La guerra en Badiraguato: más de 1000 soldados se despliegan y los narcos libran otra batalla en la sierra

 

Por Cynthia Valdez / La Pared

Más de un millar de soldados llegaron a Badiraguato en más de 100 camionetas, en medio de la disputa entre El Guano Guzmán, sus sobrinos Los Chapitos y sus contrarios: los Zambada, los Isidros y El Músico. La información fluye con cuentagotas, pero la tensión en la sierra es máxima.

Crónica / Especial de investigación

Badiraguato, Sin.– La guerra en el corazón del Triángulo Dorado recrudece. Este miércoles, la cabecera municipal de Badiraguato se vio sitiada por alrededor de 1,000 soldados que llegaron en más de 100 camionetas, además de camiones cargados con equipo de alta tecnología militar. El operativo, confirmado a este medio por fuentes federales, responde a la creciente ola de enfrentamientos en la sierra, donde las alianzas del narcotráfico se reconfiguran en una guerra de largo aliento.

El despliegue ocurre en medio de la sangrienta pugna entre Aureliano Guzmán Loera, “El Guano”, hermano de Joaquín El Chapo Guzmán, y sus sobrinos, Los Chapitos, con quienes mantiene un frágil pacto tras un año de disputas internas.

Hoy combaten codo a codo contra sus enemigos: la facción de los Zambada, encabezada por Ismael Zambada Sicairos, “El Mayito Flaco”, hijo de El Mayo; los Isidros; y el poco visible pero poderoso Óscar Manuel Gastélum Iribe, alias “El Músico”, originario de Tameapa, Badiraguato, identificado por autoridades de EE. UU. como operador de los Beltrán Leyva. Los Rusos forman parte de Los Mayos y no representan una facción separada.

Comunidades emblemáticas en disputa

La confrontación no se limita a la cabecera municipal. Las dos comunidades más simbólicas en la guerra actual son Tameapa, lugar de origen de El Músico, y La Tuna, bastión del Guano. Ambas son cabeceras de sindicaturas y han sido escenario de intensos enfrentamientos.

Otras localidades afectadas incluyen San José del Llano, Huixiopa y Arroyo Seco, donde el conflicto armado ha obligado al desplazamiento de familias completas, muchas de las cuales se trasladaron a la capital del estado para refugiarse.

“Aquí ya no se puede vivir, mejor nos vamos antes de que nos toque una bala”, contó a La Pared un hombre que dejó su rancho en Huixiopa junto con su esposa e hijos.

La violencia ha convertido estas comunidades en zonas de alto riesgo, con rutas bloqueadas, patrullajes constantes y un miedo generalizado entre los pobladores.

La sombra de El Músico

“El Músico” no es un recién llegado. De acuerdo con expedientes judiciales en Estados Unidos, Gastélum Iribe es acusado de narcoterrorismo, tráfico de drogas y armas. Nacido en 1974 y originario de Tameapa, Badiraguato, ha sido vinculado durante más de 15 años al trasiego hacia Estados Unidos. Su apodo estaría ligado a supuestas incursiones en el mundo de la música, aunque su carrera criminal lo ha colocado como un enemigo incómodo tanto para Los Chapitos como para el Guano.

El frente abierto en la sierra

En los últimos meses, los enfrentamientos han dejado un saldo de decenas de muertos y desplazados, aunque la información oficial fluye con cuentagotas.

En Culiacán, la violencia diaria mantiene su propio ritmo: ataques a policías, ejecuciones en colonias populares y emboscadas urbanas. Pero lo que ocurre en Badiraguato es distinto: allí se libra la batalla estratégica por la plaza madre del cártel, con combates en Tameapa, La Tuna, San José del Llano, Huixiopa y Arroyo Seco.

El hermetismo de las autoridades locales y estatales contrasta con la magnitud del despliegue federal: helicópteros, drones, unidades blindadas y fuerzas de élite mantienen posiciones en caminos serranos, donde los habitantes temen hablar.

Lo que se juega

La guerra no solo es por la sierra. Badiraguato es símbolo y territorio clave para las rutas del trasiego hacia Chihuahua y Durango. El control de ese bastión define jerarquías en el narcotráfico sinaloense.

Entre la incertidumbre y el miedo, los pobladores consultados por La Pared coinciden en una idea:

“Cuando llegan tantos soldados no es por gusto, van por alguien grande”.

Otros, más escépticos, advierten:

“No vienen a cuidarnos, vienen a la guerra de la sierra, y la gente es la que se queda en medio”.

Hoy, mientras en Culiacán los ciudadanos sobreviven a balaceras cotidianas, en Badiraguato la disputa escala a niveles que pocos se atreven a contar.

La llegada de cerca de 1,000 soldados solo confirma lo que en la región todos saben: el Estado aparece cuando los capos incomodan entre ellos, no cuando la gente lo suplica. Para los pobladores de la sierra, la guerra no cambia: siempre es más de lo mismo.

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