Washington/ Ciudad de México.- El precio de la gasolina en las estaciones de servicio de Estados Unidos volvió a encender las alarmas de los consumidores tras romperse la breve tregua pactada a mediados de junio entre Washington y Teherán.
La escalada militar en el Golfo Pérsico empujó el precio promedio nacional del combustible regular por encima de la barrera de los cuatro dólares por galón, anulando de golpe la racha a la baja que había dado un respiro durante el verano.
Los datos de la Asociación Automovilística Estadounidense confirman que el repunte del petróleo a nivel global se trasladó sin escalas a las bombas de abastecimiento, impulsado por la inestabilidad en las rutas marítimas del Medio Oriente y la amenaza latente sobre el transporte de crudo a través del Estrecho de Ormuz.
Este brinco en los precios no se queda guardado al otro lado de la frontera, pues le pega a México directamente en la cartera por dos vías distintas. Como el país sigue importando una parte considerable de las gasolinas que se consumen a nivel nacional desde refinerías estadounidenses, traer ese producto procesado sale mucho más caro.
Esto mete una presión tremenda a las finanzas públicas para mantener el estímulo fiscal al IEPS y evitar que el “gasolinazo” le caiga directo al consumidor mexicano en la despensa y en el transporte. Aunque a Pemex le entra más dinero cuando la mezcla mexicana de exportación sube de precio por las tensiones globales, ese beneficio se evapora rápido al tener que pagar más por la gasolina ya terminada que entra al país.
La sacudida financiera llega además en un momento crítico para la agenda política de la Casa Blanca, a escasos meses de unas elecciones intermedias donde el costo de la vida cotidiana se consolidó como la principal preocupación de las familias norteamericanas.
En estados clave o con alta carga fiscal como California, las tarifas ya superan holgadamente los cinco dólares por galón, un nivel que suele actuar como un termómetro directo del estado de ánimo del electorado.
Con la demanda estival a tope y los tambores de guerra sonando en el Golfo Pérsico, el encarecimiento de la energía promete convertirse en el dolor de cabeza definitivo que defina el rumbo de las urnas.
Redacción/LaPared