Por Rafael Báez Molina
“Uno de los mayores compromisos del Papa Francisco contraídos públicamente al iniciar su pontificio fue precisamente no dar cuartel en la lucha al interior de la Iglesia Católica contra la pedofilia en el mundo entero, caiga quien caiga. Chile como otros países lo están viviendo”.
Cada año según las estadísticas, millones de católicos en el mundo están renunciando a la Iglesia derivado a tantos motivos pero principalmente por los sacerdotes acusados de pederastas. La Iglesia Católica en decadencia.
Aparte de los numerosos casos de abusos sexuales que han salido al descubierto en diferentes países, la polarización dentro de la Iglesia entre conservadores y liberales ha aumentado cada vez más, provocando gravísimas fracturas. Lo cierto es que el Papa Francisco parece que ahora sí va con todo en contra de los pederastas. La guerra ya está declarada y por supuesto que si esto es así, va a salir lodo de todas partes. El mundo católico tiene de nuevo una esperanza para que el Papa Francisco saque la podredumbre por primera vez sin dar cuartel a nadie. Los verdaderos sacerdotes que están entregados a Dios y que son muchos apoyan indefinidamente al sumo pontífice en esta encomienda.
“Benedicto XVI”, el 11 de febrero de 2013 de manera sorpresiva dejó el Pontificado en una decisión sin precedentes en la historia reciente del Vaticano, señalando que “después de haber examinado ante Dios reiteradamente su conciencia, llegó a la certeza de que sus fuerzas y avanzada edad, no se adecuaban por más tiempo al ejercicio de su Ministerio”.
Lo cierto es que jamás se va a saber la realidad de dicha decisión, aún cuando también se haya dicho que fue “por el declive de sus capacidades físicas y mentales”, pero ha persistido la sospecha que hubo algo más en la verdadera razón de su retiro. Sin embargo se dicen tantas cosas, uno de los rumores más avezados fue el de “un golpe de estado”.
Joseph Ratzinger había sido elegido como sucesor de Juan Pablo Segundo el 19 de abril de 2005 en el primer Cónclave del siglo XXI. Fue el pontífice número 265 de la Iglesia Católica, Nacido en Marktl Am Inn, Alemania, el 16 de abril de 1927. Debido a su “forzado retiro cuando apenas llevaba 8 años como jerarca ” el 13 de marzo de 2013, en el cónclave que se celebró se eligió como papa a Jorge Mario Bergoglio, quien manifestó su voluntad de ser conocido como “Francisco” en honor al Santo de Asís.
Bergoglio es el primer Papa jesuita del continente americano. Nació en Buenos Aires, Argentina el 17 de diciembre de 1936, reconocido como un líder nato tras bambalinas y con un dominio absoluto antes de su nombramiento.
En su breve reinado el “Papa Emérito” Benedicto XVI expulsó a unos 400 sacerdotes señalados como pederastas durante su pontificado, mientras que en la actualidad el papa Francisco ha relevado a obispos y sacerdotes en su mandato por ese motivo. El Vaticano señala que estas decisiones se han tomado “por el bien de la Iglesia”.
Influyentes medios de comunicación en el mundo escritos y electrónicos dieron a conocer la decisión del Papa Francisco al expulsar del sacerdocio al cura chileno Fernando Karadima por abusos sexuales a menores. En su pasada visita a Chile en enero de este año, el líder de la Iglesia Católica fue recibido bajo protestas con pancartas en contra de sacerdotes pederastas de ese país.
La prensa fue un factor determinante en esto, el hasta entonces influyente sacerdote Fernando Karadima estaba en el origen de todo. El religioso ya había sido condenado por la justicia canónica en 2011 en el papado de “Benedicto XVI, por acusaciones de repetidos abusos a menores, pero hombres de la extrema confianza del Papa, como el Obispo Juan Barros, le encubrieron durante años. Fue el ejemplo más claro de cómo la Iglesia prefería mirar hacia otro lado y encubrir su podredumbre a tomar medidas reales más allá de los grandilocuentes anuncios de tolerenacia cero. Hoy se cierra un penoso círculo de escándalos que explotó definitivamente con la visita del Pontífice a Chile y que ha provocado la dimisión de toda la cúpula eclesial de ese país y la expulsión del sacerdocio del propio Karadima.
