Escuinapa, Sinaloa.— La mañana del martes 31 de marzo comenzó como cualquier otra en el sur del estado. El calor avanzaba poco a poco y las calles de las comunidades rurales seguían su ritmo habitual. Pero en Tecualilla, la rutina se quebró de golpe.
Eran alrededor de las 10:30 de la mañana cuando el reporte comenzó a circular: detonaciones, una patrulla atacada, un enfrentamiento en marcha. En cuestión de minutos, el silencio del lugar fue sustituido por la tensión.
Los primeros en responder fueron elementos de distintas corporaciones que se movilizaron hacia la zona. Al llegar, la escena era contundente. Una patrulla de la Policía Municipal permanecía detenida, con impactos visibles. En su interior, cuatro agentes sin vida.
No muy lejos de ahí, otra unidad había logrado escapar en medio del ataque. En ella viajaba un elemento herido de gravedad, quien fue trasladado de emergencia para recibir atención médica.
Las primeras versiones fueron confusas. En un inicio, se habló de que no había personas lesionadas. Sin embargo, conforme avanzaron los minutos y la información se confirmó en campo, la magnitud del hecho quedó al descubierto.
El propio alcalde de Escuinapa, Víctor Díaz Simental, terminó por dar la noticia que nadie quería escuchar: cuatro policías municipales habían muerto en el ataque.
El punto exacto —un puente en la zona de La Tarjea— quedó marcado como el sitio donde un grupo armado interceptó a los agentes, quienes realizaban recorridos de vigilancia. No hubo margen de reacción. El ataque fue directo.
Las palabras del alcalde reflejaron el impacto inmediato en la comunidad. Habló de luto, de cautela, de la necesidad de que la población limitara sus salidas a lo estrictamente indispensable. El mensaje no era menor: el miedo ya se había instalado.
Mientras tanto, en otras regiones del sur, como Mazatlán, fuerzas militares se movilizaron en apoyo tras el reporte. La respuesta fue rápida, aunque el daño ya estaba hecho.
La jornada no solo dejó una escena de violencia, sino también un vacío. Cuatro elementos que salieron a patrullar no regresaron. Y en Tecualilla, como en muchas otras comunidades, la rutina quedó suspendida por unas horas, recordando que la tranquilidad puede romperse en cualquier momento.