CRÓNICA| Tres generales, un estado en llamas: la seguridad de Sinaloa bajo Rocha Moya

Culiacán despierta con un viento pesado que huele a pólvora y café frío. Las calles no son de risas ni de mercaditos; son pasillos donde la gente calcula cada paso, donde los portones bajados hablan de miedo y los autos abandonados cuentan historias de balaceras que nadie quiere repetir. Desde que Rubén Rocha Moya tomó la gubernatura, la Secretaría de Seguridad Pública del Estado (SSP) ha tenido tres generales distintos: tres caras, tres estrategias, y ninguna tregua. Cada uno llega con uniforme limpio, promesas de paz, pero la ciudad sigue ardiendo.

Cristóbal Castañeda Camarillo: el general de los “Culiacanazos”

Castañeda llegó con medallas y diplomas, curtido en operaciones de la Sedena, listo para demostrar que la disciplina podía poner orden en el caos. Pero aquí no bastaba la experiencia: la violencia era profunda, cotidiana, silenciosa y brutal.

Su nombre saltó a la prensa nacional durante los llamados Culiacanazos, cuando intentos de capturar a Ovidio Guzmán y otros objetivos del cártel provocaron que la ciudad quedara sitiada por hombres armados. La fama lo puso en el centro de elogios y críticas: unos decían que salía a la calle y enfrentaba la realidad, otros lo señalaban de manejar relaciones complicadas con estructuras que conviven con el crimen, un murmullo que voló de los barrios a los titulares nacionales.

En agosto de 2023 presentó su renuncia. Se fue dejando la sensación de que ni uniformes ni diplomas bastaban para calmar a Culiacán.

Gerardo Mérida Sánchez: el general que enfrentó la guerra sin pausa

Mérida asumió el mando con la esperanza de poner reglas en un tablero que ya ardía. Con experiencia en zonas conflictivas del país, creía que podía coordinar operativos, mover tropas y restablecer control. Pero en septiembre de 2024 la violencia escaló como nunca antes: la guerra interna del Cártel de Sinaloa explotó, enfrentando a Los Chapitos y La Mayiza. Balaceras en Mazatlán, cuerpos abandonados en Tepuche, bloqueos en Navolato. La ciudad parecía una olla a presión que no dejaba escapar el humo.

Su renuncia en diciembre de 2024 no fue sorpresa: después de cien días de enfrentamientos abiertos y cientos de muertos y desaparecidos, se convirtió en un general que la prensa nacional vio como incapaz de contener la marea, mientras sus propias declaraciones reconocían públicamente que la violencia lo superaba. En la narrativa del estado, Mérida es el comandante que vio crecer la guerra y se marchó con el casco lleno de polvo y silencio.

Óscar Rentería Schazarino: el general del silencio público

Rentería llegó en diciembre de 2024 con décadas de experiencia en Sedena y un respaldo explícito del gobierno federal. Su perfil discreto lo distinguía de sus antecesores: pocas apariciones, pocas entrevistas, y un estilo que generó polémica nacional por la falta de comunicación directa con la ciudadanía, justo cuando la violencia golpeaba todos los días.

Durante su gestión, los homicidios continuaron altos y las balaceras persistieron, alimentando la percepción de que la militarización no bastaba. Su silencio público y la persistencia de la violencia hicieron que medios y legisladores nacionales lo pusieran bajo la lupa. En marzo de 2026, se anuncia su salida: tres generales en menos de cinco años, y Sinaloa sigue en llamas.

La ciudad que recuerda cada bala

Culiacán, Navolato, Mazatlán: calles que cuentan nombres de muertos, historias de familias desplazadas y niños que aprendieron a no salir al patio. La violencia no se mide solo en estadísticas: se siente en la tienda que ya no abre, en el vecino que mira desde la ventana, en los bares que bajan las cortinas al anochecer.

Cada relevo en la SSP —Castañeda, Mérida, Rentería— no es solo un cambio de titular. Es un intento de poner orden en un tablero que ya estaba ardiendo, con piezas que se queman mientras los uniformes se turnan en la silla caliente. Las polémicas de cada general —los Culiacanazos de Castañeda, los enfrentamientos imposibles de Mérida, el perfil silencioso de Rentería— son parte del relato que los medios nacionales registraron, pero aquí, en la ciudad, se vive y se recuerda como un fuego constante.

Va por el cuarto secretario: lo que enfrenta

El próximo lunes, según fuentes de seguridad, llegará el cuarto secretario de la SSP en lo que va del gobierno de Rocha Moya. El nuevo titular tomará las riendas de un Sinaloa donde las balas siguen marcando la rutina: enfrentamientos diarios entre células rivales del cártel, homicidios que no ceden, familias desplazadas y barrios donde la gente ya mide cada paso por miedo.

Quien llegue deberá coordinar operativos con fuerzas federales y estatales, enfrentarse a la desconfianza de la ciudadanía y lidiar con un historial de tres generales anteriores que no lograron contener la violencia. Cada decisión será bajo presión constante: la ciudad exige resultados inmediatos y el cártel no da tregua. Va por un tablero donde el fuego no ha dejado de arder, y cada movimiento será observado de cerca por la propia Sinaloa.

Redacción/LaPared

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