Por Sergio Ceyca
Este domingo se realizó la entrega digital del Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2020 a Elisa Diaz-Castelo por El Reino de lo no Lineal; y la emisión 2021 al poeta sinaloense Rubén Rivera, por Sendero de suicidas. El primer libro ya está publicado en el Fondo de Cultura Económica y el segundo está en la espera de aparecer en la misma editorial en estas semanas.
Acerca de Sendero de suicidas, Rubén Rivera ha referido que esta es una obra en la cual habla sobre los grandes poetas que decidieron irse de esta vida a través del suicidio, por lo que es una especie de homenaje a ellos, y la intención del autor fue “ser un intermediario de esa muerte espiritual y realizar el último verso de esos grandes poetas”.
En el marco de la campaña “Contigo en la distancia”, de la Secretaría de Cultura, se reunieron de manera virtual la poeta y dramaturga Silvia Tomasa Rivera, el poeta Baudelio Camarillo y el investigador literario Israel Ramírez, quienes decidieron otorgar por unanimidad este galardón a Rubén Rivera, “porque destaca en él una construcción unitaria en cuanto al abordaje del tema; pero sobre todo por el tono y la tensión que mantiene en cada uno de sus poemas”, se asentó en el acta de deliberación.
En La Pared Noticias nos acercamos con Rubén Rivera para entrevistarlo con motivo de su trayectoria y del premio.
La Pared Noticias: Naces en Guasave. ¿Cómo fueron tus primeros años y tus primeros acercamientos a la literatura?
Rubén Rivera. Para empezar, mis padres no saben leer ni escribir pero hablan en poesía. Por ejemplo, mi padre me hablaba de los satélites, de la luna, de cómo se mueven las mareas ante la energía lunar; mi madre me hablaba del canto de los pájaros, de la atención hacia la naturaleza. Pero realmente, tengo un hermano que se llama Román García, que ya leía a Pablo Neruda, a Nicolás Guillén, a José Martí, a Borges; llegaban libros con él y me hablaba de los 20 poemas de amor y una canción desesperada. Ahí me fui metiendo a la literatura, con mi hermano. Él me platicaba de los libros, yo era un niño. Mi hermano me llevaba unos diez años. Ahí inicio en los primeros acercamientos a la poesía, los cuales van moldeando mi espíritu poético. Luego ya entro yo a la secundaria y ahí comienzo a escribir algunos bocetos sobre lo que miraba, o sobre lo que escuchaba, sobre el murmullo del río, ya que yo vivía cerca del Río Petatlán, me iba a escuchar el rumor del río, el canto de los pájaros, a escuchar el canto del viento. Y empezaba a hacer bosquejos, hasta que un día mi madre me pregunto qué hacía y yo le dije que poemas. “Largo camino te espera, largo camino”, me respondió. Entonces, ahí empieza el camino de los acercamientos a la poesía y darles un mayor sentido a la Naturaleza, a la apreciación de la vida.
LPN: Siempre hay un punto fundacional. ¿En qué punto decides que la poesía va a ser un camino de vida? Más allá de lo que te dijo tu madre.
RR: Cuando llegué a Culiacán fue cuando decido acércame a la poesía. Yo estudié primero contaduría pública. En aquella época, el poeta duranguense Ricardo Echávarri ya tenía su cuadrilla de discípulos aquí en la ciudad, los que eran Jesús Ramón Ibarra, Felipe Mendoza, Víctor Luna (aunque él dice que no, realmente yo lo veo como un discípulo de Ricardo Echávarri), Refugio Salazar y Crisanto Salazar. Todos ellos eran discípulos de Echávarri; la mayoría también se volvieron los primeros amigos que tuve aquí. Mi inicio ya fue con intercambios de libros con Víctor Luna, con Cabanillas, conversábamos sobre grandes poetas como Omar Khayán, Baudelaire, Los cantos de Maldoror. Ya teníamos un camino pero ahí tuve un mayor acercamiento. También, hay que señalar que a partir de Jesús Ramón Ibarra entran otras generaciones; de él salen Mijail Lamas, Francisco Alcaraz, Francisco Meza, Óscar Paúl Castro. Pero ahí fue mi primer acercamiento con la poesía echa con más seriedad; yo sigo mi camino, yo me voy formando con Cabanillas, con Luna, intercambiando y hablando con poesía. Y ya después dejé la contaduría e ingresé a estudiar la licenciatura en Letras Hispánicas. En 1995 escribí mi primer libro, que es Cuerdas de mar, y el prólogo lo hace Gilberto Cabanillas; en ese entonces, era un tiraje de cien libros. Fue una edición independiente, pagada por mí mismo. Ahí inició mi primer camino serio.
