Mazatlán, Sin.- La mañana del martes sobre la carretera libre Mazatlán-Culiacán empezó con patrullas a toda velocidad. Cerca del kilómetro 8, justo en la desviación hacia el poblado de El Habal, el cuerpo de una mujer quedó tirado sobre la tierra seca del acotamiento, entre la maleza y a escasos centímetros de donde azotan los neumáticos de los tráileres.
Quienes manejaban en dirección de sur a norte vieron la escena desde el volante: una silueta tendida a un costado del camino, bajo el sol que comenzaba a apretar.
Ningún carro se detuvo, pero las llamadas al 911 empezaron a caer en cadena.
Para cuando la policía de los tres órdenes de gobierno cercó la zona con cinta plástica, el tráfico ya se había amontonado en un solo carril. La mujer yacía bocarriba. Vestía un short, una blusa y calzaba un par de sandalias de goma negras tipo Croc. La piel delataba marcas de golpes y evidentes huellas de agresión física, pero a su alrededor no había carteras, identificación oficial ni pertenencias que revelaran su nombre. La dejaron ahí a la vista de todos.
Los peritos de la Fiscalía General del Estado caminaron la franja de tierra con la cámara en mano, tomando fotos del terreno y rastreando indicios antes de que el Servicio Médico Forense levantara los restos.
La circulación se reabrió en cuanto la camioneta del SEMEFO arrancó rumbo a la morgue.
El expediente arrancó a ciegas. La víctima permanece en calidad de desconocida a la espera de que la necropsia de ley determine la causa exacta de muerte y algún familiar acuda a reclamar el cuerpo.
Redacción/LaPared