Ella solía contarle a su hijo que en el bosque vivía una horrible criatura. Le decía que era una criaturita como de su edad. Como de su tamaño. Pero en vez de niño es una niña. Y usa un bonito vestido, pero al mismo tiempo tiene una espeluznante cabeza de lobo. “¿Co-co-cómo?”, respondía tartamudeando el niño. Y la madre aprovecha para decir: “Sí, es una niña que en vez de boquita tiene un hocico repleto de filosos dientes. Y una nariz que puede olfatear el miedo a cien metros de distancia. Y unos ojos negros y acuosos repletos de marcadas venas rojas. Y sus orejas, sus orejas pueden detectar los pasos temblorosos. Se trata de una criaturita horrible: es una niña y al mismo tiempo es un lobo”. “¿Un lo-lo-lobo?”, decía el niño. Y la madre agregaba: “Sí, y dicen que comienza cantando canciones de cuna y termina aullando groserías a la luna. Y que se come a todos los niños miedosos que se orinan en la cama… y que salen solos de noche o de día”. Después de un silencio sepulcral remata la madre: “Así que, querido Caperucito Rojo, saca tus sábanas sucias al sol, después ve a casa de tu abuelita y dile que la quiero tanto tanto tanto, por favor”.
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Edgar Lacolz (Torreón, Coahuila 1987). Estudió la Licenciatura en Filosofía en la bUniversidad Autónoma de Chihuahua (UACH). Obtuvo Mención Honorífica en el Premio Nacional de Cuento “Criaturas de la noche” e impartió clases en la Facultad de Artes y Diseño (UNAM), además de distintos talleres relacionados con el fanzín y la difusión literaria en distintas ciudades. Fuebecario del Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico (PECDA), del cual se desprende la novela Retrato Esperpento. Es autor del libro Esto no es un Lacolz. Actualmente, trabaja como editor de contenidos en CDMX.
© Imagen background de la animación Over the garden wall.