El premio mayor para ‘El Pecuni’

Miguel Alonso Rivera BojórquezPor Miguel Alonso Rivera Bojórquez *

 

 

 

Los recuerdos de David López Gutiérrez deambulan por las calles de su juventud buscando rastros de los pasos recorridos a lo largo de su vida y que lo llevaron, inclusive, a ser vendedor de billetes de lotería en su adolescencia. “Péguele…Péguele al Gordo”, gritaba.

Parafraseando al cantautor y poeta español Joaquín Sabina, cuando David era más joven viajó en sucios trenes que lo transportarían, de Guamúchil, al destino de la suerte y hoy, después de tantos años, está cerca de sacarse el Premio Mayor.

“¡Llévese el huerfanito!”, era la frase de billetero cuando le quedaba el último cachito.

Por definición, suerte es el conjunto de sucesos o circunstancias imprevisibles o no intencionadas que determinan que los hechos se desarrollen de una manera o de otra.

No puede existir mayor suerte que obtener, sin buscarlo, lo que otros buscan premeditada y esforzadamente. Así conoció a Ernesto Álvarez Nolasco, Alfredo Del Mazo, Heriberto Galindo, Enrique Peña Nieto y tantas personas más que transformaron su vida.

“¡Este es el bueno, salga de pobre!”, escucha su voz como un eco del pasado al recorrer las calles que transitó como billetero.

“Cuando era más joven la vida era dura, distinta y feliz. Había días que tocaba comer, había noches que no, fumaba de gorra y sacaba la lengua a las damas que andaban del brazo de un tipo que nunca era yo”, dice la canción de Joaquín Sabina.

Su apodo es “El Pecuni” y en esos ayeres fumaba Delicados sin filtro que traía siempre en la bolsa de la camisa. Esas remembranzas se encuentran llenas de humo, ceniceros, nostalgia y nicotina.

El humo que jalaba y pasaba por su garganta lo hacía feliz. Se sentía lleno de ilusiones y sueños que perseguir con ese anhelo humano de alcanzar el progreso. Por supuesto, no faltaba la bohemia.

“¡Llévese el ganador!”

Hoy, además de ser amigo del Presidente de la República, es pariente de la alcaldesa de Salvador Alvarado: su cuñada, Liliana Cárdenas.

Con su esposa Leticia Cárdenas de López, ha llevado a sus tres hijos, David, Leticia y Alejandro, a conocer la escuela “Lic. Benito Juárez” de Mocorito, la antigua institución escolar donde estudió la primaria.

La nostalgia lo ha llevado a construir una escena familiar en la parroquia de Mocorito del siglo XVII, donde fue bautizado y se casaron sus padres don Benito y doña Balbina.

Al desempolvar y revivir ese álbum de recuerdos salió esa fotografía donde, en una gasolinera, David López Gutiérrez ofrece los cachitos de la suerte.

Indudablemente el vendedor de cachitos ha influido de manera crucial en el ánimo del Presidente.

Ahora, en ese desbarajuste de pasiones, confusiones y altibajos en los que se ha transformado la selección del candidato del PRI a gobernador de Sinaloa -y que ha transformado para muchos esa espera en un sufrimiento indescriptible-, solamente faltan unos minutos para que salga uno de los voceros de la fortuna, en analogía al legendario niño gritón de la Lotería Nacional, para que pronuncie el popular grito:

¡Premio mayor!

* licmiguelalonsoriverabojorquez@gmail.com

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