. Fue alcanzado, herido, y subido a un helicóptero militar para traslado. Entre la adrenalina, la presión y la sangre derramada, murió antes de llegar a un hospital, poniendo fin a la era del capo más influyente y temido del planeta.

La cabaña quedó intacta a simple vista, pero contaba la historia: camas sin tender, restos de comida, frutas y verduras sin usar, frasco de medicación, altares y mapas, testigos mudos de la vida y la caída de un hombre que creyó que podía esconderse entre pinos, lujo y silencio. Tapalpa ya no es solo un destino turístico; es el sitio donde se cerró el capítulo del Mencho, el capo que pensó que podía evadir a todos, pero que terminó alcanzado por la inteligencia, la fuerza del Estado… y su propia sombra.

Redacción/LaPared

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