¡ No los sigas, Gabino!
Carrera hacia la muerte.
Gabino Armenta, era alto, fornido,apuesto y le gustaba enamorar a las prostitutas concentradas en la Zona de Tolerancia. Sí,esa zona donde de todo se valía y los jóvenes soldados en su día franco, acudían a protagonizar pleitos y patear con sus botas a los parroquianos.
Muchas veces fui testigo de estos hechos, con heridos y muertos. Bueno, no se morían allí, sino en diversos hospitales. Eran riñas brutales, no campales.Sangre,dolor, lágrimas de los golpeados en forma salvaje y sustos y llantos de las jóvenes suripantas.
Gabino, se desarrollaba en esos ambientes sórdidos , entre padrotes, meseros y dueños de los antros.
El era un desempleado sereno, que estaba enamorado de unas piruja, hermosa,que lo mantenía, pero que nunca pudo lograr que viviera en su hogar.
Siempre le rogaba. -Gabino, vente a vivir conmigo y mis dos hijos-no quiero perderte ni que te pase, nada.
Nunca contestaba,solamente la besaba y se comportaba como el famoso Pantera o el Pedro Navajas.Impecable al vestir,recién bañado, perfumado, y los zapatos o botas lustradas.Rechinando de limpios.
Esthela su novia, si se le puede llamar así, tenía pesadillas de un futuro incierto y maligno para Gabino.
Lo adoraba,no podía dejarlo de verlo, todas las madrugadas. Gabino Armenta siempre llegaba a la una de la madrugada después de jugar durante el día, al dominó, cubilete y al billar con amigos y desconocidos en el centro de Culiacán. En unas cantinas pauperrimas donde se servían bagres fritos de botana. Más salados, que el corpo de una de las meseras, que casi nunca se bañana.
Los cocineros de esas cantinuchas, eran homosexuales, que estaban enamorados, en forma platónica de Gabino.El era muy amable con ellos y de vez en cuando permitía que lo agasajaran y le tocaran sus partes intimas, sin llegar a otras cuestiones amorosas.
De ello, estaba enterada Esthela, pero no se enojaba, ya que estaba segura de la virilidad y comportamiento de su amante y novio.
Cuando se enojaba era cuando dialogaba con otras prostis.Lo regañaba y este negaba que fuesen diálogos sobre el amor.
Esthela y Gabino, gustaban de bailar, todas las noches.Y loo hacían bien. Dominaban todos los géneros musicales, en especial la balada romántica, rock and roll y twist.Abrazados, se les olvidaba el mundo.
El cielo, era el limite de lo que parecía, eterno amor.
Nadie presagiaba la tragedia.Una noche, llegó Gabino al antro donde laboraba, Esthela,y no la encontró.Le dijeron que se reportó enferma, pero no lo creyó.
Salió furioso del lugar del amor.Se subió a su Valiant Duster, deportivo de dos puertas, y siguió a un VW blanco.Su intuición, no falló.En el asiento trasero observó a su novia.
-Bájate le gritó – y el conductor de la otra unidad lo retó a golpes.Se estacionaron y empezó el pleito,ante los gritos de Esthela. Un acompañante del chofer, sacó una pistola calibre .45 y disparó a quemarropa sobre la humanidad de Gabino.
Cayó su cuerpo den seco sobre el pavimento y Esthela se abrazó a él.
– No te mueras, perdóname, jamás te fallaré- le decía arrepentida de engañarlo.Su cuerpo ya estaba inerte. Esthela perdió la razón y dicen que se fue a Mazatlán a píe y que vive en las calles perdida en su mundo y que solamente come para no morirse y cada hora grita, fuerte y en forma lastimosa -Gaabinooooo, Gabinooo, te amo-.
Un grito tardío.
Fin.
Por Francisco de Asís Solís R.