Opinión | Los hijos no tienen la culpa de los errores de los padres

Breve Intervalo

(Columna)

Por Rafael Báez

 

“La verdad es una pena que paguen justos por pecadores o se quiera enlodar el nombre de una persona por cuestiones políticas, lo cual es indignante y poco ético, o también llamada “guerra sucia o psicológica”, intensificándose más esta desagradable situación cuando están por iniciar en Sinaloa, las campañas políticas para la elección de candidatos a diferentes cargos de elección popular. Es cierto, todos, de una u otra manera tienen fortalezas y vulnerabilidades, por supuesto que unas pesan más que otras”.

¿Por qué el comentario anterior? solo por mencionar un caso; El de Juan Adolfo Mejía López, a quién se le fueron con todo por una presunta y desafortunada situación familiar que sucedió hace muchos años con uno de los integrantes de su familia, pero que curiosamente hace poco salió a la luz pública. Vaya qué coincidencia, sin embargo, como persona responsable que es, salió ante los medios de comunicación a aclarar dicha situación.

Juan Alfonso Mejía López es un personaje conocido a nivel nacional, a quien le está latiendo el corazoncito por explorar los inexplicables terrenos de la política electoral. Está en su derecho, como todos los demás, es una legítima aspiración y la mejor carta de presentación que tienen los pretensos ante la sociedad, es precisamente eso; su reputación privada, pública, laboral y profesional. Así debe ser o debería de ser. No más.

A nadie se le puede coartar su intención de tratar de participar en la próxima contienda electoral si cree tener los méritos suficientes y cubre los requisitos que por ley deberán cumplir, sin embargo, para algunos, están surgiendo trabas para impedir que logren su objetivo, otros, por diferentes circunstancias quieren aparecer en las boletas.

La lucha es válida en algunos, aunque sus vulnerabilidades pesen más que sus fortalezas. Ojalá y la sociedad sinaloense reflexione muy profundamente de entre los futuros candidatos a la hora de elegir y depositar su voto en las urnas por quien consideren sea una mejor opción.

Lo cierto es que los “aprontados”, los “zalameros”, entre otros, ya están listos para subirse a los carros de los próximos candidatos, para continuar chupando la sangre al erario público, grupo de sinvergüenzas de todo tipo que es a lo único que se dedican, desafortunadamente es una especie que por lo pronto no está en peligro de extinción, de ninguna manera. Al tiempo. A manera de reflexión.

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