La Iglesia católica atraviesa una de las mayores crisis de credibilidad moral desencadenada por una interminable lista de abusos a menores en todo el mundo y el encubrimiento sistemático de su jerarquía.
Chile, Australia, México, Irlanda, Estados Unidos, Alemania, entre otros países, conforman un vasto mapa de monstruosidades que poco a poco, han ido salpicando a los últimos pontificados poniendo incluso en cuestión la credibilidad del Vaticano sobre el conocimiento que acreditó tener de ellos. El papa Francisco, acorralado por los últimos escándalos, devolvió vigor a la lucha contra los abusos después de su viaje a Chile, donde paradójicamente comenzó poniendo en duda la veracidad de las acusaciones de las víctimas de Karadima. Calificó las denuncias a Barros como calumnias y pidió que se le entregaran pruebas. Él mismo se dio cuenta del error que había cometido y encargó una histórica investigación que ahora llega hasta el origen de aquel caso.
También reconoció que “la Iglesia católica alemana pidió perdón por los abusos a menores durante décadas”. El portavoz de la Santa Sede argumentó que hay dos claves para entender este decreto: la primera, que el Papa lo hace en conciencia. La segunda, la motivación: por el bien de la Iglesia”. La dimisión del estado clerical de Fernando Karadima es un paso más en la línea férrea del Papa Francisco ante los abusos. “Estamos ante un caso muy serio de podredumbre y hay que arrancarlo de raíz. Se trata de una medida excepcional, sin duda, pero los delitos graves de Karadima han hecho un daño excepcional en Chile”.
La medida, sin embargo, sienta un precedente muy claro que deberá servir para futuras condenas. En mayo el pontífice mandó llamar a 34 obispos chilenos al Vaticano y estos presentaron sus renuncias en bloque tras reconocer que habían cometido “graves errores y omisiones”. El Vaticano ya ha aceptado las renuncias de siete sacerdotes, pero hasta ahora solo había expulsado por su implicación en abusos sexuales a Cristián Precht, un cura simbólico de la lucha contra la dictadura de Pinochet. Precht estuvo entre 1976 y 1979 en la Vicaría de la Solidaridad, que se enfrentó a los militares y los paralizados tribunales de Justicia y funcionó como aparato de contrainteligencia ante el régimen.
Las víctimas de Karadima y Barros, a quienes el Papa invitó pasar unos días en su residencia de Santa Marta en el Vaticano, celebraron la decisión. Juan Carlos Cruz, uno de los más combativos, reaccionó en Twitter: “El pedófilo Karadima expulsado del sacerdocio. Nunca pensé que vería este día. Un hombre que le arruinó la vida a tantas personas. Agradezco que el Papa Francisco haya tomado esta determinación al fin. Espero que muchos sobrevivientes sientan un ligero alivio hoy”. Sin embargo, también arremetió contra los cardenales Ezzati y Errázuriz, a quienes acusa de encubrir los crímenes y han estado estos años muy cerca del Papa.
La destacada y reconocida periodista Rocío Montes, de Chile asì como otros colegas, escribió que era una decisión esperada tantos años.
La expulsión del sacerdocio a Karadima en Chile por el Papa Francisco lleva adelante una histórica limpieza y la Fiscalía destapa día a día nuevas causas de delitos sexuales cometidos por religiosos en todo el país: ocho obispos y 221 sacerdotes son investigados y las causas abiertas llegan a 126, aunque aumentan cada día. En Chile no se comprendían las razones para mantener a Karadima dentro de la institución, aunque su salida parecía inminente luego de que el Papa decidiera aplicar el mayor castigo posible; el de la expulsión, también contra el sacerdote Cristián Precht, un ícono de la lucha contra la dictadura acusado de “conductas abusivas con menores y mayores de edad”.
Los periodistas investigadores en este tema tan delicado señalan que hace 7 años, Karadima había sido condenado por la Iglesia por abusos sexuales contra menores, pero logró evadir a la justicia penal amparado en la prescripción de sus delitos. Era un abusador de niños, de jóvenes y en paralelo, símbolo del clasismo, del apego de una parte de la Iglesia al poder económico y social, de la derecha doctrinaria que defendió el régimen militar de Pinochet. Desde la parroquia El Bosque, en una buena zona de Santiago de Chile, formó una especie de secta a su alrededor. Fue un cura influyente que armó un imperio financiero y un formador de obispos. De los 7 que desde mayo han dejado sus cargos luego de que el Papa les aceptara la renuncia, 4 han salido por su cercanía con Karadima y por parecer insostenible que hayan encubierto sus delitos.
