Culiacán, Sin.- La búsqueda que comenzó como una esperanza terminó confirmando otra ausencia. En la comunidad de El Verde, en el municipio de Concordia, fue identificado uno de los cuerpos localizados en una fosa clandestina: Saúl Alberto Ochoa Pérez, un trabajador minero de 39 años, originario de Chihuahua, que había sido privado de la libertad en enero pasado.
El hallazgo no solo suma un nombre a la lista de víctimas, sino que también devuelve a una familia una certeza dolorosa. Tras el análisis de genética forense, la Fiscalía de Distrito Zona Sur confirmó su identidad y notificó a sus familiares, quienes ahora enfrentan el proceso de recibir sus restos y trasladarlos a Lázaro Cárdenas, donde vivía y donde será despedido, acompañado por sus dos hijos de 7 y 14 años.
Ochoa Pérez formaba parte del grupo de trabajadores sustraídos el pasado 23 de enero en un campamento minero de una empresa de origen canadiense. Desde entonces, su paradero permanecía en la incertidumbre, hasta que las investigaciones condujeron a la localización de una fosa clandestina en la región, donde fueron encontrados diez cuerpos.
Con esta identificación, ya son ocho los trabajadores reconocidos por las autoridades. Antes que él, habían sido identificados José Antonio Jiménez Nevárez, Jesús Antonio de la O Valdez, José Manuel Castañeda Hernández, José Ángel Hernández Vélez, Ignacio Aurelio Salazar Flores, Javier Guillermo Vargas Valle y Javier Emilio Valdez Valenzuela. Aún faltan por identificar Francisco Antonio Esparza Yáñez y Miguel Tapia Rayón, cuyos nombres siguen en la lista de los desaparecidos.
La zona de El Verde se ha convertido en un punto marcado por la violencia y la incertidumbre. De acuerdo con los reportes oficiales, en los trabajos de búsqueda se han localizado al menos siete fosas clandestinas, de las que han sido recuperados 17 cuerpos. Ocho corresponden a los trabajadores mineros y uno más a un habitante de la región, lo que confirma que la violencia no solo golpeó a un grupo, sino que dejó huella en toda la comunidad.
Mientras avanzan las investigaciones y continúan los trabajos forenses, cada identificación representa un cierre parcial para algunas familias y, al mismo tiempo, un recordatorio del vacío que deja la violencia en la región.
Redacción/LaPared