Para mover el mundo nada más hacen falta prejuicios, pero para luchar contra él hace falta romper los esquemas. Sinaloa enfrenta a los grupos conservadores que se oponen a legalizar el matrimonio homosexual, y de la adopción ni siquiera quieren escuchar, quizá porque prefieren niños abandonados mientras los ven detrás de las ventanas de sus vehículos de lujo o de los restaurantes gourmet.
Por Martín Durán
Para Antonio Medina, activista de los derechos de diversidad sexual, que en Sinaloa todavía esté a discusión los matrimonios entre parejas del mismo sexo le suena a una situación decimonónica, conservadora, en donde no se están tomando a la sociedad en su conjunto. “Se está legislando desde los prejuicios”, advierte.
Antonio y su pareja Jorge adoptaron al pequeño Mateo en el 2011 en el Distrito Federal, y el niño, dice, tiene muy claro que cuenta con dos papás, porque “la sexualidad es intrínseca al ser humano”.
“No hay ningún elemento que diga que una pareja homoparental afecte el desarrollo personal de un niño, la sexualidad es intrínseca al ser humano, la homosexualidad no es contagiosa”, señala Medina, que por años ha luchado por derrotar los estigmas.
Sin embargo, lo más difícil que enfrentará el pequeño Mateo no es en su casa sino en la escuela, en la calle, en su interacción social, pues no se combate el fantasma de la homofobia, de las burlas, de los estigmas.
Por ello en cada foro al que es invitado, Antonio trata de explicar cómo el tema de matrimonios gays y adopción es mero prejuicio social, pues los estudios científicos y sociológicos advierten con estadísticas lo contrario que habita en el imaginario colectivo: que un niño educado por homosexuales se hará homosexual; que abusarán sexualmente de él, que le enseñarán prácticas pervertidas.
Con su libro “Familias homoparentales en México: mitos, realidad y vida cotidiana” explica que busca informar más a la sociedad moderna mexicana para socavar los prejuicios, los dogmas religiosos e ideológicos.
“El matrimonio es un derecho humano, es para las personas que viven en libertad y desean una unión, todas las parejas tenemos derecho a formar una familia con carácter jurídico, la familia no es una franquicia de la derecha ni de ninguna religión”, señala Medina vía telefónica.
De no legislarse en Sinaloa, apunta Antonio, se está atentado contra la célula familiar, y con ello se quiere impedir un derecho que el Estado mexicano ha entregado a los ciudadanos.
Antonio Medina además de criar a Mateo y vivir en unión con Jorge, también ha sido periodista y profesor en la UNAM.
Hace falta información
Sergio Jaime Rochín del Rincón es comisionado presidente de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, y sostiene que a los diputados sinaloenses que se oponen a regular el matrimonio de parejas del mismo sexo se les olvida que el Estado mexicano es laico, y que no hay dogma religioso o de carácter ideológico que valga para no respetar el artículo 1 de la Constitución.
“Además de muchos prejuicios y complejos, lo que hay es ignorancia, algo que está muy arraigado”, comenta Rochín del Rincón.
En el tema de la adopción, señala al igual que Antonio Medina que los estudios comprobados han demostrado que muchas ideas sobre las uniones gays son falsas.
“Estadísticamente es falso que un niño criado por homosexuales se haga homosexual, tampoco es cierto que corran un riesgo de abuso sexual, porque la estadística –y esa sí es macabra- que los infantes más abusados sexualmente son las niñas con un altísimo porcentaje del padre o padrastro”, explica este especialista vía telefónica para La Pared.
“Es importante explicarlo –comenta Rochín del Rincón–, las personas que juzgan lo hacen desde un desconocimiento del tema, por eso tenemos que saber y explicarlo bien, dialogarlo para deshacer los prejuicios”.
Rochín del Rincón dice que el tema de matrimonios gasy y adopción es un asunto de educación.
“Yo lo comparo con el racismo en Estados Unidos, algo que era histórico y social, como cuando un negro no podía entrar en un restaurante, y así era, todos lo asumían que el negro debía permanecer sumiso afuera, pero con el tiempo esto se fue cambiando; es cuestión de vencer la ignorancia y los prejuicios históricos”, añade.
Buenos y malos padres
José Ángel Aguilar Gil, coordinador de la Red Nacional Democracia y Sexualidad, es claro: a los diputados sinaloenses se les olvida que es un tema de derechos humanos en un marco constitucional.
“No es una situación religiosa ni de otra institución, esto va más allá de los preceptos morales que un grupo pueda tener, esto se enmarca en las convenciones que México ha firmado a nivel internacional”, detalla.
Por eso, advierte que la Iglesia no tiene nada que ver en la lucha contra la discriminación ni del matrimonio gay.
“Se trata de tener la capacidad de romper esquemas, con los mitos, por ejemplo de que un hombre no puede criar a sus hijos solo”, señala.
A pesar de las dificultades, la lucha contra la discriminación avanza pues la sociedad cada día está más informada.
“En los estados donde ha habido dificultades para los matrimonios, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha otorgado amparos”, dice.
En el tema de la adopción, Aguilar Gil refiere que siempre ha habido adopción gay, pero es ahora cuando se intenta dar carácter jurídico.
“No es cierto como dicen los grupos ultraconservadores que de una pareja gay salga un gay, ellos así lo predican en paquete para asustar a la sociedad; acuérdate que todos los homosexuales nacen de parejas heterosexuales, así que todo es un mito”, cuenta.
Los buenos y malos madres no se miden por su hombría, dice, sino por la capacidad para hacer desarrollar la educación de los hijos.
“Un mal padre puede ser bueno para coger, y un buen padre puede ser muy malo, pero al final lo que está en juego es el bienestar del niño”, añade en tono serio.