El influyente sacerdote Fernando Karadima estaba en el origen de todo. El religioso ya había sido condenado por la justicia canónica en 2011 por repetidos abusos a menores, pero hombres de la extrema confianza del Papa, como el Obispo Juan Barros, le encubrieron durante años. “El Santo Padre ha tomado esta decisión excepcional en conciencia y por el bien de la Iglesia”, precisa la Santa Sede.
El Fiscal de Chile Emiliano Arias, principal investigador del país de los casos de abusos sexuales contra menores cometidos por miembros de la Iglesia católica chilena, ordenó un allanamiento simultáneo en los obispados de 4 ciudades del país sudamericano. En conjunto con la policía, Arias lideró incautaciones en las oficinas de la institución en el puerto de Valparaíso y Chillán, Concepción y Osorno (sur). Con estas nuevas diligencias, el fiscal completa 7 allanamientos en los últimos 3 meses, que se suman a los llevados a cabo por otros persecutores.
La Fiscalía Chilena triplica el número de investigaciones por abuso de obispos y sacerdotes “sabemos que hubo religiosos que destruyeron evidencias sobre abusos sexuales en Chile”
El Ministerio Fiscal prefirió incautar los documentos sin previo aviso y no solicitarlos porque temía que los sacerdotes destruyeran antecedentes valiosos para alguna de las 119 causas abiertas en contra de miembros del clero. “Sabemos que hubo religiosos que destruyeron evidencias sobre abusos sexuales en Chile”, señaló en julio Emiliano Arias en una entrevista con EL PAÍS.
En los allanamientos realizados, el Fiscal recogió información sobre casos de abusos sexuales contra menores entre el año 2000 y la actualidad. El Ministerio Público está convencido de que los sacerdotes no denunciaban a la justicia cuando tenían conocimiento de este tipo de delitos, de ahí que se busque todos los documentos que puedan ayudar a abrir nuevos casos o a robustecer los que se investigan. La Fiscalía también sostiene que la Iglesia no daba la atención adecuada a los menores víctimas de abusos, no les creía, no daba curso a las investigaciones y no cumplía la obligación de enviar las denuncias a la Congregación de la Doctrina de la Fe del Vaticano.
2018 es un año negro para la institución religiosa en Chile, sometida a una histórica limpia tras la visita del Papa en enero pasado. Su máximo líder, el arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, está imputado por encubrimiento de abusos sexuales a menores y pese a haber cumplido la edad de retiro y de haberle entregado la renuncia al Papa, como lo tuvieron que hacer todos los obispos del episcopado chileno en medio de la crisis, el Papa Francisco no lo ha reemplazado. La situación de Ezzati fue de tal complejidad que no ofició el Te Deum ecuménico que se celebra cada 18 de septiembre con motivo de la fiesta patria chilena.
Arias tiene en sus manos una pieza importante: el caso de Óscar Muñoz, arrestado por estupro y abuso sexual reiterado contra menores. Hasta principios de año era el canciller de la Iglesia y, por lo tanto, parte de la jerarquía. En el ejercicio de ese cargo tenía el deber de interrogar a los niños abusados y resguardar los archivos secretos del Arzobispado de Santiago, donde están todas las investigaciones canónicas. Solo dos personas tenían llaves de ese lugar: Ricardo Ezzati y Muñoz. El fiscal sospecha que se trata de un eslabón crucial para comprobar la cultura del encubrimiento dentro de la Iglesia católica chilena que ha posibilitado la comisión de delitos al interior de la organización. Este camino le lleva directamente a los obispos que serían los garantes de la protección de los menores.
La Fiscalía Chilena triplica el número de investigaciones por abuso de obispos y sacerdotes. El Ministerio Público mantiene bastantes causas abiertas gracias a diferentes incautaciones en dependencias eclesiales.
El 3 se septiembre de 2018, la periodista Rocío Montes escribió que en menos de tres meses, la Fiscalía chilena ha realizado 11 allanamientos a dependencias de la Iglesia Católica en tres regiones de Chile, entre ellas la capital, lo que ha permitido al Ministerio Público triplicar el número de causas abiertas por delitos sexuales contra menores en el seno del clero.
