Memorial por Humberto Millán

Se cumplen 5 años de impunidad en el crimen del periodista sinaloense

Martín Durán

Cuento la historia como periodista, ahora que puedo, en esta nueva conmemoración en donde no hay justicia para un colega que no merecía morir.

La lluviosa mañana del 24 de agosto de 2011, una llamada urgente me despertó en mi reducido cuarto de reportero pobre del bulevar Constitución, en la colonia Jorge Almada.

–Levantaron al Humberto Millán –me soltó un colega del otro lado de la línea–, lánzate a la Procu, parece que llevan a un hermano que no se llevaron.

No tuve tiempo para pensar nada, aun a pesar de la resaca y de mi innata torpeza al momento de ducharme y vestirme para salir corriendo por una avenida Nicolás Bravo azotada por la llovizna veraniega.

Solo hasta cuando encendí un cigarrillo y le di la primera calada que irritó mis intestinos, sentí la primera fatalidad del día: “No creo que esté pasando esto; debió ser una equivocación, una falsa alarma”.

Un apurado taxi me llevó al edificio de la Procuraduría General de Justcia por el Sánchez Alonso, y ahí me encontré al hermano de Humberto, en muletas, acompañado del subprocurador Martín Robles Armenta. Todo era cierto. A Humberto se lo habían llevado un grupo de sujetos armados camino a las oficinas del diario digital Adiscusión en la colonia Canaco. Pidió cuando lo bajaron de su camioneta Tahoe respetaran la vida de su hermano.

Era todo cuando se sabía. Con el paso de las horas, la prolongación de la incertidumbre y el sentimiento de tragedia, los medios se llenaron de falsas declaraciones altisonantes del gobierno estatal: “Estamos realizando operativos en el perímetro de la ciudad”. “Todas las entradas y salidas están vigiladas”. “Las carreteras y las fronteras están blindadas”. “No descansaremos hasta encontrarlo vivo”.

En realidad nunca hubo ningún operativo. Desgraciadamente a Humberto lo habían matado unos minutos después de haber sido privado de la libertad. Su cuerpo aparecería 24 horas después en un predio de cultivo cerca de La Presita de Mojolo, al norte. Lo encontramos boca abajo, semihundido entre el lodo, con ambas manos cubriendo sus ojos, como si lo hubieran obligado a no ver en el último disparo.

Como periodista, siempre he tenido el temor de que comandos invisibles me arrastren hasta el silencio de la muerte, y sobre todo en esa época en que escribía para el semanario Ríodoce y vivía en un cuartito de renta por cuyas ventanas se filtraba en las madrugadas las luces rojas y azules de las patrullas que hacían ronda por el sector.

El calor y el desasosiego me despertaban en las noches en que pasaba la canícula por Culiacán, y el relumbrón de las sirenas entorpecía mis sueños saturados de intranquilidad.

Aquel día del levantón y muerte de Humberto no acaba de terminar. Se cumplen cinco años de ese día interminable de lluvias y cielos nublados.

DOS

Entrevista. Humberto y Luis Donaldo Colosio
Entrevista. Humberto y Luis Donaldo Colosio

Aquella mañana la lluvia lo puso de mal humor. Sorteando la pequeña borrasca, Humberto Millán salió de su casa en la camioneta Tahoe color blanca, y se despidió de Eva Obdulia Beltrán, su mujer, como siempre para acudir primero a la oficina de Adiscusión, un medio de comunicación que primero había surgido como semanario impreso y más tarde como diario digital, para luego marchar al programa que dirigía en Radio Fórmula.

La noche anterior, recordó la mujer, Humberto había platicado con tono de seriedad con sus dos hijas menores.

–Quiero pedirles –le dijo Humberto a las niñas sentándolas en el borde de la cama–, que se porten bien con su mamá, quiero pedirles que le hagan caso, que sean buenas estudiantes, buenas hijas, que tengan la casa ordenada; estoy orgulloso de ustedes.

Consternada, Eva le preguntó que si qué tenía, que no le iba a pasar nada, que si por qué salía con eso ya por la noche, antes en enviarlas a dormir.

–No, pero sólo quería decirles que las quiero.

humberto millan

TRES

La lluvia de la mañana lo había retrasado para entrar al programa de Radio Fórmula. Era una barra de comentaristas políticos en el que Humberto llevaba la batuta y la voz más mordaz. Participaban con él el abogado Berzaí Osuna y el periodista Sixto Román, también parte de su equipo en Adiscusión.

