Culiacán, Sin.-La Universidad Autónoma de Sinaloa arrastra un déficit estructural de mil 600 millones de pesos anuales; el 94 por ciento de su presupuesto se destina a nómina y prestaciones, mientras que la falta de liquidez ya provocó retrasos salariales y un paro de labores durante el año.
Culiacán, Sinaloa, 4 de noviembre de 2026.— La Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) enfrenta nuevamente la incertidumbre financiera de fin de año, al requerir al menos mil 380 millones de pesos extraordinarios para garantizar el pago de aguinaldos y las dos quincenas de diciembre a sus trabajadores, en medio de un déficit presupuestal estructural que alcanza los mil 600 millones de pesos anuales.
Pese a contar con un presupuesto superior a los 8 mil millones de pesos para 2026, la institución no dispone de los recursos suficientes para cumplir con sus compromisos laborales de cierre de año, una situación que ha obligado al rector Jesús Madueña Molina a intensificar las gestiones ante los gobiernos estatal y federal.
José Carlos Aceves Tamayo, director general de Comunicación Social de la UAS, reconoció que la institución atraviesa uno de sus años más complicados en materia económica, debido a la insuficiencia de los subsidios públicos, los compromisos laborales acumulados y las obligaciones financieras que mantiene con distintas dependencias.
De acuerdo con las cifras proporcionadas por el funcionario universitario, de los mil 380 millones de pesos que se requieren para diciembre, 840 millones corresponden al pago de aguinaldos, mientras que las dos quincenas representan una erogación de 270 millones de pesos cada una.
La falta de estos recursos mantiene bajo presión las finanzas universitarias y coloca nuevamente en riesgo el cumplimiento oportuno de las obligaciones salariales, como ocurrió durante distintos meses de 2026.

Nómina absorbe el 94 por ciento del presupuesto
Uno de los principales problemas financieros de la Universidad es el elevado porcentaje de recursos que destina al pago de su plantilla laboral y sus jubilados.
Aceves Tamayo explicó que el 94 por ciento del presupuesto institucional se utiliza para cubrir la nómina, mientras que solamente el 6 por ciento restante queda disponible para atender otras necesidades de operación.
Dentro de estos compromisos destacan los 2 mil 700 millones de pesos anuales destinados al pago de más de 6 mil jubilados, una obligación que, según la institución, no cuenta con subsidio específico en los convenios de apoyo financiero.
Esta situación representa una carga permanente para las finanzas universitarias, debido a que una parte importante de los recursos públicos recibidos debe utilizarse para cumplir compromisos laborales adquiridos durante años anteriores.
El funcionario sostuvo que el déficit también está relacionado con los incrementos presupuestales inferiores a la inflación, la falta de recursos federales extraordinarios y un subsidio por estudiante que se encuentra por debajo de la media nacional.
A ello se suman prestaciones económicas que no están reconocidas dentro de los convenios de financiamiento, así como los gastos necesarios para mantener la cobertura educativa y los indicadores de calidad académica.
Retrasos salariales provocaron paro de labores
La crisis presupuestal comenzó a reflejarse desde febrero, cuando la Universidad enfrentó dificultades para cubrir oportunamente los salarios de sus trabajadores.
Los problemas de liquidez se repitieron durante las segundas quincenas de abril y mayo, hasta desembocar en un paro de labores que se prolongó del 29 de junio al 8 de julio.
Ante la insuficiencia de recursos, la Federación autorizó un corrimiento financiero que consistió en adelantar a julio una parte del subsidio correspondiente a noviembre.
Con ese mecanismo, la institución logró cubrir un adeudo de 131 millones de pesos por concepto de prima vacacional de 2025, además de las quincenas de junio y la prima vacacional correspondiente a 2026.
Sin embargo, el adelanto de recursos no representó un incremento presupuestal, sino una modificación en el calendario de entrega del subsidio, por lo que el problema de fondo permanece sin resolverse.