LPN: Ahorita que mencionas que el primer libro fue una edición independiente, ¿cómo miras el asunto de las ediciones independiente en el presente? Pensando que grandes libros como Los cantos de Maldoror y Hojas de hierba fueron ediciones autofinanciadas.
RR: Ahora, uno ya tiene un mayor mercado para publicar. Pero no hay que publicar por publicar; no sólo porque haya un mayor mercado, vamos a publicar por capricho. Ahorita ese es el gran problema con el facilismo de las editoriales, el facilismo de las redes sociales, que puedes subir lo que quieras pero con qué calidad, y a qué le apuestas con tu creación.
LPN: Que es una apuesta porque puedes ser cualquier desconocido en redes sociales o te puede ir como a Elvira Sastre.
RR: Así es. Y retomando un poco la charla de lo que existe en Sinaloa de poesía. Si te das cuenta el maestro de Mario Bojórquez fue Jean Turpy, quien siempre estaba aparte. Entran dos razones. Cuando llegué a Culiacán, mi primer acercamiento fue con mis amigos que ya mencioné, que ya formaban parte de un grupo con un maestro que fue Echávarri. Más yo nunca estuve en un taller con él, sino que estuve en un diálogo con los poetas que iban con él. Entonces, eran dos maestros foráneos: Echávarri, que venía de Dinamita, Durango, y otro que viene de Guerrero, que es el Turpy. Esos dos maestros foráneos llegan a Culiacán a forjar a los poetas sinaloenses. En todo eso, hay que ver lo interesante: cómo surgen Jesús Ramón Ibarra y Mario Bojórquez como ganadores del Premio Nacional de Poesía Aguascalientes.
LPN: Volviendo al asunto de la autoedición de tu primer libro. ¿Cómo fue el proceso de esta publicación?
RR: Me fue muy bien porque fueron cien libros. Se terminaron los libros, se agotó la edición y tuvo buenas críticas. Estamos hablando de 1995. Entonces, es muy difícil que Cabanillas haga un prólogo porque es un poeta que no accede muy fácil, es un poeta muy hermético en su manera de ser y estar. Su primer libro, Piedra marina, lo demuestra. Entonces, ahí fue donde inició el camino de la poesía con una mayor expresión, como designando a la poesía como una de las expresiones más altas del lenguaje.
LPN: Después de ese libro, ¿cuántos libros de poesía son los que has publicado hasta ahora que ganaste el Aguascalientes?
RR: Después de ese libro siguió otro con el que gané el Premio Iberoamericano de Poesía Navachiste, en 1997, que fue Flores y relámpagos. Los jurados fueron Raúl Renán y Carlos López, de la Editorial Praxis. Después de ahí, obtuve la beca de Jóvenes creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, en 1998; y también participé, en el 2000, el premio nacional de poesía Clemencia Isaura con Al fuego a la panga. De ahí publiqué el libro Defensa de oficio, que son poesías sobre la cárcel; La llama de los cuerpos, que es sobre erotismo; ambos son libros de muy poco tiraje. Posteriormente realicé la ruta de Antonin Artaud con los tarahumaras y aparece Fulgor del regreso, libro publicado por la Dirección de Investigación y Fomento de Cultura Regional (Difocur). Después publiqué Música de cuatro espejos en coedición Difocur y Ediciones sin nombres. En 2013 obtuve la mención en el Premio Internacional Sor Juana Inés de la Cruz, con Caravana de sombras. Y ya no publiqué hasta ahora que se va a publicar Sendero de suicidas en el Fondo de Cultura Económica, el libro que ganó el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes. Como ya dije, no me gusta publicar sólo por el hecho de publicar, y además hay que ser serio en el camino de la poesía. Eso no implica que dejara de escribir; tengo varios libros inéditos que están esperando la publicación pero que se siguen trabajando. Por ejemplo, con Sendero de suicidas necesité unos cuatro años para definirlo y estructurarlo, porque en cada poema va muriendo el poeta: el libro está compuesto de textos sobre poetas que le cantan a la vida y a la belleza, pero que se quitan la vida. Pero también para el poeta es difícil escribir esto. Por ejemplo, Vladímir Mayakovski que hablaba de otro poeta suicida, meses antes de él mismo suicidarse. Y entonces, de ahí, surge esa preocupación de por qué se suicidan los poetas. Duré cuatro años para terminarlo.
