Por Mario Beltrán
Culiacán, Sinaloa, 31 de marzo de 2026.— La jornada de elección de autoridades en las sindicaturas de Culiacán no solo evidenció una baja participación ciudadana; al contrastarse con datos demográficos oficiales, dejó al descubierto un fenómeno aún más preocupante: ni siquiera una proporción significativa de la población adulta acudió a votar.
De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, el municipio de Culiacán cuenta con 1 millón 3 mil 530 habitantes, de los cuales aproximadamente 702 mil 800 son mayores de 18 años, es decir, cerca del 70% de la población.
Sin embargo, durante la jornada del 29 de marzo, la participación estimada apenas osciló entre el 12% y el 16%, lo que implica que más del 80% de los ciudadanos en edad de votar decidió no acudir a las urnas.
Un caso representativo es la sindicatura de Costa Rica, una de las más grandes del municipio. Según datos del INEGI, cuenta con una población votante aproximada de 31 mil 600 personas; no obstante, solo 4 mil 821 ciudadanos ejercieron su derecho al voto, lo que equivale a apenas el 15% del padrón.
Este escenario revela que, en muchos casos, las autoridades electas podrían estar representando a menos del 15% de la población adulta de sus comunidades, lo que pone en entredicho la legitimidad de estos procesos.
Más que un fenómeno de apatía, especialistas en materia electoral advierten que se trata de una señal de descomposición cívica a nivel local. Coinciden en que este nivel de abstencionismo no puede explicarse únicamente por desinterés, sino por una combinación de factores como la falta de difusión institucional, la percepción de que estos cargos tienen poco impacto real, la desconfianza hacia las autoridades y el desgaste de la participación ciudadana.
Lo ocurrido en Culiacán no es un hecho menor: decenas de miles de ciudadanos adultos simplemente ignoraron el proceso, dejando en manos de una minoría la elección de autoridades que inciden directamente en la vida de sus comunidades.
La jornada del 29 de marzo deja un dato contundente: la representación en sindicaturas está siendo definida por una fracción cada vez más reducida de la población.
Más que un problema electoral, se trata de un síntoma profundo sobre el estado actual de la participación ciudadana en el ámbito local.