El cerco del miedo: La Feria Ganadera de Culiacán cruza entre casquillos, amenazas y sangre

El rugido de las ráfagas ha vuelto a acallar la música en Culiacán. En una ciudad donde el ocio se mide en términos de supervivencia y la rutina se quiebra al ritmo de los calibre 9 milímetros, la fiesta popular más importante de Sinaloa no se prepara entre serpentinas ni guitarras, sino bajo la sombra pesada de los casquillos percutidos, los mensajes de muerte en cartulina rosa y la sombra constante de la violencia.

Culiacán, Sin.- La línea entre la vida cotidiana, el entretenimiento y la guerra criminal en Culiacán es tan fina como el trazo a plumón sobre un pedazo de cartulina. La Feria Ganadera vuelve a quedar atrapada en ese callejón sin salida: la intención institucional de recuperar una de las festividades más representativas de Sinaloa frente a la ferocidad de una guerra entre las facciones de Los Chapitos y Los Mayos, del Cártel de Sinaloa, cuyo enfrentamiento estalló el 9 de septiembre de 2024 y que, desde entonces, no concede tregua a la población.

A pocos días de que el recinto abra sus puertas, la amenaza no solo se proyecta en los discursos oficiales ni en los despliegues de seguridad; se lee en las paredes, en los puentes y en los cuerpos caídos.

La violencia urbana no da pausas. Este jueves, el lenguaje del terror cobró una nueva víctima en plena zona comercial: un empleado de una pizzería fue ejecutado a balazos en horas de trabajo. Sobre la escena del crimen, los agresores arrojaron un mensaje escrito a mano sobre una cartulina rosa:

“Esto le va a pasar a toda aquella persona que siga creyendo en las mentiras del MF. Se tiene claro que todo el personal del Panic Botanic / Botanero está coludido, tanto meseros, personal de seguridad, personal de los baños, gerentes, RP, además del antro 200 / Segundo Piso, entre otros. La capital tiene la orden de hacer caso omiso. Aténganse a las consecuencias”.

El mensaje alude de manera explícita a establecimientos nocturnos del corredor del Desarrollo Urbano Tres Ríos. Entre ellos destaca el antro 200 / Segundo Piso, ubicado sobre el Boulevard Enrique Sánchez Alonso número 1523 (en el segundo nivel de Plaza Real). Se trata exactamente del mismo complejo comercial que el pasado 17 de septiembre se convirtió en el epicentro de una intensa movilización policial y militar tras la privación ilegal de la libertad del empresario joyero Luis Mario Zúñiga Ramos, hermano del reconocido comerciante Mario Ramos. En aquel episodio, Zúñiga fue interceptado y subido a fuerza a un vehículo por hombres armados en el estacionamiento del recinto, dejando en el lugar su camioneta blindada antes de ser liberado días después.

Por su parte, Panic Botanic, otro de los giros nocturnos señalados en la manta, se sitúa apenas a unos metros sobre el mismo corredor gastronómico y de vida nocturna de Sánchez Alonso (en el número 2083). Hoy, la sombra de esa disputada arteria comercial vuelve a ser invocada en una advertencia salpicada de sangre.

Ese mismo clima de zozobra envuelve al recinto ganadero, al sur de la ciudad. La mañana del lunes 2 de noviembre, hombres armados dispararon contra la fachada principal de la Feria Ganadera. En el suelo quedaron regados alrededor de 17 casquillos percutidos y la estructura exterior terminó perforada por casi una decena de impactos de bala. Aunque no se registraron heridos, los proyectiles volvieron a pulverizar la expectativa de un retorno a la normalidad en un espacio que intentaba reabrir su emblemático palenque tras dos años de suspensiones y restricciones.

El ataque del 2 de noviembre no fue un hecho aislado. Es el eco de una historia reciente marcada por el fuego. El 7 de noviembre de 2024, cuando la conflagración criminal apenas cumplía dos meses de haber estallado, la taquilla de la Feria Ganadera fue tiroteada e incendiada. Aquella agresión forzó la cancelación definitiva de la edición. Dos años después, el ruido de los disparos regresa al mismo sitio justo cuando los organizadores buscaban devolverle a Culiacán su mayor fiesta popular.

Narcomantas y el lenguaje de la amenaza

La intimidación contra la Feria no se ha limitado a los ataques contra la infraestructura. Pocas horas después de los disparos en el inmueble, una narcomanta amaneció colgada de un puente peatonal en Culiacán. El texto apuntaba directamente a los escenarios:

“Se solicita, de la manera más atenta a los artistas que tengan programadas presentaciones en el Palenque de Culiacán, se abstengan de llevarla a cabo, a fin de evitar cualquier tipo de represalia en su contra”.

