Tiempos Mejores: ¿Sangre joven en la alcaldía de Culiacán?

Tiempos Mejores*

Con la llegada cada vez más anhelante de los tiempos electorales, la época de los acuerdos y amarres políticos también se encuentran a la orden del día, y en Culiacán las cosas pintan para que los jóvenes del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) asuman su tiempo y se lancen al ruego.

Por la alcaldía del municipio capital ya algunos han alzado la mano, aunque la verdad para las verdaderas definiciones todavía le cuelgan algunos meses. En esta escena ya se encuentra la diputada federal Merary Villegas Sánchez, quien se le ve activa en el Congreso de la Unión, como una de las legisladoras que más iniciativas ha propuesto hasta la fecha.

Recientemente le acaban de aprobar una iniciativa para que los servidores públicos perezosos u omisos con la aplicación de la Alerta de Género, sean sancionados conforme a las responsabilidades administrativas. Sin duda, Merary es un perfil con sangre joven que sería una apuesta benéfica para Morena, después del desastre que ha representado la administración de Jesús Estrada Ferreiro, más cercano de una gerontocracia ya en plena extinción.

En este panorama también se abre cancha un joven deportista, Carlos Arredondo, quien ahora ocupa la Delegación de la Secretaría de Relaciones Exteriores y que sabe, como buen arquero, que cuidar la portería en momentos en que la Cuarta Transformación necesita nuevos empujes, es esencial para el curso de la actividad institucional.

No es descabellado que Arredondo, con una carrera de años en los lindes de la política, tenga una buena posición como cercano al canciller Marcelo Ebrard, quien afila de manera intensa un proyecto porvenir para dentro de unos años. Arredondo, sin embargo, para quien no lo conozca, no es nuevo en estos rumbos: de 2010 al 2013 fue dirigente joven del PRD en Sinaloa y en 2015 fue candidato a diputado federal por el “partido del sol azteca”, cuando apenas contaba con 23 años.

Lo recordamos como un candidato que sabía debatir y poner en su lugar a los viejos tiburones de la política. Sin duda representaría los nuevos tiempos de la transformación en ciernes de este Sinaloa (y Culiacán) tan crucificado por la violencia y la corrupción endémica.

Arredondo además tiene una trayectoria no ignorada como futbolista. Hay que recordar que fue parte de las fuerzas básicas de Dorados, Chivas y Tigres, pero además también “cruzó el charco” en 2017 para unirse al equipo Atlétic de Scaldes de Andorra. Como pretenso a candidato a la alcaldía esto lo sitúa al frente de una juventud ávida de actividades deportivas, sanas, que saquen del marasmo de la narcocultura a un Culiacán que ya no aguanta los modos de una clase política que gobierna con ideas anacrónicas.

Pero no solamente Carlos Arredondo y Merary Villegas encabezan esta lista en la Cuarta Transformación. Ahí está el director del Instituto Municipal de la Juventud, Alonso Ramírez, que si bien puede ser cuestionable en él muchas cosas, también es otro que, al menos en política, ha levantado la mano con aspiraciones. Había que recordar que se le ocurrió decir que quería dirigir el partido en Sinaloa.

Desde luego el catálogo es más amplio. Aunque intenta venderse como buen diputado local, Pedro Alonso Villegas Lobo, también forma parte de esta camada de políticos que traen otras ideas, ya lejanas a esa gerontocracia cuya forma de gobierno continúa siendo el tradicional, el “boomers”, el disecado y formal. Vean si no a los aspirantes a la gubernatura. Quizá ya es tiempo de que la sangre nueva de la Cuarta tome el timón de un municipio tan importante como Culiacán.

Y cuando Morena despertó…

Los resultados en Coahuila e Hidalgo, durante este domingo, han sido ampliamente cacaraqueados por el Partido Revolucionario Institucional, como un triunfo en tiempos no sólo pandémicos, sino donde el timón principal lo tiene el presidente Andrés Manuel López Obrador.

No vamos a entrar en “honduras” en el caso de estas dos entidades. Ya habrá tiempo para analizar lo sucedido. Lo cierto es que al menos en Sinaloa también se podría gestar un escenario interesante si Morena no es capaz de cohesionar a sus principales liderazgos. Fracturados en una lucha interna por el momento, con un desorden en el que no se le ve concierto, ya muchos grupos sociales han lanzado la queja de que la Cuarta Transformación no aterriza en forma de cambios en diversos rubros.

Ahí están los pescadores ribereños que han expresado abiertamente su descontento ante la política pública del gobierno federal; ahí está la eliminación de mucho presupuesto de ayudas, que si bien es cierto era desviado por la clase política en turno, también, nos dicen, les llegaba “algo a sus manos”. Ahora, y esto siempre según su dicho, “no les llega nada.”

Ese desconcierto provocará grandes sorpresas el próximo año si Morena no es capaz de echar a andar la maquinaria para que las instituciones a su cargo y las políticas públicas que gestionan, no son capaces de caminar al mismo ritmo. Lo que la gente que votó por AMLO espera, es justamente el cambio social y paradigmático, y para eso es necesario no escamotear lo que antes por lo menos tenían. Falta mucho, y el camino parece largo, para crear verdaderos mecanismos para que la aspersión de recursos sea un hecho comprobable, y que ello genere cambios.

Por el contrario, se observa demasiada desidia en el tema social, con programas que prontamente se ven limitados y anquilosados. Ya vamos a arribar al segundo año del Gobierno federal, y no se puede decir de ninguna manera, que hemos alcanzado el paraíso

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