Culiacán, Sin.-La noche de este viernes 16 de enero, la violencia volvió a escribir una historia corta y devastadora en Culiacán. Dos hermanos, jóvenes ambos, fueron atacados a balazos en la colonia Lomas del Magisterio.
Minutos después, su lucha por sobrevivir terminó en una sala de urgencias.
El ataque ocurrió alrededor de las 20:00 horas. Vecinos del sector oriente escucharon las detonaciones y poco después vieron el movimiento apresurado de quienes intentaban auxiliarlos.
Jesús Manuel, de aproximadamente 30 años, y su hermana Erika Noemí, de 24, aún respiraban cuando fueron trasladados de emergencia al Hospital General de Culiacán.
Ingresaron graves. Con múltiples impactos de arma de fuego. El personal médico hizo lo posible, pero el daño era irreversible.
Cerca de las 21:00 horas, ambos fueron declarados sin vida. La noticia cayó como un golpe seco: no solo habían asesinado a dos personas, habían roto una familia.
Eran hermanos. Eran jóvenes. Tenían una vida por delante que quedó interrumpida por la violencia armada que se ha vuelto cotidiana en la ciudad.
Mientras en el hospital se confirmaban los decesos, en la colonia Lomas del Magisterio el silencio se mezclaba con la presencia de patrullas y agentes investigadores.
Hasta el momento, las autoridades no han informado cómo ocurrió la agresión ni quiénes fueron los responsables.
Personal de la Fiscalía General del Estado realizó las diligencias correspondientes y ordenó el traslado de los cuerpos al anfiteatro.
Dos nombres más se sumaron a las estadísticas, pero para sus familiares no son cifras: son ausencias irreparables.
La noche terminó, pero la pregunta permanece: ¿cuántas vidas jóvenes más tendrá que cobrar la violencia antes de detenerse?