Por Martín Durán
“Lo hice para incomodar”, sentencia Yesenia Rojo Carrizoza un día después de que el Congreso anunció que este año la medalla de honor “Norma Corona Sapién 2026” será entregada a ella por parte del gobernador Rubén Rocha Moya y del Poder Legislativo.
No hace falta que explique por qué eso de incomodar. Lo de ella es de toda la vida: luchar a contra corriente y contra viento y marea, incomodando al poder y a quienes se sienten poderosos como para no cumplir con las leyes.
Sentada en su oficina de la asociación Guerreros Azules, esos aguerridos policías jubilados y distinguidas viudas -como les gusta que le digan- que varias veces han cerrado ayuntamientos que no cumplen compromisos y tomado la tribuna que hoy será sede de este reconocimiento.
“La verdad que es una sorpresa muy agradable. Iván me dijo que me iba a inscribir. Nunca pensé que pudiera ser galardonada. Me siento muy contenta, yo creo que ya era hora de que se reconozca el trabajo que hemos hecho desde Guerreros Azules.”
Rojo Carrizoza señala que este galardón no sólo es para ella sino a la lucha que por años han encabezado a favor de viudas de policías caídos, de agentes jubilados a quienes algunos presidentes municipales escamotean una pensión digna, pero también a la lucha de los desaparecidos y mujeres que sufren violencia.
“Es para todos”, sentencia.
La entrevista
P: Cuéntenos un poco sobre sus inicios en la lucha social. ¿Cómo fue que llegó ahí?, ¿de dónde nace este impulso por buscar justicia y ayudar a los demás?
R: Nació defendiéndome yo misma, cuando a los 18 años comencé a trabajar en el Gobierno del Estado. Yo era secretaria de un juez, con un sueldo muy bajo –el salario sigue siendo bajo en el Gobierno–, mientras estaba estudiando Derecho. Por ese entonces conocí a una amiga en un grupo de autoayuda. Ella trabajaba en un juzgado federal, y cuando me enteré de su sueldo dije: yo quiero trabajar en un juzgado federal. Renuncié al Gobierno del Estado, aunque tenía base, lo cual me llevó a ser cuestionada por mi jefe de ese momento: “No sabes lo que estás haciendo”. Renunciar a una base de gobierno es muy difícil, pero renuncié y me fui a buscar trabajo en el Gobierno Federal. Me fui a Mazatlán y ahí estuve un año como meritoria porque allá están los magistrados. Mientras trabajaba sin sueldo, en una notaría, conseguí el trabajo cuando vieron que escribía muy rápido en la computadora. Después me mandaron a Culiacán y trabajé en un juzgado federal casi ocho años de base, pero cuando salí embarazada de mi primer hijo me corrieron. En el juzgado siempre hice el trabajo de dos personas. Lo sostenía porque me encantaba el trabajo en las rancherías donde me mandaban a capturar audiencias, pero como que el juez dijo “embarazada no va a poder con todo”. Me dijo que le diera mi base, que él la ocupaba, y que cuando terminara mi embarazo regresara. Se me hizo muy injusto. Me abrieron un procedimiento administrativo en el que los que se supone eran mis amigos declararon en mi contra. Me defendí con uñas y dientes, incluso fui hasta México a defenderme, y esa experiencia dejó en mi espíritu el dolor de las injusticias. Definitivamente no gané: contraté un abogado, y después me enteré de que este abogado se vendió por una base para su hijo. Al tiempo regresé al Gobierno del Estado, fue entonces cuando me empecé a asesorar. Fue algo que se fue dando de forma natural. Cuando despedían a alguien lo asesoraba. Me metía con todo. Y así empecé. Después conocí el grupo de rastreadoras y también me metí al tema con todo.
P: ¿Tiene algún familiar desaparecido?
R: Gracias a Dios no. Me metí solamente como voluntaria, para ayudar. Trabajé años en un grupo de rastreadoras. Luego me salí –sí, hay que decirlo con todas sus letras– porque no me gustó cómo se fue manejando. Me decepcionó y dije: no soy para esto. Algunas rastreadoras me siguen buscando y las apoyo de forma independiente. Luego viene la jubilación de Iván y le entro al tema de las viudas de policías, pero en realidad mi trayectoria comenzó desde los 18 años. Hacer esto me ha causado muchísimos problemas, pero es mayor la satisfacción que da ayudar a los demás.
P: ¿Por qué es tan difícil para las mujeres sinaloenses denunciar el acoso que se sufre en el ámbito laboral?
