Talión
Sí, Eleuterio cometió un crimen horrendo; sí, se le estaba procesando por los canales legales que tenemos para hacer justicia; sí, ya nada ni nadie podrá regresar a la niña Alma Delia, de 6 años, víctima de un hecho barbárico.
Pero, ¿por qué decidimos regodearnos en el asesinato de este jornalero acusado de uno de los feminicidios más impactante de los últimos años, en lugar de sentir que con su homicidio en el interior del penal de Aguaruto, la justicia decae, no se cumple, y la muerte de la pequeña quedará impune.
El otro reo que mató a golpes a Eleuterio no hizo justicia. Eso debe asumirse. Tampoco fue un “castigo divino”. Sencillamente fue un crimen cometido a expensas de las autoridades que viven en la inopia y en la desidia.
Eso sí, quienes ostentan el poder se apresuraron a decir que se trató de una riña entre particulares, porque es más fácil soportar la idea para una autoridad, que el Estado no tuvo vela en el entierro. Total, todos los días matan ciudadanos.
El cuerpo de la niña Alma Delia fue trasladado al día siguiente de su crimen a su pueblo de la Costa Chica de Guerrero, se fue acompañado de una madre afligida que ha sufrido de manera sistemática violencia familia.
Víctimas de un sistema que condena a la miseria a estos grupos indígenas, los usuarios de redes celebran la muerte de Eleuterio, pero no se indignan ante las condiciones de pobreza de estos jornaleros que viven hacinados en estos campos que se lavan la cara con el argumento de que les ofrecen una ventana al futuro.
Si se quiere ver de otra manera, esta horrenda tragedia ocurrida el 28 de diciembre de 2021 en el campo agrícola La Capilla, tiene muchas víctimas: Alma Delia en primer lugar, su madre y sus hijos, a muchos niños sentenciados a repetir y vivir la precariedad, y también a Eleuterio, víctima-depredador.
No lo defendemos, pero ahora al final, también es víctima. ¿Dicen que no? No nos alegremos de ningún crimen, mejor recurramos a la rabia y a la indignación para construir una mejor sociedad. El asesinato de Eleuterio en una sórdida carraca del penal, no es otra cosa que el reiterado fracaso de las instituciones.
Sospechamos que por ahí va esta insana alegría por su muerte. Fracasado el sistema de justicia, no existe otra cosa más que la ley del talión.