Por más de 30 años Humberto se había convertido en uno de los periodistas más polémicos en Sinaloa por su forma de conducirse. Era rasposo a más no poder, y aunque tenía el estatus de jefe siempre se le podía ver en las conferencias semanales de prensa, entrevistando a los personajes de la política.

Lo conocí en una de las atropelladas ruedas de prensa del Partido Acción Nacional, en la sala ubicada por Ramón Carrasco, en el Centro de la ciudad, en la época en que Malova renunciaba al PRI para obtener la gubernatura.

Era, como se suele decir, un golpeador nato; bueno con la diestra y la siniestra en el intercambio de golpes.

Sabía enojarse y reírse. Algo tenía de histrión. Incluso llegué a pensar que ensayaba con Fracisco Solano Urías, entonces dirigente del PAN, aquellas escenas bárbaras, de franca discusión por defender argumentos, por hacer molestar al panista hasta que, por obra del sarcasmo certero, aflojaba poco a poco la nota.

–Ya cayó el ingeniero, era lo que buscaba Humberto, hacerlo enojar para que le diera nota -dijo en voz baja en una ocasión un jefe de prensa.

Humberto era así, con sus querencias políticas y sus odios, sus filias y sus fobias. Para nadie era secreto su larga amistad con Juan Millán, con el finado Luis Pérez Hernández, y que en la campaña de Mario López Valdez, cobijado por el PAN-PRD-PT, estuvo a su favor, pero en contra de algunas decisiones o personajes del malovismo.

Por ejemplo, Millán de algún modo defendió y justificó el ascenso de Jesús Antonio Aguilar Íñiguez, “Chuytoño”, como jefe de la policía ministerial porque al comandante se le consideraba millanista.

Yo, en cambio, estaba en contra.

Él tildaba de incompetentes a los administradores del gobierno de Malova. Ahí también estaba de acuerdo.

Humberto nunca dejó de llamar “La Flor Más Bella del Ejido” a Héctor Melesio Cuen Ojeda, dirigente del Partido Sinaloen ahora… Y yo por mi parte huía en ese tiempo a las informalidades del periodismo de comentario. Nunca podría poner un sobrenombre a un político, por más mal que me cayera.

En cambio Humberto adoptó una manera particular de hacerlo. Pendejeaba al que consideraba pendejo, y defendía al que desde su visión lo merecía.

Leía su columna no por el estilo que manejaba, que en realidad me parecía tosco, sino por los madrazos que solía soltar. Era desgarrador. Incluso hasta molesto, y pensaba para mí mismo que algunas cosas no eran periodismo.

humberto

CUATRO

Eran las 05:45 horas en el reloj de la casa cuando Humberto abandonó la cochera para pasar por su hermano que vivía no muy lejos. Eva Obdulia recordó la hora exacta porque fue ella la que se levantó de la cama para cerrar el portón cuando la camioneta se marchó. El veterano periodista se fue refunfuñando porque sus zapatos se mancharían de lodo, lo que contrariaba su disciplina de aseo personal.

Ella sabía la rutina de su marido: recoger a su hermano, acudir a la oficina en la Canaco, en donde los diarios de la localidad lo esperaban para ser revisados minuciosamente, desde la página local a la nacional pasando por la policiaca y los editoriales, que los devoraba como desayuno matinal.

Enseguida, si le quedaban algunos minutos, actualizaba el portal adiscusión.com con notas de interés político.

Sin saberlo, o tal vez sin ser demasiado consciente, empujado por la necesidad, Humberto Millán fue impulsor del periodismo digital en Sinaloa, ahora que los impresos van, tristemente, en retroceso.

Entrado ya en su etapa final, el gobierno de Jesús Aguilar Padilla provocó que le cancelaran la impresión del semanario A Discusión, el cual fundó con un grupo de periodistas y salió a la circulación el 16 de abril de 1996. Ni imprenta ni papel para Millán, dijo Aguilar.

Entonces casi de inmediato lanzó el diario digital, que poco a poco comenzó a ganar terreno en la audiencia, al grado de convertirse en una referencia insoslayable para muchos.

Desde el portal de internet, el periodista buscó las formas de llegar a más audiencias, pues aun las redes sociales no ahorraban el trabajo que ahora hacen. Más de 20 mil correos electrónicos recibían todos los días las novedades del sitio web, patentando la frase que solía repetir ante las funestas formas del poder:

–Usted será gobernador seis años. En cambio yo seré periodista toda la vida…

Malova está por terminar sus seis años, y ya se cumplen cinco de aquellos minutos en que, después de salir con la lluvia, Eva Obdulia recibió la llamada de que a Humberto lo habían levantado.

Publicado en el impreso de LA PARED número 9 que circula en Culiacán*

 

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