Partido Sinaloense, la prueba de fuego con Robespierre

Corolario Político

(Columna)

Por Martín Durán

 

A casi dos años de la ausencia de Héctor Melesio Cuen Ojeda, el Partido Sinaloense se recompone bajo el liderazgo de Robespierre Lizárraga.  Muchos daban por hecho la caída del PAS incluso durante la elección del 2024 que le costó sangre y traiciones al partido fundado por Cuen, incluso había actores políticos dentro del rochismo (Inzunza, por ejemplo) que se afanaron en reducirlo a la mínima expresión. Esa fue la batalla del 24.

“Perderá el registro”, decían algunos rochistas en aquella época en que Morena arrasó en los comicios presidenciales, pero no ocurrió, apenas la libró de panzazo. Luego sobrevino el asesinato de su líder Melesio Cuen a manos de Los Chapitos, en la misma conjura para atrapar al Mayo Zambada y entregarlo como trofeo al gobierno de Estados Unidos. Entonces también se dijo que el Partido Sinaloense, ya sin Cuen, se terminaría por desmoronar “como un montón de rocas.”

Pero después de todas las tormentas, el universitario Robespierre Lizárraga, uno de los hombres más cercanos a Cuen, decidió tomar las riendas del Partido y continuar el trabajo político que dejó su sensei, el Maestro Cuen. Hoy, a casi dos años del crimen del liderazgo, quien parece estar dentro de más turbulencias es el mismo Rubén Rocha Moya y su equipo cercano, que ya perdió la oportunidad de dejar candidato a la gubernatura tras las acusaciones de Estados Unidos, así como nuestra Alma Máter, la Universidad Autónoma de Sinaloa, que hace todo lo posible por mantener la estabilidad económica sostenida con alfileres. Hasta han amenazado con tomar las calles nuevamente para exigir un presupuesto federal justo.

La vida, como decía el escritor Juan Rulfo, no suele ser muy seria en sus cosas. Y a veces resulta de un humor negro terrible o hasta abominable. 

En cambio, Robespierre Lizárraga se ha dado a una tarea impensable, pero trabajo de hormiga al fin: la de reorganizar la golpeada estructura que quedó tras la orfandad en que quedó el PAS para no sólo conservar el registro en las elecciones de 2027, sino para de verdad posicionar al único partido de corte estatal, como una verdadera opción de plataforma política para los sinaloenses. 

Datos y escenarios en la mesa

En un café con Robespierre nos cuenta que el PAS tiene una base militante efectiva (es decir, de quienes siguen apareciendo en su plataforma) de 134 mil personas. Hace apenas unas semanas el Instituto Estatal Electoral de Sinaloa reveló que de los 140 mil militantes que tenía el Partido en 2017, sólo 6 mil presentaron su baja. Registros que ya han sido validados, según Lizárraga.

Es decir, en estos dos últimos años la mayoría de aquella militancia que construyó Cuen se mantiene, aunque hay que decirlo, la gran mayoría no está haciendo vida activa dentro del partido, pero tampoco se ha ido para integrarse a otro. En eso Robespierre ve una señal.

Así que hace sus cálculos, ¿90 mil votos, 100 mil? El registro lo mantiene de manera holgada, pero la cosa es ganar posiciones, regidurías, alcaldías, diputaciones. El otro dilema en que parece atrapado el PAS y sus actuales liderazgos es en si van solos o en una alianza para el 2027. 

El PAS ha demostrado que cuando va solo saca la tarea, pero eso lo hizo cuando tenía la fuerza de Cuen y de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Ahora se sabe que existe la orden del rector Jesús Madueña a los universitarios de no arrimarse al PAS, en la idea de que eso podría molestar al gobernador, pero el escenario ya cambió por el manotazo de Washington.

Y debido a ese mazazo, también el escenario en Morena queda modificado, de ir la senadora Imelda Castro Castro de candidata, ¿se aceptaría socialmente una alianza Morena-PAS? 

Porque eso sí, una cosa es el partido de Rocha y su equipo, y otra cosa muy distinta es la militancia que apoya a Imelda. La oposición busca de manera desesperada hacer ver que Imelda y Rocha son lo mismo, pero eso dista mucho de la realidad. De ahí que juntar a Imelda y al PAS, ¿sería un error garrafal o un nuevo episodio por ser civilizados? Porque hay que decirlo: Robespierre no es Cuen. 

De frente a este hipotético escenario también está el de una oposición disminuida, un priismo que no logra cuajar ni liberarse de añejas lacras (¿quién en su sano juicio votaría por el partido de Alito?), un panismo que se devora a sí mismo: Roxana Rubio parece más del lado del rochismo, (de alguna forma le hace su trabajo sucio con las denuncias contra Imelda Castro), y el PAN municipal de Eduardo Ortiz en franco apoyo con los oligarcas de los Coppel… ¿Y MC? El Pío Esquer ni pío parece decir, confiado en que pueden ser el tercer proyecto político confiable en el estado, más bien por la desconfianza ciudadana hacia los otros partidos. 

Aquí surge el Partido Verde de Quirino Ordaz Coppel y su alfil, Ricardo Madrid, quienes están haciendo un trabajo de bajo perfil pero intenso con grupos sociales bien definidos, o al menos eso deja entrever la agenda de Madrid, a quien le ordena el otro que está en Madrid. 

En este escenario, que no implica que sea real, sino las pobres especulaciones de este articulista, surge el PAS como un partido que puede revivir si deciden sus liderazgos irse por el camino correcto de la historia, que no es el camino de la 4T, sino aquel en donde se le da preferencia a la sociedad, a la comunidad, hacer política desde y para la comunidad. Desde luego que no es fácil, pero parece que Robespierre anda buscando su prueba del ácido para el 2027, ¿llevará a buen puerto el partido heredado y que ayudó a fundar Cuen?

Cuenta que ya en estos días comenzará a tomar protesta a los comités municipales, que el trabajo con la estructura ha sido de todos los días y cuesta arriba, así que su prueba del ácido tiene fecha dentro de un año.

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