Culiacán, Sinaloa.- La tarde en la colonia Guadalupe se rompió con el rugido de motores y pasos calculados. Un helicóptero de la Marina surcaba el cielo mientras los agentes se desplegaban, un ejército silencioso que irrumpía en la rutina de calles de concreto y tinacos rojos al sol.
Sobre la calle Río Mocorito, el operativo fue quirúrgico. Elementos de la Secretaría de Marina, en coordinación con el Ejército Mexicano y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, intervinieron un inmueble donde se resguardaba Pedro Inzunza Noriega, alias “El Sagitario” o “El Señor de la Silla”.
Presunto líder dentro de la organización delictiva Beltrán Leyva, encabezada por Fausto Isidro Meza Flores, Inzunza Noriega también tenía cargos federales en Estados Unidos por narcoterrorismo, tráfico de fentanilo, cocaína y otras drogas, según documentos presentados en cortes de California.
Se reportó el aseguramiento de otras personas, aunque los detalles permanecen en reserva.
El inmueble fue sellado por la Fiscalía General de la República (FGR), mientras vecinos observaban desde las sombras, conscientes de que algo había cambiado en el aire: la ciudad ya no estaba tranquila, pero sí vigilada.
Pedro Inzunza Noriega es padre de “El Pichón”, abatido en noviembre pasado en Choix, y su captura representa un golpe directo a la estructura de los Beltrán Leyva, una señal de que incluso las figuras más protegidas de la organización pueden ser alcanzadas por la justicia nacional e internacional.
El helicóptero se alejó, las calles recuperaron su ritmo y el sol desapareció entre los edificios. Pero la detención de “El Sagitario”, acusado formalmente en Estados Unidos por narcoterrorismo, dejó una certeza imborrable: los líderes de los Beltrán Leyva ya no son intocables, y Culiacán volvió a demostrar que incluso los más poderosos pueden caer.