Ciudad de México.-En los caminos de la sierra sinaloense, donde el control territorial se disputa más con armas que con discursos, Iván Valerio “N”, alias “El Mantecas”, operaba lejos de los reflectores. Su nombre no encabezaba comunicados ni corridos.
Sin embargo, para las autoridades de Estados Unidos, su papel era clave: un engrane silencioso en la maquinaria del fentanilo que cruza la frontera norte.
La detención ocurrió en Badiraguato, bastión histórico del Cártel de Sinaloa. El operativo federal no solo terminó con su captura, sino con el aseguramiento de armas, vehículos y equipo presuntamente utilizado para la elaboración de drogas sintéticas.
Para México, fue un golpe en campo. Para Washington, el inicio de un proceso judicial que ahora busca llevarlo ante una corte federal en Nueva York.
La Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York lo acusa de conspirar para fabricar, distribuir e importar fentanilo a Estados Unidos, además de utilizar armamento de alto poder para proteger esas actividades. En los expedientes judiciales, “El Mantecas” aparece como suministrador de la facción de Los Chapitos, el grupo encabezado por los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, señalado como uno de los principales responsables del flujo de opioides sintéticos hacia territorio estadounidense.
De acuerdo con las investigaciones, su labor iba más allá de la producción. Coordinaba procesos, mantenía comunicación con otros operadores y garantizaba que la droga saliera de los laboratorios con destino al norte. Todo ello bajo la vigilancia de hombres armados, en una estructura diseñada para operar en medio de la violencia que hoy marca a Sinaloa.
En Estados Unidos, las acusaciones contra Valerio “N” no son simbólicas. Incluyen cargos que, de prosperar, podrían derivar en condenas de varias décadas de prisión e incluso cadena perpetua. Por eso, su caso se perfila como uno de los expedientes que refuerzan la ofensiva judicial estadounidense contra las redes de producción de fentanilo, más allá de los líderes visibles del narcotráfico.
Mientras su situación legal se define en México, la posibilidad de una extradición vuelve a colocar a Sinaloa en el centro de la cooperación bilateral en materia de seguridad.
El mensaje es reiterado: la lucha contra el fentanilo no solo se libra en los decomisos, sino en los tribunales.
De la sierra a Nueva York, el trayecto de “El Mantecas” refleja cómo operadores que durante años se movieron en la sombra ahora enfrentan el peso de una justicia que busca cortar, pieza por pieza, las rutas del negocio más letal del narcotráfico contemporáneo.
Redacción/LaPared