Culiacán, Sin.- Un atardecer que parecía transcurrir con normalidad sobre el bulevar Jesús Kumate Rodríguez se rompió minutos antes de las seis de la tarde, cuando el estruendo de varias detonaciones de arma de fuego encendió las alarmas en el sector surponiente de la capital sinaloense.
El pánico se apoderó de vecinos y automovilistas que transitaban por la carretera a El Dorado, dando pie a una serie de llamadas desesperadas al número de emergencias 911 que alertaban sobre un ataque armado a las afueras del residencial Molino de Flores y la posible presencia de una persona herida.
La respuesta no se hizo esperar. En cuestión de minutos, el estruendo de los disparos fue reemplazado por el ulular de las sirenas, mientras patrullas del Ejército Mexicano y de la Secretaría de Marina avanzaban a toda velocidad para acordonar el bulevar.
Al desplegarse en el lugar, las fuerzas federales se toparon con una escena enigmática: en uno de los cajones de estacionamiento exteriores reposaba un Nissan Tiida color gris arena, aparentemente bien estacionado y cerrado, pero con la huella indeleble de la violencia inscrita en su carrocería. La cajuela exhibía un impacto de bala limpio, cuyo proyectil atravesó el metal hasta salir por el guardafango derecho.
Entre el susurro de las sombras y la conmoción de los vecinos, los testimonios recabados por los uniformados comenzaron a reconstruir los segundos posteriores a los disparos.
Se supo que la víctima, malherida, logró correr tras la ráfaga de fuego para cruzar el acceso del fraccionamiento privado y buscar refugio desesperadamente en algún domicilio. Sin embargo, cuando los efectivos militares inspeccionaron la privada vivienda por vivienda, el agredido parecía haberse esfumado entre las calles de la zona residencial.
Sobre el asfalto helado por la tensión del momento, la evidencia quedó al descubierto. A pocos metros del vehículo baleado descansaban dos casquillos percutidos de arma corta. Junto a ellos, tirada en la vialidad, yacía una bolsa de plástico beige con tarros de salsa para mariscos rota, cuyos aderezos quedaron dispersos en la calle como mudo testigo de una rutina interrumpida de forma abrupta por la violencia.
Mientras los peritos realizaban las diligencias en el lugar del hallazgo, una llamada cruzó la frecuencia policial notificando el ingreso de una persona herida de bala a una clínica privada de Culiacán.
Sin embargo, las autoridades guardan cautela y aún no confirman si el paciente hospitalizado es el mismo hombre que logró escapar del atentado en Molino de Flores.
La zona se mantuvo bajo estricto resguardo federal hasta caer la noche, a la espera de que la Fiscalía estatal logre hilar las piezas de este ataque.
Redacción/LaPared