Autores sinaloenses son incluidos en antología del Premio de Cuento Beatriz Espejo

Por Sergio Ceyca

Los autores sinaloenses Hernán Arturo Ruiz y Martín Durán fueron incluidos en la antología El espejo de Beatriz vol II, que reúne los primeros lugares y menciones honorificas entre 2008 y 2020 del Premio Nacional de Cuento Beatriz Espejo.

En 2020, el Premio Nacional de Cuento Beatriz Espejo cumplió veinte años. Desde su primera convocatoria, aparecida en 2001, se ha consolidado como el certamen más importante en su género, lo que lo vuelve un referente entre cuentistas y lectores de narrativa breve, no sólo por el nombre que lo consagra y el monto económico que se otorga sino por la cantidad y calidad de textos que, año con año, participan en el concurso.

Para la editorial Ficticia, estos textos “son un termómetro de lo que se escribe en México, de su época y de los temas que inquietan a la población”.

Hernán Arturo Ruiz (Culiacán, 1993) ganó mención honorifica en 2015 con el cuento “Huellas en el camino”. Estudió derecho en la Universidad Autónoma de Sinaloa. Sus cuentos han aparecido en las revistas Timonel, Aldea 21, y en las antologías Once navajas- Narradores al filo de los 30 (FETA, 2015), Laboratorio para narradores (Palabras del Humaya, 2017), Álbum negro, narrativa de ficción (ISIC, 2018), Lados B, Narrativa de alto riesgo (Nitro/Press 2018), y Sin mayoría de edad (UNAM, 2019). Fue becario del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico de Sinaloa 2017.

“Este cuento surgió de un ejercicio en el taller literario de Mariel Iribe Zenil, el cual consistía en buscar una nota del periódico, de preferencia en la sección de policiaca, y como suele ser muy escueta la información que viene ahí, inventar lo que ocurría detrás de la nota. No tenía mucha intención de realizarlo, pero al llegar a la oficina me encontré un ejemplar de El Debate y lo abrí en la policiaca”, mencionó en entrevista.

La nota que se encontró era el recuento de hechos de una balacera en Tamazula, Durango, en la que los marinos atacaron a unos pobladores. La información lo dejó bastante impactado, principalmente porque él ya había visitado en una ocasión la sierra, y el ambiente de cerros y barrancos, como motivo estético, le interesó.

“Fue rápido. De repente ya tenía la primera frase y en cuanto terminé de leer la nota saqué el cuaderno y comencé a escribir el cuento. La historia salía prácticamente sola. Después de un rato me estanqué un poco y me detuve. Ya en mi casa pasé lo que llevaba a la computadora y continué. A la siguiente semana lo mostré en taller y lo que ahí me sugirieron fue mover algunos detalles, quitar algunas frases de más, y Mariel me aconsejó que una parte del final la pusiera al principio. En el taller siempre fui de aceptar y escuchar las recomendaciones”, explicó.

 

Martín Durán Romero (Sindicatura de Costa Rica, Sinaloa, 1986) ganó en 2019 con el cuento “Cartas a Charlottenbourg”. Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Sinaloa, formando parte de la generación 2003-2008, en donde cursó la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas. Tras egresar de la carrera trabajó como reportero en diversos medios en Culiacán.

En 2013 inició junto con otros colegas el portal La Pared Noticias, especializado en temas de seguridad y narcotráfico. Es coautor del libro Romper el silencio. 22 voces contra la censura editado por la Bridada para leer en Libertad, y coordinador del libro Voces en resistencia, publicado por el centro cultural autogestivo La 77. Forma parte del libro editado por el Instituto Sinaloense de Cultura El Feroz es un árbol lleno de pájaros.

El cuento con el que ganó mención, según sus palabras, narra la historia de dos jóvenes periodistas a los que les gustaba jugar con lumbre y terminan envueltos en problemas de violencia: “pero más allá de la anécdota, la historia la escribí en un tiempo en que anduve fuera de Sinaloa y en que se sedimentaron varias emociones en torno al ejercicio periodístico, sobre todo una forma en la que ejerce en los estados en los que la violencia es demasiada alta; en donde los límites se confunden, en que caminar se convierte en una trampa mortal ya que uno, a veces, escribe notas y no sabe a quién le puede molestar”.

Para él, en la escritura de “Cartas a Charlottenbourg” intentó describir un poco el sentimiento de falsedad que deja el exilio de tu lugar de origen. En el relato intentó describir que las personas no siempre son buenas, que la vida tiene muchos matices y que los seres humanos siempre cuentan que son los buenos de la película de la vida, o las víctimas, pero se niegan a reconocer que a veces son los verdugos de otras personas.

“Entonces, este cuento es la confesión del protagonista de que él fue un verdugo. Para mí la escritura significó algo, no nada más en la materia de esos ecos autobiográficos que pudiera tener, la verdad es que el objetivo que me fijé, que por supuesto que no logré, era contar esos dobleces que tenemos como personas, sobre todo en el oficio como el periodismo. Reconocer que llevamos cierto grado de mezquindad en nuestras acciones no significa que en el periodismo no pueda haber acciones como el altruismo o la necesidad de hacer un servicio público”, comentó Martín Durán.

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