Entre los imputados el arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, que fue citado a declarar por encubrimiento. La diligencia estaba fijada para el pasado 21 de agosto, pero fue suspendida: la defensa del líder de la Iglesia católica chilena realizó la solicitud para estudiar los nuevos antecedentes que día a día engrosan el proceso y el fiscal Emiliano Arias aún no ha dado a conocer la nueva fecha. Ezzati está en una situación imposible: no ha cursado su retiro, aunque en enero cumplió la edad necesaria y fuese parte de la renuncia en masa que tuvieron que realizar todos los obispos del episcopado chileno en medio de la crisis. Mientras los escándalos sexuales explotan en todo el país y las últimas misas que ha celebrado fueron interrumpidas con abucheos.
Ezzati no pudo ejercer su cargo después de que dirigentes políticos de diferentes sectores pusieran en tela de juicio su moralidad. Entre los críticos estaba el propio presidente chileno, Sebastián Piñera. “Sabemos que hubo religiosos que destruyeron evidencias sobre abusos sexuales en Chile”.
El principal encargado de perseguir estos delitos cometidos por sacerdotes en el país explica por primera vez su decisión de imputar al líder de la iglesia chilena. “Vamos a hacer un juicio histórico”, aseguró.
Continúa lo escrito por Rocío Montes que el 21 de agosto, el fiscal Emiliano Arias (Chillán, 1972) enfrentó al líder de la Iglesia católica chilena, el arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, al que interrogará como imputado por encubrir abusos sexuales de religiosos a menores. Un hecho inédito en Chile, un país que en la dictadura de Pinochet tenía una de las Iglesias con mayor reputación del hemisferio —porque ayudó a perseguidos y se enfrentó al régimen—, pero cuya popularidad cayó en picada en las últimas décadas con un resultado evidente: la ciudadanía va camino de la secularización, empujada por la conducta de la jerarquía eclesiástica en los consecutivos escándalos sexuales cometidos por religiosos, que afectan sobre todo a niños, niñas y adolescentes. Un 38% de los chilenos dice no profesar ninguna religión, récord que dobla la media en la región.
Arias es el principal encargado de perseguir en Chile los delitos de este tipo cometidos por sacerdotes. Hasta ahora no se había referido a su decisión de imputar a Ezzati, ni sus motivos para investigar a la cuestionada jerarquía de la Iglesia Católica Chilena
La Nunciatura Apostólica ha comunicado que el Papa nombró como administrador apostólico a Sergio Pérez de Arce Arriagada en Chillán y a Jaime Ortiz de Lazcano en San Felipe.
La Iglesia Católica Chilena está sumergida en una crisis profunda: escándalos sexuales explotan en todo el país y la Fiscalía, gracias a los allanamientos a las oficinas de la institución, sigue engrosando sus investigaciones. Junto con las siete renuncias aceptadas, sin embargo, el Papa solo ha expulsado del sacerdocio a Precht, que había sido suspendido entre 2012 y 2017 por “conductas abusivas con menores y mayores de edad”. Aunque había cumplido la sanción, nuevas denuncias fueron informadas en agosto a la Congregación para la Doctrina de la Fe. Fue el propio Papa el que determinó su salida, pero no se conocen hasta ahora los detalles que llevaron al papa Francisco a tomar esta decisión.
El sacerdote Raúl Hasbún, que fue defensor canónico de Precht en la investigación de 2012, dijo que se buscaría anular la sentencia: “Fue condenado sin que se le haya instruido un proceso”, indicó en una carta al diario El Mercurio. Pero el oficial de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Jordi Bertomeu, cerró el paso a una posible anulación. “Estamos ante un acto del Santo Padre inapelable”, indicó el presbítero al mismo periódico.
El Papa Francisco quiere que la Iglesia católica “actúe con decisión” para erradicar los abusos sexuales a menores por parte de los sacerdotes y que asegure que los culpables sean juzgados, dijo el Vaticano. Fuentes oficiales aseguran que el Pontífice, en una reunión con el presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe (antiguo Santo Oficio de la Inquisición), el arzobispo Gerhard Muller, declaró que combatir los abusos sexuales es importante para “la Iglesia y su credibilidad”. El nuevo Papa ha heredado una Iglesia plagada de problemas y de escándalos relacionados con el abuso de menores. Es la primera declaración que ha trascendido del papa Francisco sobre esta espinosa cuestión.