R: Es muy triste lo que estamos viviendo las mujeres en Sinaloa a raíz de los funcionarios –sobre todo los de alto nivel– que acosan a sus empleadas hasta sexualmente. Recuerdo que hace poco vino una persona. Fue al Centro de Justicia a buscarme, me decía que su jefe la estaba acosando en un momento demasiado vulnerable, ya que su esposo se encontraba muy enfermo y su papá acababa de fallecer. El funcionario, al verla tan vulnerable, empezó a acosarla sexualmente: le ponía las manos en el cuello, le ofrecía dinero, incluso le decía que él era consciente de su situación y que estaba para apoyarla. Obviamente ella no aceptó, y como consecuencia le bajaron el sueldo al salario mínimo. Me pidió ayuda para denunciarlo. Le dije que la apoyaría con todo, pero que por experiencia sé que no es suficiente con denunciar. Le dije: “denunciamos y lo hacemos público; siempre voy a estar a tu lado”, segura de que de esa manera se iba a poder resolver. Desgraciadamente no se atrevió. Y como ese, me llegan muchísimos asuntos. Les hablo con la verdad a las mujeres: aquí no es suficiente con presentar una denuncia. Ahí está mi denuncia contra los Ochoa, aquí la justicia es muy selectiva. Siento que yo he aprendido a defenderme, he salido adelante en muchos temas, pero hay muchísimas mujeres a las que les da miedo levantar la voz y decir: me está pasando esto. Hay muchas también a las que sí he convencido, lo hemos hecho y lo hemos conseguido, pero la mayoría no se atreven.
P: ¿Qué significa para ti recibir este galardón?
R: Para mí significa un poco de justicia porque voltearon a ver a más de cien viudas que ahora tienen pensión y antes no la tenían. Mi lucha siempre se ha minimizado y criminalizado. Somos catalogados como personas violentas, porque los gobiernos no están acostumbrados a que vayamos y cerremos una puerta. Es algo que vamos a seguir haciendo, porque cuando vamos y cerramos un ayuntamiento es porque el presidente municipal ya nos mintió e incumplió acuerdos por seis meses o más, y manifestarnos es nuestro último recurso. Cuando llegamos a esta última opción nos hacen ver como los violentos, cuando no se dan cuenta que violencia es no pagarle a una viuda adulta mayor, que tiene derecho y que está enferma. Hasta la misma sociedad nos cuestiona. Sinaloa no está acostumbrado a las luchas fuertes. Ojalá pudieran ver las luchas de la Ciudad de México. Este premio significa un poco de justicia. No nada más para mí, sino también para las mujeres que están agradecidas conmigo y con el movimiento. Que ahora ellas vean que se nos está volteando a ver.
P:¿Cree que esto es un parteaguas para que más organizaciones las apoyen?
R: Yo creo que sí. Desgraciadamente algunas organizaciones tienen que pedir permiso al Gobierno del Estado para existir. Guerreras Azules no le pide permiso a nadie para existir. Nosotras hacemos lo que tenemos que hacer para conseguir que se haga justicia a muchas personas. Seguramente esto nos va a abrir las puertas para que otras organizaciones digan ‘’ya no están castigados, nos podemos acercar a ellos’’. Así lo quiero ver. Siento que es una validación del Gobierno del Estado, porque al final es el Congreso quien nos está dando este reconocimiento, y cuántas veces hemos tomado su tribuna. Sin duda para mí es un sueño estar en el Congreso sin cartulinas. Me están invitando al lugar donde, para entrar, he tenido casi que tumbar puertas; entonces sí, es muy significativo.
P: ¿Cuántos integrantes son de la asociación?
R: Ahorita somos casi tres mil, hay muchísimas personas enfermas entre policías y viudas a nivel estatal.
P: ¿En qué ayuntamientos están teniendo más problemas?
R: Angostura y Choix. En el de Choix no reconocen el derecho ni la ley de seguridad pública. Ya está interviniendo el Gobierno. Lo que sí tengo que recalcar es que el gobernador le ha puesto mucha atención al asunto, porque los municipios presumen su autonomía y por ser autónomos creen que nadie puede acercarse. El gobernador ha apoyado incluso con recursos a los municipios. En Angostura nos golpean y el presidente hasta se atrevió a decir: ‘’Invito a mis compañeros presidentes municipales a que hagan lo mismo’’, cuando lo que él hizo fue golpearnos. Pero vamos a regresar a Angostura, a pesar del presidente, hay muchas injusticias. Estoy segura de que vamos a regresar.
En colaboración con Grecia Delval
