Culiacán, Sin.- En los rincones menos pensados de miles de casas en Sinaloa descansaba una amenaza invisible: armas heredadas, olvidadas o guardadas por una falsa sensación de protección. Hoy, ese escenario está cambiando sin hacer ruido.
Exactamente 3,555 armas de fuego y artefactos explosivos han salido definitivamente de las viviendas desde que se puso en marcha la estrategia de desarme, duplicando la participación ciudadana en los últimos tres años.
El secreto detrás de esta respuesta masiva no está en grandes operativos, sino en la confianza del secreto.
Quien decide desprenderse de un arma camina hacia los módulos itinerantes del Gobierno y el Ejército, la entrega y se va. Nadie le pide su nombre, nadie le exige una identificación y nadie le pregunta de dónde salió el artefacto.
“Este incremento obedece a la confianza generada, ya que el proceso es completamente anónimo y seguro pues no se hace ningún tipo de pregunta a la persona participante.”
— Thania Karina Parra, titular del Centro Estatal de Prevención del SESESP.
Lo que empezó en 2022 con 522 entregas temerosas cerró el último año superando el millar de artefactos recolectados. Detrás de cada persona que acude no hay un interés político ni policial, sino el alivio de madres y abuelas preocupadas por el riesgo latente de que un niño o adolescente encuentre una pistola en un cajón y ocurra una desgracia.
La iniciativa, que este año ya sumó más de 200 entregas en municipios como Culiacán, Badiraguato y Cosalá, alista sus próximos módulos del 10 al 14 de agosto en Guasave y Juan José Ríos, manteniendo atención continua en la línea 667-126-3780 para llamadas o WhatsApp.
Redacción/LaPared