La orden del Papa Francisco a su ‘ministro’ doctrinal remacha una anterior del emérito Benedicto XVI decidiendo “tolerancia cero”. Ocurrió después de llegar al pontificado, en la primavera de 2005, pero no siempre fue obedecido. “Sí, hay que decir que es una gran crisis. Ha sido estremecedor para todos nosotros. De pronto, tanta suciedad. Realmente ha sido como el cráter de un volcán, del que de pronto salió una nube de inmundicia que todo lo oscureció y ensució”, dijo tras conocerse nuevos episodios de abusos sexuales a menores por parte de eclesiásticos en Irlanda y Australia.
Consciente de que la pederastia en la Iglesia romana ha sido el gran debate a lo largo del pontificado anterior, el Papa Francisco quiso que el primer tema a tratar con el prefecto (ministro) encargado del tema, el arzobispo alemán Muller, uno de los últimos nombramientos del Papa Ratzinger, que había desempeñado el mismo cargo durante una veintena de años.
En realidad, Ratzinger accedió al pontificado clamando contra la “suciedad” clerical, hasta entonces tapada por la Curia vaticana. “¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar entregados al Redentor! ¡Cuánta soberbia! La traición de los discípulos es el mayor dolor de Jesús. No nos queda más que gritarle: Kyrie, eleison. Señor, sálvanos”, dijo al resto de los cardenales en vísperas del cónclave donde fue elegido papa.
Fue en la prensa norteamericana desde donde se lanzaron los primeros y los más gruesos pedriscos contra el Vaticano, en forma de noticias sobre sacerdotes e incluso obispos que llevaban años abusando sexualmente de niños y niñas confiados a su ministerio moral. Los datos eran aplastantes, con miles de nombres de culpables y víctimas, y también con testimonios sobre cómo los prelados habían maquinado meticulosas operaciones de silencio, con traslados de clérigos pederastas de una diócesis a otra para protegerlos, y con indemnizaciones a las víctimas a cambio de librar a los delincuentes de la justicia civil.
“Somos pastores, no policías”, se disculpaban los jerarcas. “Si no podemos ser castos, al menos seamos cautos”, aconsejaban a veces.
Otros prelados achacaban los escándalos a campañas de los enemigos de la Iglesia. Esta fue la tesis de Ratzinger durante una visita, en noviembre de 2002, a la Universidad Católica de Murcia para hablar sobre Jesucristo, camino, verdad y vida. Un periodista le preguntó si creía que “los escándalos desatados en Estados Unidos eran fruto de una campaña mediática”. Esto fue lo que dijo entonces el futuro papa: “Personalmente estoy convencido de que la presencia mediática constante de los pecados de los sacerdotes católicos es una campaña planeada, puesto que el porcentaje de esos escándalos no es más alto que en otras categorías profesionales, e incluso es menor. La constante presencia de esas noticias no se corresponde con la objetividad de la información estadística de los hechos. Uno llega a la conclusión de que se trata de una campaña intencionada y manipulada con un deseo expreso de desacreditar a la Iglesia
Lo cierto es que cuando Ratzinger tomó la decisión de cambiar de rumbo —y de normas legales— para combatir la pederastia era ya demasiado tarde. La suciedad había saltado por la ventana, con grave daño para la fama y el prestigio de las jerarquías del catolicismo. Desde entonces hasta ahora, todos los años han sido annus horríbilis en el Vaticano, porque después llegaron en cascada las peores noticias de abusos y complicidades también en Irlanda, Alemania, Bélgica, Italia y España, entre otros países.
Al margen de excesos en algunos medios de comunicación amarillos, los documentos oficiales del Vaticano, una y otra vez reproducidos, dejaban claro que había habido en la Curia, durante décadas, una intención firme de ocultar los abusos sexuales de clérigos y hacer oídos sordos a las denuncias de las víctimas.
Ratzinger lo sabía, porque él mismo había firmado alguno de esos documentos. Ante cualquier denuncia hay que asegurar la reserva total, se decía en una instrucción papal de 1962. También era consciente de la “suciedad” y la “soberbia” con que se seguía actuando en algunas Iglesias nacionales y en despachos de la propia Curia.
