SEDENA: EL TAMAÑO DE LA INDIGNACIÓN

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Pone Cienfuegos su mirada en Sinaloa por ataque a milicia

 

 Columna Institucional

LA SALVAJE Y ARTERA emboscada contra un convoy militar en la madrugada del 1 de octubre ha servido para desnudar, nuevamente, la mezquindad de una sociedad que ha perdido no solamente su capacidad de asombro sino también, lamentablemente, cualquier dejo de sensibilidad.

Pareciera que más allá del estallido mediático, queda en el seno de nuestra comunidad la comodidad del “ni modo” o el fatal “así son las cosas”. Esa es la realidad de Sinaloa.

El evento, lamentable, penoso, sirvió para desatar golpeteo político y el abuso a discreción de las redes sociales. El chisme del supuesto “toque de queda” se esparció libremente, sin ser atajado a tiempo, porque las autoridades estuvieron más atentas a defenderse de las críticas y a deslindar responsabilidades.

Hoy, el sector militar está de luto pero también sumamente indignado. La visita del secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, no fue gratuita. El tono de sus expresiones fue de coraje, de una indignación institucional que habrá que seguir de cerca. El general no se anduvo con medias tintas.

“SEPAN QUE VAMOS CON TODO, con la ley en la mano y la fuerza que sea necesaria. Nadie por encima de la ley. Que la fuerza que apliquen tendrá la respuesta que corresponda…”.

Se advierten en las palabras del general Cienfuegos el justificado coraje y que si alguien advierte signos de amenaza, no está lejos de la verdad. Se hace comprensible, al menos hay quien se lamente de que sucumban militares, de saberlos perdiendo la vida en el cumplimiento de su deber.

Más acá, grupos a los que parece no importarles y al contrario, se quejan y reclaman porque se acuse a los hijos del “Chapo” Guzmán de estar tras el salvaje ataque en donde murieron cinco militares. Puede y sean los mismos sectores que le dan cobijo social a los representantes del crimen organizados y que se llenan la boca criticando a los “policías corruptos”.

 LOS HECHOS han servido para críticas que no pueden pasarse por alto y que tienen mucho de razón. Nadie se ha salvado, desde las autoridades locales, estatales y hasta el ejército mismo. Difícil a veces prever la traición, las delaciones, el descuido y las omisiones. Pero el punto central lo es la muerte de cinco militares, el luto en cinco familias, el profundo pesar en una institución que se dedica a cuidar a la ciudadanía.

Tampoco es relevante especular acerca de si el herido que venía en la ambulancia era o no, “el Kevin” o si el hermano de Guzmán Loera. Quien haya sido, más de 60 sicarios asesinando emboscados a las fuerzas militares, es ahora el objetivo del estado mexicano, debe serlo.

Guardando las proporciones, el o los responsables de esta matanza son ahora para las autoridades mexicanas lo que en su momento fue Osama Bin Laden para el gobierno de los Estados Unidos. Una batalla que no se pueden dar el lujo de perder.

Más que anecdótico, de dar pena que “alguien” haya salido para hablar en defensa de los hijos del “Chapo” y expresar que los aludidos sientan que “es una infamia que los acusen”. ¡Pobres angelitos! Si uno pensaría que van para monaguillos o sacristanes…

ENVUELTO EN LA TORMENTA, el gobernador Mario López Valdez que llega al ocaso de su gobierno atestiguando un clima agravado de inseguridad. Se descompuso Mazatlán, esa era al parecer la única preocupación luego de que las cosas en Badiraguato “se habían arreglado”. El discurso sobre ese riel caminaba.

Apenas un día antes de la agresión al convoy militar, Gerardo López Vargas declaraba que “todo estaba en orden” y tal parece que el secretario general de gobierno fungió nuevamente como ave de mal agüero. Otra vez la realidad superó las expectativas de un gobierno que todo indica, ha quedado deber en varias asignaturas, especialmente en la protección al sinaloense.

También coincidieron los hechos con la renovación del poder legislativo, entran unos por otros, pareciera que fueran los mismos, con las mismas intenciones y con la misma mínima o casi nula altura de miras. Desde ahí, opacidad, extrema opacidad y cero exigencia por presionar al Ejecutivo para tomar decisiones de fondo.

La realidad de Sinaloa tal parece que se ha ido construyendo con mucho baile y poca decisión. Con más frivolidad que seriedad. En la percepción del colectivo, MALOVA desafortunadamente se irá con más pena que gloria.

¿QUÉ ES LO QUE SIGUE? Estaremos atento al devenir de un caso que ha lastimado profundamente al estado, otra vez manchado en su imagen y otra vez dañando al de por sí muy agraviado “tejido social”.

En el colmo del conformismo, no se puede decir que “lo bueno” es hayan llegado a Sinaloa cientos de elementos de las fuerzas especiales del ejército, que vayan a hacer detenciones y con ello, dirán, “las cosas se calmarán”. No, esto apenas una aspirina para el mal cíclico que aqueja la región.

Que si fuera para aplicar medidas permanentes, para aplicar vacunas y esterilizar al estado, excelente, sobre todo si se dirigen a erradicar tanto impunidad como corrupción. Pero, no, al parecer todo será acatar lo que dijo el general: “todo la fuerza”.

Mejoralitos para el mal…

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