TAMAZULA, DGO.– El fantasma de la duda recorre las montañas de Durango. En una jornada donde la confusión fue el principal protagonista, el Gobierno Federal desarticuló al círculo más íntimo de Aureliano “El Guano” Guzmán Loera, pero fracasó en el objetivo que nuestras fuentes daban por hecho: la captura del líder.
Mientras en la sierra se reportaba la caída del hermano de “El Chapo”, en la Ciudad de México el discurso oficial se transformaba en un control de daños que terminó entregando únicamente a sus diez escoltas como premio de consolación.
El extraño matiz de Harfuch: Entre el despliegue y la incertidumbre
La incursión en el poblado de La Cebadilla no fue un patrullaje fortuito; fue un golpe de precisión quirúrgica con inteligencia internacional que llegó hasta la cocina del capo. Sin embargo, cuando la noticia de la captura de “El Guano” ya quemaba en las redacciones, el Secretario de Seguridad, Omar García Harfuch salió a escena con una versión que dejó un vacío inexplicable: confirmó que el operativo seguía “en curso” y que había resultados, pero el objetivo prioritario no estaba en la lista.
Esta contradicción entre el reporte de campo y el micrófono oficial deja en el aire una pregunta incómoda: ¿Qué pasó realmente en esos minutos de silencio en la serranía antes de que el Estado fijara su postura?
Los “sacrificados”: Una estructura de confianza desmantelada
A falta del pez gordo, la federación presentó a los diez hombres que habrían servido de muro de contención para permitir, presuntamente, la huida de su jefe. La lista de capturados no es menor, pues desmantela el engranaje que mantenía a salvo a Guzmán Loera.
Entre ellos figura Abel “N”, quien es identificado como la sombra personal y el hombre de confianza absoluta del líder, una pieza que nunca se despegaba de su lado.
Junto a él, la estructura financiera y operativa sufrió un golpe seco con la detención de Ever Israel “N”, el cerebro logístico encargado de aceitar la maquinaria económica del grupo. Finalmente, la caída de Etzair L. “N” deja a la facción sin su principal estratega de seguridad, pues era él quien personalmente integraba las células de choque y blindaba los accesos a los refugios del “Guano”, un esquema de protección que, al parecer, cumplió su último objetivo antes de ser neutralizado.
El arsenal del asedio: Listos para la guerra
El rastro de la huida quedó marcado por el armamento que la célula no pudo llevarse consigo. El decomiso de fusiles de alto poder, una ametralladora mínimi diseñada para fuego de supresión y diversos artefactos explosivos artesanales, sugiere que la zona estaba preparada para una resistencia total.
Todo indica que este arsenal no era para un simple resguardo, sino para garantizar que, en caso de un asedio como el vivido este martes, el líder tuviera el tiempo suficiente para desvanecerse entre los riscos.
> La sospecha en el Triángulo Dorado: El despliegue de la Marina, el Ejército y la Guardia Nacional logró decapitar la operatividad de la célula, pero dejó una herida abierta en la credibilidad de la misión. Si las fuentes en la zona confirmaban la captura y el Estado terminó presentando solo a los guardias, la duda persiste: ¿Quién permitió que el “Guano” se hiciera humo otra vez?
Los diez detenidos ya fueron extraídos de la zona bajo un operativo de máxima seguridad, dejando tras de sí una sierra intervenida y una estructura criminal que, aunque golpeada en su orgullo y logística, conservó a su cabeza.
Redacción/LaPared