Ciudad de México.- En un mismo día y con pocas horas de diferencia, la Aduana del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) se convirtió en el escenario de dos golpes consecutivos al tráfico de drogas.
La pieza clave no fue un escáner de alta tecnología, sino el olfato de Max IV, un binomio canino de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM) que, en coordinación con la Secretaría de Marina (Semar), detectó un cargamento masivo de metanfetamina y un envío de hoja de coca procedente de Sudamérica.
El primer operativo se concentró en la Subdirección de Recintos Fiscalizados. Durante las labores de inspección entre toneladas de mercancía, Max IV caminó entre las filas de carga pesada hasta frenar su marcha y dar una indicación pasiva frente a ocho contenedores.
Al abrir los embalajes, los agentes localizaron decenas de bolsas con un polvo cristalizado. Para confirmar el hallazgo, el personal naval utilizó un espectrómetro de infrarrojo cercano, un equipo de revisión no intrusiva cuyo análisis químico dio positivo a metanfetamina, arrojando un peso total de 245.5 kilogramos.
Sin tiempo para el descanso, el binomio canino fue desplegado horas más tarde en la zona de reclamo de equipaje de vuelos internacionales.
Mientras los pasajeros desembarcaban de un vuelo comercial procedente de Lima, Perú, Max IV reaccionó de inmediato frente a las maletas de una mujer.
Durante la revisión secundaria al equipaje de la viajera, los elementos de la ANAM y la Semar abrieron los compartimentos y aseguraron 18 paquetes con hoja de coca distribuidos en distintas presentaciones.
Tanto los 245.5 kilos de metanfetamina como los 18 paquetes de hoja de coca y la pasajera peruana fueron puestos a disposición del Ministerio Público de la Federación, donde se abrieron las carpetas de investigación correspondientes para rastrear las redes de tráfico internacional detrás de ambos envíos.
Redacción/LaPared