Saldo de 27 agresiones contra autoridades en Jalisco y Michoacán deja más de 60 muertos

Ciudad de México.- La jornada comenzó con reportes dispersos de detonaciones en la sierra y terminó convertida en una cadena de ataques coordinados que sacudieron a dos estados.

En cuestión de horas, 27 agresiones contra corporaciones de seguridad marcaron uno de los episodios más crudos de violencia reciente en el occidente del país, con un saldo que supera las seis decenas de personas fallecidas entre autoridades y presuntos integrantes de la delincuencia organizada.

El primer eco fue el de los convoyes federales movilizándose por carreteras estatales. Después vinieron las ráfagas.

En distintos puntos de Jalisco, seis ataques directos contra fuerzas de seguridad encendieron la alarma. Emboscadas sobre tramos carreteros, disparos de alto poder contra unidades oficiales y bloqueos con vehículos incendiados marcaron la escena.

El golpe más doloroso se registró entre las filas federales: 25 elementos de la Guardia Nacional murieron en el cumplimiento de su deber. A ellos se sumó un custodio y un agente de la Fiscalía estatal, alcanzados en medio de enfrentamientos que se extendieron por distintos municipios.

En el fuego cruzado también perdió la vida una mujer civil, ajena a los hechos, cuya muerte evidenció el impacto colateral de la violencia.

La respuesta oficial dejó además 30 presuntos integrantes de la delincuencia organizada abatidos durante los enfrentamientos. Las escenas posteriores fueron de humo espeso elevándose sobre avenidas, patrullas perforadas por impactos y retenes improvisados mientras peritos y servicios de emergencia trabajaban a contrarreloj.

Al sur, en Michoacán, la tensión no fue menor. Se contabilizaron 13 agresiones contra autoridades estatales y federales. Las emboscadas dejaron cuatro presuntos delincuentes muertos y 15 elementos de distintas corporaciones lesionados, algunos trasladados de urgencia en helicópteros y ambulancias bajo resguardo armado.

Las carreteras que conectan ambos estados se convirtieron en puntos estratégicos: camiones atravesados, automóviles incendiados y ponchallantas buscaban frenar el avance de refuerzos. Comercios cerraron anticipadamente y el transporte público suspendió rutas ante el temor de quedar atrapado en un nuevo tiroteo.

Mientras las sirenas rompían el silencio de la madrugada, las autoridades desplegaron operativos para recuperar el control de las vialidades y reforzar la presencia en zonas urbanas y rurales. El recuento preliminar confirmaba un saldo devastador: más de 60 personas sin vida entre oficiales y presuntos agresores, además de múltiples heridos.

La violencia dejó algo más que cifras. Dejó comunidades paralizadas, familias esperando noticias en hospitales y cuarteles, y una región que volvió a experimentar el peso de los enfrentamientos abiertos entre el Estado y el crimen organizado.

Con los peritajes en curso y las investigaciones abiertas, la jornada quedará registrada como una de las más letales para fuerzas federales en los últimos años. El desafío inmediato no sólo será esclarecer cada agresión, sino evitar que la espiral de represalias prolongue una crisis que, en un solo día, cobró decenas de vidas y sembró incertidumbre en el occidente del país.

Redacción/LaPared

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