Hallan dos cuerpos ejecutados al interior de un automóvil en la colonia Guadalupe

Culiacán, Sin.-El automóvil llevaba horas ahí, detenido en medio de la noche como si también estuviera esperando algo.

Nadie preguntó por él. En la colonia Guadalupe, los vehículos abandonados no llaman la atención: se aceptan, se rodean, se ignoran. Son parte del paisaje.

Desde alrededor de las ocho de la noche, el Buick gris permanecía mal estacionado sobre la calle Río Yaqui, entre Río Pánuco y el bulevar Ciudades Hermanas.

Parecía descompuesto. Parecía inofensivo. Parecía, como tantas otras cosas en Culiacán, que no debía tocarse.

Pasaron las horas y la noche avanzó con normalidad: el ruido lejano del tráfico, las casas cerradas, las luces que se apagan temprano. Hasta que alguien llamó al 911. No por curiosidad, sino por certeza. Algo no estaba bien.

Cuando llegaron los cuerpos de emergencia y las corporaciones de seguridad, la ciudad ya sabía la respuesta.

Dentro del automóvil, al abrir la cajuela, estaban los cuerpos de dos hombres. Ejecutados. Atados de las manos hacia la espalda con cinta. Vestían pantalón de mezclilla y playera negra, una indumentaria tan común que podría haber sido cualquiera.

Los primeros reportes confirmaron lo evidente: impactos de arma de fuego y quemaduras leves en los cuerpos.

El orden de los hechos no necesitaba explicación. Primero las balas. Después el intento de borrar algo. Como si la violencia también tuviera una rutina.

El sitio fue acordonado. Llegaron soldados. Llegaron peritos. Llegó el silencio pesado que se instala cuando ya no hay nada más que hacer. Los vecinos observaron desde lejos, detrás de cortinas, desde esquinas prudentes. Nadie dijo nombres. Nadie hizo preguntas.

Con este hallazgo, la cifra de personas asesinadas en Culiacán durante las últimas horas se elevó a ocho. Un número más que se suma a una contabilidad que ya no cabe en los comunicados oficiales ni en la memoria colectiva.

La Fiscalía General del Estado inició las diligencias correspondientes. Los cuerpos fueron trasladados al Servicio Médico Forense. Hasta el cierre de esta crónica, las víctimas permanecían sin identificar y no se pudo confirmar si el vehículo contaba con reporte de robo debido a que portaba placas de engomado.

La calle volvió a quedar vacía. El automóvil ya no estaba.

Solo quedó el espacio que ocupó durante horas y la certeza de que, en esta ciudad, incluso cuando todo parece quieto, algo siempre está ocurriendo en la cajuela de la noche.

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