Editorial
Mientras que a nivel nacional el panorama no resulta nada halagüeño, a pesar de los spot del presidente Enrique Peña Nieto que dicen que lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho, la realidad en Sinaloa no cambia, y de nuevo la embarcación parece en el naufragio de la violencia de los cárteles.
En medio de los dislates y quebrantos de la clase política, surge ahora otra nueva lucha de poder en el estado, ahora por agandallar los puestos de gobierno con la asunción del mazatleco Quirino Ordaz Coppel.
Las fuerzas políticas y criminales se reacomodan, eso nadie lo duda, pero al hablar en específico de política digamos que el nombramiento de la mazatleca Irma Leticia Tirado Sandoval al frete del Grupo Parlamentario del PRI en el Congreso es darle a Ordaz Coppel juego para mover las cosas en el Legislativo.
Por otro lado, Ordaz Coppel se ha manejado cauto al hablar de nombres para las secretarías clave de su gobierno, lo cual no quiere decir que no tenga ya perfiles, expedientes, nombres, y sobre todo un análisis de la administración malovista, la cual no anda muy bien en sus finanzas.
Si la estulticia y el cinismo marcaron al gobierno de López Valdez, la nueva hornada de políticos en el gabinete no pinta un panorama alentador. Malova ha sido un gobernante que no se ha atrevido a reconocer los puntos en los que fracasó –que dejémosle ventaja de que en otros anotó buena marcación-, como el proyecto de los hospitales generales que tronó por falta de transparencia.
Como las obras inconclusas que se iniciaron del megacrédito de 2 mil 600 millones de pesos que, según él, era para reactivar la economía, pero bien visto los bolsillos de los sinaloenses no mejora.
Solo por hablar de algunas cosas que no cambiaron en el “gobierno del cambio”, como el número de homicidios comparado con el sexenio de su antecesor Jesús Aguilar Padilla, que ya fue rebasado con creces.
Ahora con la administración de Ordaz Coppel, ¿algo cambiará? ¿Realmente hay expectativa de un gobierno humano, de uno que no medre del presupuesto y que sea una nueva fábrica de ricos?
Pero ya a estas alturas la sociedad vive en el hartazgo, no cree en la clase política y los únicos que parecen vivir en una realidad paralela son esos hombres y mujeres que gozan de los deliciosos platillos del dinero gubernamental, que próximo a concluir la fiesta de Malova, se frotan las manos para iniciar el aquelarre quirinista que durará solo cuatro años y diez meses, los suficientes para cantar la bonanza de unos cuantos pillos.
Sinaloa y México no están para experimentos. Los dos sexenios panistas resultaron un fiasco, pero la administración peñanietista ha llevado a un caos sin precedentes, en donde la figura e investidura del Presidente quedó hecha añicos por casos como la Casa Blanca, el plagio de la tesis, el departamento de la Gaviota, las matanzas de estudiantes y de personas a menos de oscuros asesinos, así como el Ejército metido a verdugo…
No hay cuentas buenas, señor Presidente, señor Gobernador, si no hay un orden dentro de este caos que asegura al menos lo más esencial a una sociedad agraviada: justicia, transparencia, honestidad. Muchas catástrofes, lo sabemos, no las puede controlar el Estado.
Editorial publicado en la edición número 10 de LA PARED que circula en Culiacán*