Cacería implacable en Culiacán deja 2 abatidos y 4 detenidos: De la furia de la Marina en El Diez al infierno de Costa Rica

Culiacán, Sin.- La guerra por las calles de Culiacán no se detiene; solo cambia de escenario. Mientras la ciudad intentaba respirar, un operativo de precisión quirúrgica por aire y tierra en la comunidad de El Diez desató una implacable reacción en cadena que, horas más tarde, terminó teñida de sangre y pólvora en los caminos vecinales de Costa Rica.

El saldo final de esta doble jornada de fuego: dos civiles abatidos, cuatro detenidos (uno de ellos herido de bala), seis fusiles de asalto asegurados y un cargamento de metanfetamina. Aquí la crónica de una persecución que comenzó bajo el rugido de las hélices y terminó en la oscuridad de las brechas.

Acto I: El rugido en El Diez y el sospechoso de la moto

El miércoles por la tarde, el cielo sobre la comunidad de El Diez se llenó con el estruendo metálico de los helicópteros de la Marina Armada de México. Volaban bajo, casi rozando las azoteas, guiando a las fuerzas de tierra. Abajo, un convoy de camionetas artilladas cerró las salidas, asfixiando el escape de un domicilio bajo sospecha.

La tensión estalló en segundos. Un hombre de torso desnudo intentó romper el cerco a bordo de una motocicleta. No hubo espacio para la negociación: se cruzaron disparos y el sospechoso terminó en el suelo, con el pantalón manchado de sangre por un impacto de bala en la pierna. Los marinos lo aseguraron junto a un fusil de asalto, un cargador abastecido con 30 cartuchos y la motocicleta. Bajo custodia militar extrema, el herido fue trasladado al hospital.

Horas después, el boletín del Gabinete de Seguridad Federal registraría la captura de forma escueta, omitiendo la herida de bala y la ubicación exacta, reduciéndolo a un frío dato estadístico en la capital sinaloense. Pero el territorio tiene memoria: la cacería apenas comenzaba.

Acto II: 22:30 horas; emboscada en la oscuridad de Costa Rica

La captura en El Diez dejó cabos sueltos que las fuerzas federales y estatales se dispusieron a amarrar. La noche cayó pesada, y a las 10:30 de la noche, los faros de las patrullas del Grupo de Operaciones Especiales (GOES) de la Policía Estatal, el Ejército y la Guardia Nacional cortaron la negrura de los caminos de terracería en la sindicatura de Costa Rica.

Detectaron dos vehículos sospechosos que avanzaban a exceso de velocidad, levantando cortinas de polvo. Se inició la persecución por las brechas. Al verse acorralados por los vehículos oficiales, los civiles armados no dudaron: descendieron de las unidades con los dedos en el gatillo y abrieron fuego cruzado para intentar romper el cerco.

La respuesta del Grupo Interinstitucional fue inmediata y letal. El estruendo de los fusiles automáticos rompió el silencio del campo.

Cuando el polvo se asentó y cesaron los fogonazos, dos de los agresores yacían sin vida sobre la tierra. Los otros tres terminaron con las manos en la nuca, sometidos sobre el suelo.

El balance de la guerra: El saldo total

Detrás de la humareda y los casquillos percutidos quedó el inventario físico de una doble jornada violenta que desarmó una célula operativa. Al final de la línea, la suma de los dos golpes dejó fuera de circulación a cuatro presuntos delincuentes, entre ellos el civil que la Marina hirió y neutralizó en la moto sobre el asfalto de El Diez, mientras que en las brechas de Costa Rica la muerte alcanzó a dos de los pistoleros que decidieron no rendirse.

El arsenal arrebatado a la delincuencia organizada sumó seis armas largas de alto poder, compuestas por el fusil asegurado en el primer operativo y cinco fusiles AK-47, los temidos “cuernos de chivo”, recuperados tras el tiroteo nocturno.

Con ellos, las autoridades confiscaron 16 cargadores y un total de 440 cartuchos útiles listos para el combate, además de una cubeta repleta de artefactos “ponchallantas” metálicos que pretendían ser usados para frenar el avance de las patrullas.

En la huida fallida quedaron también tres vehículos asegurados: la motocicleta de El Diez y los dos automóviles en los que el grupo armado pretendía perderse en la oscuridad de Costa Rica. El golpe financiero se consolidó con el decomiso de 31 bolsas plásticas que ocultaban aproximadamente 25 kilogramos de metanfetamina, junto a cuatro radios de comunicación y dos teléfonos celulares que servían para coordinar el repliegue.

Tanto los sobrevivientes como los cuerpos de los abatidos y el material de guerra terminaron bajo el resguardo de la Fiscalía General de la República para clausurar otra noche donde la ley se impuso al costo de la pólvora.

Por Redacción/LaPared

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