El aviso se extendía sin rodeos al público, exhortando a la población a no acudir a los espectáculos bajo la advertencia de severas consecuencias. Elementos del Ejército retiraron la tela, pero el mensaje ya había saltado a las plataformas digitales.

En Culiacán, donde las redes sociales se han transformado en una bitácora en tiempo real de tiroteos, despojos y bloqueos, la frontera entre la información verificada y el rumor malintencionado se desdibuja fácilmente. En ese contexto, acudir a una noche de palenque deja de ser una decisión de ocio para convertirse en un cálculo familiar de riesgo.

El antecedente: la suspensión de 2024 y la edición contenida de 2025

El antecedente que pesa sobre la memoria colectiva es el de noviembre de 2024, el punto más crítico del quiebre entre las facciones del crimen organizado surgido el 9 de septiembre de ese año. En aquel momento, con la feria programada del 14 de noviembre al 1 de diciembre, la agresión a las taquillas y las intimidaciones constantes derivaron en el cierre definitivo de los portones. La Unión Ganadera Regional de Sinaloa suspendió el evento argumentando la imposibilidad de garantizar la rentabilidad económica y la seguridad. Los empresarios del palenque hicieron lo propio.

En 2025, la celebración volvió de forma contenida. El entonces gobernador Rubén Rocha Moya autorizó la apertura del área ganadera, el tianguis, los juegos mecánicos y el Teatro del Pueblo, pero vetó categóricamente el palenque por razones de seguridad. Aquella decisión dejó fuera uno de los principales atractivos económicos y de entretenimiento del festejo.

Para esta edición 2026, la apuesta era el regreso total del palenque con una cartelera independiente. Sin embargo, las intimidaciones se adelantaron a la apertura de las puertas.

Tres detenidos y un despliegue de 3 mil efectivos

A la par de las intimidaciones en las calles y los hechos violentos en establecimientos comerciales, el Grupo Interinstitucional reportó la detención de tres personas —entre ellas un menor de edad— en el sector Barrancos. Fueron ubicados mediante seguimiento tecnológico tras desplazarse en dos vehículos con características coincidentes con las unidades que participaron en el ataque a la fachada de la feria del 2 de noviembre.

Aunque las aprehensiones fueron presentadas como un avance en las investigaciones, las autoridades no han precisado si los detenidos actuaron por cuenta propia o bajo órdenes de las facciones en pugna, ni si guardan relación directa con las narcomantas dirigidas a los artistas.

Para contener el colapso del evento, el Gobierno de Sinaloa anunció el despliegue del Plan de Seguridad Feria Ganadera 2026, un operativo integrado por 3 mil elementos de las fuerzas federales, estatales y municipales. La estrategia contempla tres anillos de contención, patrullajes permanentes en los accesos, la instalación de arcos detectores de metales, vigilancia con drones y binomios caninos dentro y fuera del predio.

La gobernadora Graciela Domínguez Nava afirmó que existe comunicación constante con la Unión Ganadera Regional de Sinaloa para mantener en pie el calendario:

“La Unión Ganadera nos ha dicho que sí y nosotros estamos ayudando con ellos en lo que ellos requieren”, declaró.

No obstante, al ser cuestionada sobre la existencia de extorsiones directas o amenazas dirigidas hacia los miembros del comité organizador, la mandataria argumentó desconocer si se han presentado tales presiones e instó a que, en caso de haberlas, se interpongan las denuncias correspondientes ante la Fiscalía.

El veredicto de las calles

Mientras las autoridades exhiben mapas tácticos, prometen despliegues de 3 mil hombres y levantan tres anillos de contención para blindar el recinto, la verdadera ley de Sinaloa sigue escribiéndose a balazos y en trazos de tinta rosa sobre cartones de muerte.

En Culiacán nadie necesita un boletín oficial para entender los riesgos: el pánico se respira en el vapor del queso quemado de una pizzería donde un trabajador yace ejecutado, en los puentes peatonales que amanecen convertidos en pizarras del crimen y en los impactos de plomo que aún decoran la fachada de la feria.

Por más que el discurso institucional pretenda sostener la ilusión de una fiesta popular recuperada, el miedo ya compró el primer boleto. Y en esta capital exhausta, donde hasta salir a cenar o cantar en una gradería se ha vuelto un acto de absoluta audacia, la población sabe que entre los uniformes del Estado y la voluntad de los poderosos de la sombra, la última palabra nunca la tiene el gobierno.

Por Redacción / La Pared

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