Corre el dinero a raudales en las elecciones del 5 de junio
Por Cynthia Valdez
Culiacán, Sin.-Llegaron desde el viernes 3 de Junio a Culiacán, Mazatlán y a los Mochis. Algunos se alojaron en Guamúchil. Llegaron desde Veracruz, Chiapas, Estado de México y hasta del extinto Distrito Federal. Son los operadores de alto nivel del priismo nacional, “los mapaches”.
Lo que parece un muy cuidado operativo, diseñado desde las oficinas de Manlio Fabio Beltrones, se dirigió a que fueran personas de fuera del estado quienes se encargaran de aparecer por distintas zonas de la entidad distribuyendo dinero a cambio de votos.
Lo distintivo fue la bolsa “cangurera” que portaron a la cintura, movilizados en camionetas con placas de sus estados de procedencia. Se habilitaron casas especiales para desde ahí monitorear sus actividades además de darles alojamiento. Un hotel era muy llamativo. LA PARED acudió a uno de esos domicilios ese domingo 5 de Junio para corroborar la presencia de los ahora llamados “Wickers”.
El recorrido de coacción
En una casilla instalada en la colonia Tierra Blanca, en los límites con la colonia Ignacio Allende, “Juan Pablo” fue asignado como funcionario de casilla. A partir de las 10 de mañana, notó la presencia de un grupo de estos personajes que rondaba la casilla. No dijo nada, se levantó un momento, les tomó fotografías y las mandó por celular a unos amigos suyos.
“No te preocupes, son los compravotos del PRI”, fue la respuesta.
Más tarde, supuestos activistas del tricolor fueron “levantados” por gente que iba a bordo de camionetas, esto en el fraccionamiento Santa Fe, justo en una de las tiendas de la cadena Bix.
La versión corrió como reguero de pólvora, los medios alertaron sobre el hecho, las autoridades indicaron que se investigaría lo que parecía un hecho “de urgente resolución”. Misteriosamente, en la tarde los soltaron.
No hubo denuncia, no hubo investigación, no hubo declaraciones. Nadie sabe los nombres de los supuestos “levantados”, no se sabe cuántos fueron los que supuestamente fueron los maleantes, adónde los llevaron, para qué y por qué el “levantón”. Caso cerrado.
Que alguien sospeche que ambos temas están ligados es más que justificado y si más aún, se crea que “algo” pudiera tener intervención el gobierno estatal, ni modo de preguntarle a Gerardo Vargas. Como si nada hubiera sucedido.
En la estructura, los Wickers son meros operadores, nadie depende de ellos, solo son instruidos para acercarse con los coordinadores regionales o locales. En las bolsas, portan suficiente dinero para subsidiar el pago a los votantes, de 300 a 500 pesos por cada sufragio a favor de su partido. El mismo esquema que hoy ya aplican otros partidos y que también fuera denunciado, por ejemplo, en la ciudad de México, en donde se testimonió que MORENA estuvo comprando votos en algunas delegaciones de la capital del país.
En 2015, en Monterrey fueron detenidos cinco personas que portaban dinero el cual sería destinado presuntamente a la compra de votos en el proceso interno del PAN.
No se olvida que en Navolato, en 2010, asaltaron a una persona y ésta fue a denunciar el robo al ministerio público. El dinero estaba destinado a la compra de votos.
Más que una moda que llegó para quedarse tal parece que es una perversión que han querido eliminar. Ganar a como sea, el poder lo justifica.
Y NI QUEJARSE ANTE LA PROFECO
La nota parece haberse perdido entre las muchas que emergieron el 5 de junio: ciudadanos de Ahome que públicamente reclamaron que dieron su voto “fiado” y no le cumplieron.
Mientras que el Instituto Estatal Electoral de Sinaloa afirma que las pasadas elecciones apenas estuvieron manchadas por algunos incidentes aislados, los hechos demuestran que el escenario pudo ser peor.
Según nota aparecida en El Debate apenas un día después del proceso electoral, más de 80 personas protestaron luego de que, dijeron, fueron timadas por una mujer que les ofreció 300 por su voto. Los votantes “fiaron” su voto, pero al regresar, vieron que la mujer desapareció sin pagarles.
La “denuncia” fue contra Bella Pérez y Ernesto García, del PRI, de ofrecer dinero a cambio de su voto y no pagarles, evitando contestar el teléfono al que dijeron marcaran al salir de la casilla respectiva.
Parece algo anecdótico, no lo es tanto. Parece irreal, no lo es.
Así debe entenderse a una democracia que no lo es tanto.