Durante su viaje a Chile, el Papa Francisco rechazó las acusaciones contra el obispo Javier Barros, quien supuestamente encubrió los abusos del reverendo Fernando Karadima, y las tildó de “calumnias”. Según Jorge Bergoglio, ninguna víctima había reportado lo ocurrido. Sin embargo, en 2015 recibió la carta de una víctima que describía con detalle los abusos sexuales que sufrió y cómo las autoridades eclesiásticas chilenas intentaron ocultarlo. De acuerdo con un despacho informativo de la agencia Associated Press (AP), el hecho de que Francisco recibiera la misiva de ocho páginas cuestiona sus insistencias de “tolerancia cero” a los abusos sexuales, y pone en duda su declarada empatía con los sobrevivientes de abusos, en la crisis más seria de sus cinco años de papado.
El escándalo estalló cuando el viaje del papa Francisco a Sudamérica se vio empañado por las protestas en contra del obispo Juan Barros, acusado por las víctimas de encubrir los abusos del reverendo Fernando Karadima.
Durante su viaje, el papa Francisco rechazó de plano las acusaciones contra Barros y las tildó de “calumnias”. En el avión de vuelta al Vaticano, ante preguntas de los periodistas, el Papa dijo: “Usted me dice con buena voluntad que existen las víctimas. Pero yo no las he visto, no se han presentado”. De acuerdo con miembros de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, en abril de 2015 enviaron una delegación a Roma específicamente para entregar la misiva sobre Barros.
La carta de Juan Carlos Cruz describía los abusos, besos y manoseos que dice haber sufrido a manos de Karadima, unos abusos que –afirmó– Barros y otras personas presenciaron e ignoraron. Cuatro miembros de la comisión se reunieron con el máximo asesor del papa Francisco en la lucha contra los abusos, el cardenal Sean O’Malley, a quien explicaron sus objeciones al reciente nombramiento de Barros como obispo en el sur de Chile y le entregaron la carta para el pontifice.
“Cuando le dimos (a O’Malley) la carta para el Papa, nos aseguró que se la daría y hablaría de las preocupaciones”, dijo la entonces integrante de la comisión Marie Collins. “Y en una fecha posterior nos aseguró que eso se había hecho”. Aunque la reunión en 2015 de la comisión papal fue publicitada en su momento, el contenido de la carta de Cruz –y una fotografía de Collins entregándola a O’Malley– no se habían revelado.
El caso de Barros comenzó a dar de qué hablar en enero de 2015, cuando el Papa Francisco lo nombró obispo de Osorno, en Chile, pese a las objeciones de la conferencia episcopal chilena y muchos sacerdotes y legos locales.
Ellos consideraban creíble el testimonio contra Karadima, sacerdote chileno a quien el Vaticano declaró culpable de abuso de menores en 2011. Barros era un protegido de Karadima, y según Cruz y otras víctimas presenció los abusos y no hizo nada.
“Santo Padre, me animé a escribirle esta carta porque estoy cansado de pelear, llorar y sufrir”, escribió Cruz. “Nuestra historia es bien conocida y no tiene sentido recordársela, basta contarle el horror de haber vivido este abuso y las ganas de suicidarme”.
Cruz y otros sobrevivientes han denunciado durante años el encubrimiento de los crímenes de Karadima, pero fueron tachados de mentirosos por la jerarquía eclesiástica chilena y el propio embajador del Vaticano en Santiago de Chile, que rechazó varias peticiones de reunirse con ellos antes y después del nombramiento de Barros.
Después de que las declaraciones del papa Francisco en apoyo de la Iglesia chilena causaran indignación en el país, el Papa se vio obligado a cambiar de postura: el Vaticano anunció que enviaría a su investigador más respetado de crímenes sexuales para tomar declaración a Cruz y otras personas sobre Barros.
En la misiva al Papa, Cruz implora a Francisco que le escuche y cumpla su promesa de “tolerancia cero”. “Santo Padre, una cosa es el tremendo dolor y angustia del abuso tanto sexual como psicológico al que fuimos sometidos, pero quizá hasta peor es el terrible maltrato que hemos recibido de nuestros pastores”, escribió.
