Miguel Soto, transformó a la Parroquia del Carmen y anuncia la creación de una Casa del Migrante en Culiacán
Francisco de Asís Solís Reátiga
Es un joven emprendedor con ideas innovadoras. La llegada del nuevo Obispo de la Diócesis de Culiacán, Jonás Guerrero Corona, le benefició en todos los sentidos. Asumió el cargo de párroco de la Parroquia del Carmen al fallecimiento del padre Manuel Durán que permaneció por dos décadas.
Originario de Salvador Alvarado, el padre Soto, como lo conocen los feligreses, estudió en Roma aumentando sus conocimientos eclesiásticos y del catolicismo.
Hombre sincero de Dios, con apenas 35 años, siempre está en actividad. Gusta más de convivir con los pobres y no se toma la copa con los ricos, como lo hacía su antecesor, Durán Meza.
Una muestra de la transformación de la Parroquia del Carmen, es un comedor que sirve 200 desayunos a las siete de la mañana a indigentes que se dan cita de lunes a domingo.
“Los católicos de esta comunidad nos han ayudado a ofrecer estos sagrados alimentos para personas de escasos recursos”, comenta en una charla casual.
En repetidas ocasiones en sus homilías el padre Miguel Ángel Soto ha repetido que Dios no está enojado con los ricos, sino con aquellos que acumulan riquezas sin repartir a sus semejantes, por medio de empleos o contribuciones generosas.
La valiosa ayuda de esos presuntos ricos, ha permitido al padre Soto instalar aire integral acondicionado de varias toneladas, arreglar el púlpito y otras mejoras en el altar del templo.
Aunque también el resto de los católicos contribuyen con sus limosnas, principalmente los domingos para pagar recibo de luz, pintar la parroquia y comprar los alimentos, destinados a los desposeídos que acuden todas las mañanas a desayunar. Un desayuno completo con jugo de naranja, huevos, frijol, carne, machaca, chorizo. Todo un manjar para el que busca saciar el estómago.
Son evidentes las mejoras que se observan en la Parroquia. Cada peso es invertido en pago de recibos de luz, agua potable, sanitarios nuevos, barda electrificada, área del ” señor de la escalera” en la parte alta a la entrada del inmueble sacro.
UN PADRE MUY CURA
Una de las novedades en este hombre en comunión con Dios es el hecho que emplea un lenguaje muy especial que se identifica con toda la comunidad cristiana en especial con los jóvenes.
Frases chuscas sin salirse del contexto religioso hacen reír a los asistentes.
“Aquí no queremos ninis, agarren la onda, niños y jóvenes, póngase vivos y estudien, háganle caso a sus padres”, dice Soto al final de sus sermones.
Está muy enterado de los deportes ya sea beisbol, futbol, boxeo, entre otros y menciona los resultados, hasta de la Selección Nacional, Dorados de Sinaloa o Tomateros de Culiacán.
ANUNCIA CASA DEL MIGRANTE
Hace cinco semanas sorprendió a los católicos asistentes cuando dijo que:
“Una señora de la tercera edad, nos ha ofrecido en donación una residencia de su propiedad por la avenida Álvaro Obregón rumbo a Tierra Blanca, que sea destinada a los migrantes que llegan a Culiacán y que van de paso a la frontera con Estados Unidos y le vamos a tomar la palabra”.
Desde esa fecha el padre Soto junto a la familia de la anónima señora, se han dado a la tarea de acudir con un prestigiado Notario Público, que certifique la donación de la amplia residencia con motivos altruistas.
“Servirá para que duerman y se bañen los migrantes que arriban a Culiacán”, comenta emocionado el vigoroso sacerdote Miguel Ángel Soto.
Un padre muy inquieto
En más de 20 ocasiones el reportero ha visto en diversos centros culturales al padre Soto, dialogando alegremente con el obispo de la Diócesis de Culiacán, Jonás Guerrero Corona.
Eso nos lleva a preguntarle al propio Guerrero Corona, qué opina del joven presbítero guamuchilense.
Es un fiel servidor de Dios y de esta diócesis; muy trabajador, inquieto y dinámico y lo último, que ha logrado es una casa para el migrante, lo que habla de su carisma con la comunidad de la Parroquia del Carmen que lo ha apoyado y nos da gusto.
A pregunta expresa, dice, que no conviene mencionar o revelar el nombre de la donante, para que no reciba algún susto de gente mala, creyendo que es una millonaria.