LPN: En estos años sin mucha publicación entraste mucho a la fotografía. ¿Cómo ha sido tu trayectoria fotografía?
RR: Como diría Roland Barthes: detrás de toda cámara fotográfica debe existir un ojo poético. La imagen es poesía pero siempre y cuando tenga esa belleza que el poema tiene con el lenguaje; así como en un poema debe existir el tropo por excelencia, que es la metáfora, las figuras de pensamiento, en la imagen es igual. Debe haber un ojo poético, ver cómo se compone el mundo que se va a retratar, que no quede nada más en una mera imagen o mera viñeta. Que haya un acercamiento desde el corazón.
LPN: Además has tenido mucho contacto con las comunidades originarias, en este caso los yoremes. ¿Cuándo empieza este contacto y cómo ha sido?
RR: Yo tenía un proyecto, una trilogía, que se llamaba antes ‘La trilogía del venado’ que tenía que ver con estas comunidades. El primero es Música de cuatro espejos, que es sobre los yoremes; Fulgor del regreso, que es el viaje con los tarahumaras y me queda el libro sobre los Huicholes, que es un libro que aún continúa inédito. Con esos tres, se comprende la trilogía del mundo indígena. Pero de los tres tengo obra fotográfica.
LPN: En tu trabajo poético, en ese aspecto, ¿cómo permites que el mundo de estas comunidades entre a tu discurso poético?
RR: Trato de ver cómo viven, cuáles son sus rituales, y ver cuáles son sus elementos más poéticos para retratar al mundo en imágenes. Es decir, que en esa sencillez exista la poesía sin ninguna pretensión de nada. Ese es el proceso del trabajo creativo. Y que la creación sea sin ninguna pretensión porque el poeta no es tan importante, lo que importa es lo que se crea de lo demás, de la Naturaleza. Con los yoremes lo importante es el mundo del monte: la hoja del álamo, la lluvia, la enramada, la sonaja, la cabeza de venado, el tambor de agua; eso es lo que importa, lo demás no existe. El poeta es sólo un intermediario en ese mundo. Y así creo que debe de ser la poesía, como en el mundo del haiku, del mundo japonés en el que importa es la Naturaleza. Hay que evadir el ‘yo’. El poeta es lo que menos importa en la ecuación, él sólo es un intermediario para estar e integrarse en la Naturaleza, convertirse en la lluvia.
LPN: ¿Esa sería tu premisa poética?
RR: Sí. Y acá a veces le damos más importancia al poeta, y este se cree lo máximo sin entender que es lo que menos importa. Entonces, cuando lleguemos a esos vislumbres de que el poeta es lo que menos importa, vamos a integrar mejor la poesía. Y es igual en torno a la imagen fotográfica y la poética; por eso, yo estoy entrelazado en ambas, como un solo camino.
LPN: Bueno, ya has ganado el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes. ¿Cómo fue el recibir la noticia, qué cosas buenas ha traído?
RR: Yo no pensé que iba a ganar ese premio. Yo envié el trabajo que tenía cuatro años desarrollando. Pero cuando llega la noticia me sorprende porque, de cierta manera, todos los poetas queremos ganar ese premio aunque digamos que no, ahí estamos siempre insistiendo. Y me cayó de sorpresa la noticia. Que me digan: ganaste el premio. Me sentí agusto, alegre, feliz, porque todo este camino que uno viene atravesando en la poesía, de luchar con sus propios demonios, con sus alegrías, con sus tristezas, ya viene otra gente y te dice que ese trabajo ya tiene un aliciente que es el premio. Pero realmente la poesía va más allá de los premios. Y me parece interesante haber ganado este premio porque significa que se abre otra puerta a la poesía en el país; es decir, que hay otras maneras de que la poesía sea evaluada fuera de las camarillas y de los grupos centralistas. Aquí también gana la poesía y gana el premio. Porque yo no tengo nada que ver con los jueces. Claro, ese premio de cierta manera fue un aguijón para ciertos poetas porque entran la envidia y los celos, empiezan a cuestionar quién es Rubén Rivera, pero ya se tiene el premio y ahora a ellos les toca demostrar que también pueden ganarlo. Pero reitero de que es un premio que me dio una gran satisfacción porque es un aliciente a mi poesía, a mi trabajo, a estar picando piedra con las palabras, con el lenguaje, y que vas formando un camino que es evaluado por gente, poetas o críticos, que están adentrado en el mundo de la poesía. Eso fue maravilloso.