Juan Barros en declaraciones recientes, indicó que nunca había sabido ni imaginado los abusos de Karadima.
Cruz llegó a la comunidad de Karadima en 1980 como un adolescente vulnerable, afectado por la reciente muerte de su padre. Ha dicho que Karadima le dijo que sería como un padre espiritual para él, pero en lugar de eso abusó sexualmente de él.
Basándose en el testimonio de Cruz y de otros miembros de la parroquia, el Vaticano retiró en 2011 a Karadima del sacerdocio y le condenó a una vida de “penitencia y oración” por sus crímenes.
A sus 87 años de edad vive en una casa para sacerdotes ancianos en Santiago de Chile.
Protege el Vaticano a curas pederastas: ONU
Guardó silencio sobre abusos sexuales de sacerdotes católicos contra niños y niñas, y encubrió sus crímenes. La Iglesia violó la Convención de Derechos del Niño, afirma el Comité, quien exige destituir a religiosos conocidos o sospechosos de delitos sexuales por lo que pide llevar a los abusadores ante la justicia civil para que sean juzgados
La Organización de Naciones Unidas (ONU) acusó al Vaticano de mantener un código de silencio sobre décadas de sistemático abuso sexual de decenas de miles de niños y niñas por parte de sacerdotes católicos a los que ha protegido y encubierto pese a sus crímenes.
El Comité de los Derechos de los Niños de la ONU aseveró que la sede pontificia ha violado la Convención de Derechos del Niño, exigió que la Iglesia católica destituya inmediatamente a todos los religiosos conocidos o acusados de haber cometido delitos sexuales contra menores para que enfrenten a la justicia civil.
La ONU dio a conocer un informe con críticas sin precedentes a la Iglesia católica en momentos en que el Vaticano goza de una renovada imagen positiva gracias a la popularidad del papa Francisco. El Vaticano, sin embargo, ya esperaba la difusión de este reporte, que representa la mayor mancha en la imagen global del catolicismo, pues el comité de la ONU comenzó sus investigaciones para este informe en 2010, cuando se dispararon en Europa acusaciones de que clérigos católicos habían abusado de menores de edad.
El Comité afirmó que sus integrantes están sumamente preocupados de que la Santa Sede no haya reconocido las dimensiones de los crímenes cometidos y no ha tomado las medidas necesarias ni para tratar el tema del abuso sexual de menores, ni para proteger a los niños de tales abusos; más bien ha adoptado políticas y prácticas que conllevan a la continuación del abuso y la impunidad de los perpetradores.
El Comité de los Derechos de los Niños de la ONU señaló que el Vaticano impuso un código de silencio a todos los miembros del clero bajo pena de excomunión, en los casos de abusos sexuales a menores, por lo que éstos rara vez han sido reportados a las autoridades en los países donde ocurrieron.
Más aún, se trasladó de parroquia en parroquia a los abusadores en un intento por ocultar ese tipo de delitos, con lo que se permitió que éstos siguieran en contacto con niños.
Pese a sus recientes cambios de actitud ante el tema, el Vaticano aún no ha reaccionado a los crímenes sexuales de sus curas contra menores de edad con la debida celeridad y decisión, sostuvo la ONU.
Exigió al Vaticano la entrega de sus archivos sobre los abusos a decenas de miles de niños para que los sospechosos y aquellos que encubrieron sus crímenes respondan ante la justicia.
En su informe, excepcionalmente crudo, la ONU pidió al Vaticano retirar de inmediato a todos los agresores conocidos y sospechosos y llevar la cuestión a las autoridades que aplican la ley para que investiguen.
Las acusaciones de la ONU podrían resonar fuerte en América Latina, la región con más católicos del mundo, donde han sido reportados abusos contra menores por curas desde México hasta Chile.
El reporte señala que una comisión creada por el papa Francisco debe invitar a expertos externos y víctimas a participar en las investigaciones, que deben centrarse no sólo en los curas pedófilos, sino también en la conducta de la jerarquía católica al enfrentarlos.
El Comité de los Derechos del Niño de la ONU exigió una investigación interna de las lavanderías de las Magdalenas en Irlanda, donde niñas fueron explotadas laboral y sexualmente durante décadas en instituciones católicas durante el siglo XX. En estos casos, niñas, jovencitas y mujeres fueron internadas en los conventos de las Magdalenas para lavar ropa sin remuneración alguna, con el supuesto fin de que expiaran sus pecados.
