Culiacán, Sin.- El límite de la crueldad en Culiacán ha sido superado una vez más. Esta tarde, una tragedia mayor estuvo a punto de consumarse justo en las faldas de La Lomita, uno de los puntos más emblemáticos y transitados de la ciudad: un intento de despojo de vehículo dejó como saldo a un menor de 8 años herido.
La víctima, identificada como Abelardo O., viajaba en un Honda Accord de modelo antiguo junto a su familia cuando fueron interceptados por sujetos armados que pretendían arrebatarles la unidad.
La gravedad de este hecho expone una realidad alarmante: la delincuencia ha perdido cualquier filtro y ha dejado de distinguir entre unidades de lujo y vehículos de batalla.
Para los agresores, cualquier unidad en movimiento se ha convertido en un blanco, transformando las zonas más concurridas de la capital en escenarios de riesgo inminente.
Al intentar concretar el despojo, los delincuentes accionaron sus armas contra el automóvil.
El impacto de un proyectil destrozó uno de los cristales y las esquirlas resultantes hirieron al menor.
Ante la ausencia de una respuesta inmediata de las autoridades en el sitio, fueron los propios familiares quienes trasladaron de urgencia al niño a la Cruz Roja para recibir atención médica.
Este suceso no es un incidente aislado, sino la radiografía de una ciudad que se siente sitiada.
La impunidad con la que operan estos grupos, incluso a plena luz del día y en un sitio de alta afluencia como La Lomita, constituye una afrenta directa a la tranquilidad de la ciudadanía.
La pregunta que prevalece es cuánto tiempo más deberá tolerarse que la infancia sea alcanzada por esta espiral de violencia.
Mientras la autoridad realiza las diligencias correspondientes, el caso de Abelardo es una muestra clara de que, en el Culiacán actual, la vulnerabilidad es constante y el modelo del vehículo —incluso uno de batalla— no representa, bajo ninguna circunstancia, una garantía de seguridad frente a la delincuencia.
Redacción/LaPared