Tepic, Nayarit.- La orden llegó en clave desde las frecuencias de la Marina: era momento de romper el cerrojo en el bastión del Cártel de Jalisco Nueva Generación.
Sin disparar un solo cartucho pero con el peso de los arietes federales, la Armada de México despedazó la madrugada de Tepic y Xalisco para cercar a José Guadalupe “N”, el hombre que operaba la distribución de veneno, las extorsiones y los secuestros en un corredor criminal que se extendía desde la costa del Pacífico hasta el estado de Tlaxcala.
El operativo, coordinado con la FGR y la SSPC, desactivó de manera simultánea siete propiedades que servían como centros de operaciones y resguardo para la organización.
Las cinco del sótano
Cuando las puertas de metal cedieron, el piso de los inmuebles se llenó de cuerpos sometidos. De los diez detenidos en la jornada, la mitad eran mujeres.
Cinco mujeres cuyos nombres el boletín oficial diluye bajo el anonimato legal, pero cuyas huellas estaban marcadas en el engranaje de la plaza. En la estructura actual del CJNG, ellas ya no ocupan la periferia; son las encargadas de vigilar las comunicaciones, administrar las cuentas del dinero sucio y ocultar el armamento.
Terminaron igual que el resto de la célula: con la frente pegada al cemento y las esposas de acero apretándoles las muñecas.
El recuento del desguace
Al salir el sol, el botín que las autoridades valuaron en cuatro millones de pesos quedó expuesto en los patios federales, reduciendo el poderío del cartel a un inventario de metal y sospechas.
Las fuerzas federales incautaron tres armas largas con las que se imponía el cobro de piso en la región, tres vehículos destinados al traslado de mercancía y sicarios, y una serie de equipos de comunicación cuyos teléfonos celulares no dejaban de registrar alertas en la base de datos de la fiscalía.
Las cintas amarillas del Ministerio Público ya sellan los siete inmuebles cateados. José Guadalupe “N”, las cinco mujeres y sus cuatro cómplices fueron trasladados bajo fuerte resguardo para iniciar su proceso penal.
En Xalisco el agua sucia bajó por el drenaje, pero la calma sigue siendo una moneda en el aire.
Redacción/LaPared