Jorge Mario Bergoglio, calificó los abusos sexuales contra menores de vergüenza de la Iglesia y prometió continuar con los procedimientos puestos en marcha por su predecesor, Benedicto XVI.
Pero el comité de la ONU expresó una seria preocupación de que al lidiar con las víctimas infantiles de diferentes formas de abusos, el Vaticano ha situado la conservación de la reputación de la Iglesia y del supuesto delincuente por encima de la protección de las víctimas infantiles.
El Comité contradijo la aseveración de miembros de la jerarquía católica que afirman que el Vaticano no tiene la obligación de funcionar como una suerte de policía de sus filas, y señaló que éste asumió plena jurisdicción sobre el manejo administrativo de los casos de abuso de menores dentro de la Iglesia desde 1962.
Agregó que en 2001, dichos casos se asignaron a la Congregación de la Doctrina de la Fe, organismo que tiene a su cargo, entre otras cosas, determinar los estándares de disciplina a los que deben someterse los miembros de la Iglesia.
Aunque varios obispos han dimitido tras escándalos de abusos en sus diócesis, los grupos de víctimas dicen que el Vaticano debe hacer responsables legalmente a los obispos por encubrimiento y llevarlos ante la justicia.
Durante una sesión pública el Comité de la ONU presionó a delegados del Vaticano para que revelaran las dimensiones totales de décadas de abusos sexuales contra menores por parte de religiosos. La delegación pontificia respondió preguntas del panel internacional por primera vez desde que los escándalos fueron denunciados hace más de dos décadas; negó las acusaciones de que el Vaticano hubiera encubierto la crisis y dijo que había fijado reglas claras para proteger a los niños de curas abusadores.
El comité de la ONU dijo también que los curas que tuvieron hijos deben ser declarados responsables de su paternidad y obligados a mantener a esos vástagos.
“Esperamos que la Santa Sede y el Papa sigan estas recomendaciones (…) para proteger a las víctimas y compensarlas”, dijo la jurista noruega Kirsten Sandberg, integrante del comité, durante una conferencia de prensa en Ginebra.
El comité de la ONU recomendó reformar las leyes de la Iglesia relacionadas con los derechos de los niños en las que se obligue a la institución religiosa a protegerlos de la explotación y el abuso sexual y laboral; y privilegiar el bienestar de los menores a la imagen de la institución católica.
Entre estas recomendaciones no vinculantes también está poner fin a la impunidad de quienes han perpetrado abusos contra niños, dejar de obstaculizar las investigaciones y encubrir a criminales, así como destituirlos inmediatamente y, además, concientizar a todo religioso y personal de instituciones religiosas sobre los derechos de los menores.
¿Qué hizo que el Papa Francisco guardara silencio de los abusos sexuales por el Arzobispo de Washington Theodore McCarrick, revelados por el Nuncio Carlo María Viganó en el 2013?
En esta lógica habrá que decirle al Arzobispo Carlos Aguiar Retes y a Marilú Esponda que no firmen más acuerdos con la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual por Sacerdotes (SNAP) para evitar el problema, ya que al final como dice el papa Francisco, es cosa del diablo.
Ante las divisiones y diversos escándalos de abuso sexual que han sacudido a la Iglesia y se han hecho presentes en diversos países, desde Estados Unidos, Chile, Alemania y muchos países más. Dicen que el Papa Francisco asegura que el diablo está vivo y saludable y que sigue haciendo esfuerzos para continuar debilitando a la Iglesia Católica.
En un mensaje que lanzó el 29 de septiembre de 2018, el Papa pidió a los miembros de la Iglesia católica realizar una oración especial para derrotar al demonio, el cual dijo “está esforzándose por destruir a la iglesia”. Al mismo tiempo, afirmó que la Iglesia debe ser más consciente de su culpa, de sus errores y abusos cometidos en el presente y el pasado. A lo largo de su periodo como Pontífice, el Papa Francisco ha mencionado varias veces su creencia en que el diablo es real y se manifiesta de distintas maneras, pero que el bien finalmente siempre triunfa sobre el mal. Que así sea.
Nota: Artículo de investigación apoyado en medios de comunicación escritos y electrónicos