Culiacán, Sin.- El despliegue de las fuerzas federales en los puntos ciegos del mapa terminó en una pérdida financiera que cimbra las estructuras de la delincuencia organizada.
En una operación coordinada que recorrió desde Culiacán y Cosalá hasta las tierras de Jala y Morelos, el Ejército Mexicano logró localizar e inhabilitar 27 narcolaboratorios donde el silencio de la sierra suele romperse únicamente por el olor penetrante de los químicos.
El aire en estas zonas, habitualmente ocultas entre la maleza, delataba la actividad ilícita mucho antes de que los elementos militares pudieran siquiera llegar a los puntos de procesamiento.
Al ingresar a estos campamentos, los agentes se toparon con un escenario de producción industrializada: cinco reactores de síntesis orgánica, 13 condensadores y cuatro mezcladoras que permanecían listos para convertir precursores en metanfetamina.
El saldo de la intervención no solo fue la infraestructura, sino la materia prima que alimenta el mercado negro. Las fuerzas castrenses aseguraron 150 kilos de producto terminado, pero el peso real de la operación recayó en el decomiso de 19,035 litros y 1,310 kilos de sustancias químicas que, de haber completado su ciclo, habrían terminado distribuidas en las calles.
Para las autoridades, esta incautación se traduce en una afectación directa de 425 millones de pesos, una cifra que altera los planes operativos de los grupos criminales en la región.
Mientras los reactores son desmantelados y los precursores puestos bajo resguardo, la presencia militar se mantiene en los terrenos intervenidos, vigilando que la producción no intente brotar de nuevo en esos rincones donde la ley, apenas por momentos, logra imponerse sobre la sombra del tráfico.
Redacción/LaPared