Tonalá, Chiapas.- El metal de la camioneta crujía bajo el sol de la costa chiapaneca, varado a la orilla del camino como si la prisa o el miedo le hubieran apagado el motor. No había nadie al volante. Solo el polvo de la ruta asentándose sobre la carrocería y un silencio denso que obligó a los marinos a frenar la marcha.
Los elementos de la Armada avanzaron con la mano cerca de la funda, midiendo el terreno alrededor de Tonalá. Al asomarse a la batea de la doble cabina, la aparente furgoneta abandonada reveló su verdadero peso: 44 costales de rafia amontonados a plena luz del día. Dentro, apretados en bloques rectangulares, descansaban 834 kilogramos de un polvo blanco que olía a químico y a negocio viejo.
No hubo disparos ni persecución a alta velocidad; solo el desierto de una huida a tiempo. En la logística del operativo interinstitucional donde participaban también la FGR y la SSPC, el hallazgo se tradujo en números fríos: más de un millón seiscientas mil dosis que no llegaron a su destino y un hueco de 181 millones de pesos en las cuentas de quienes dejaron la carga atrás.
La camioneta y sus costales fueron custodiados en caravana hacia las instalaciones de la Fiscalía General de la República. Ahí, bajo el parpadeo de las luces de laboratorio, los peritos pesarán al gramo el cargamento mientras la ruta de Tonalá vuelve a quedar sola.
Redacción/LaPared