ESPECIAL | Guasave: la caída de “Chuy” González, el capo de la vieja guardia abatido ayer junto a otro hombre por la Marina; la DEA ofrecía 5 millones de dólares por él

El capo sinaloense, por quien la DEA ofrecía 5 millones de dólares, murió ayer junto a Cesáreo Peñuelas Ruiz durante un enfrentamiento con la Marina en la zona rural de Guasave. Su trayectoria criminal, sus vínculos con la vieja guardia y sus alianzas en la guerra entre facciones marcaron su ascenso en el narcotráfico del norte de Sinaloa.

Culiacán, Sin.- El polvo de las brechas de Guasave todavía no se asentaba cuando la arquitectura criminal del norte de Sinaloa terminó por fracturarse. Jesús González Peñuelas, alias “Chuy” González —nacido hace 56 años en el ejido de Batamote y convertido en una leyenda negra del narcotráfico por quien Washington ofrecía una recompensa de 5 millones de dólares de la DEA— cayó abatido ayer tras un sangriento enfrentamiento contra elementos de la Secretaría de Marina en la zona rural del municipio. Fuentes ministeriales confirmaron que durante la madrugada la familia cruzó la carretera estatal con los féretros para llegar a la delegación de la Fiscalía General de la República (FGR) en Culiacán, donde se realizaron las diligencias de identificación oficial y las declaraciones ministeriales de rigor.

El operativo de la Armada de México, ejecutado en pleno corazón agrícola, reventó de tajo más de dos décadas de hegemonía del clan. En el mismo punto de la refriega quedó sin vida Cesáreo Peñuelas Ruiz, abatido a balazos junto al capo en una de las parcelas donde la ley federal suele entrar sólo a balazos. Los cuerpos fueron subidos a los vehículos forenses y trasladados bajo un blindaje militar extremo hacia la capital del estado.

El choque armado estalló cuando los convoyes de la Marina patrullaban los caminos vecinales de Guasave. La respuesta de la escolta del capo fue inmediata, desatando una balacera a ras de suelo entre matorrales y canales de riego. Cuando el fuego cesó y el perímetro quedó asegurado por los cascos marinos, el saldo era irreversible: el jefe de la plaza había muerto en su propio terreno.

LA ESCUELA DEL “CEJA GÜERA” Y EL CORREDOR DE HIERRO EN GUASAVE

La historia de “Chuy” González huele a la vieja escuela del hampa sinaloense, a los tiempos en que las rutas se peleaban a fuserazos limpios y lealtades de sangre. Su origen criminal abreva directamente de las entrañas de la vieja guardia: la célula de Miguel Ángel Beltrán Lugo, alias “El Ceja Güera”, aquel temible capo que dominó las plazas y los penales de máxima seguridad a finales de los noventa, operando como uno de los brazos operativos más pesados y sanguinarios de la facción de Ismael “El Mayo” Zambada, antes de que la traición y las celdas se lo tragaran. De esa misma escuela de gatilleros duros y lealtades férreas abrevaron los hermanos González Peñuelas para aprender a mandar a balazos en el norte del estado.

Miguel Ángel Beltrán Lugo, alias “El Ceja Güera”, histórico operador del Cártel de Sinaloa en la facción de Ismael “El Mayo” Zambada a finales de los noventa y principios de los dos mil.

Tras volar por su propia cuenta, los Peñuelas tejieron un imperio de silencio y plomo. Desde su cuna en Batamote (Benito Juárez), “Chuy” extendió su dominio absoluto sobre un corredor de terracería y bodegas que abarca Ruiz Cortines, Gabriel Leyva Solano y La Guamúchilera. Por años, esa franja fue un relojito: operaban sus laboratorios de metanfetamina, acumulaban la goma de opio y dejaban pasar los cargamentos manteniendo un pacto de respeto fronterizo con el feudo del vecino incómodo, Fausto Isidro Meza Flores, “El Chapo Isidro”.

DOS CARAS DEL CLAN: LA SANGRE DE “CHUY” Y LA CALMA DE “NACHÓN”

En el clan familiar los papeles estaban más que repartidos. Mientras “Chuy” González cargaba con la fama de ser un hombre implacable, de gatillo fácil y mano dura para sostener la plaza a pura sangre, su hermano Ignacio González Peñuelas, conocido en la región como el “Nachón” (de 54 años), apostaba por la contraparte: un perfil más reservado, de negocios y trato frío, encargado de mantener a la organización respirando sin llamar tanto la atención de los radares.

A la par operaba su hermano Wilfrido González Peñuelas (56 años), dedicado a las entrañas del negocio en la red de laboratorios y distribución. Para la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA), “Chuy” no era un fantasma más: su ficha en el Narcotics Rewards Program lucía los 5 millones de dólares de recompensa, respaldada por acusaciones formales vigentes desde 2016 en cortes federales por inundar de fentanilo, heroína, metanfetamina y cocaína las calles de California, Texas y Nevada.

EL PACTO DE ÚLTIMA HORA: DEL “MAYITO FLACO” AL “CHAPO ISIDRO”

Pero el suelo se le movió a todo el norte de Sinaloa cuando la guerra intestina del Cártel de Sinaloa estalló y las viejas reglas del juego volaron en pedazos. Ante el avance del fuego cruzado entre facciones, los equilibrios históricos colapsaron.

Fue entonces, el año pasado, cuando los viejos rencores se enterraron en una mesa clandestina. “Chuy” Peñuelas decidió alinear a su gente con la facción de Ismael Zambada Sicairos, “El Mayito Flaco”, y selló un pacto histórico de unificación con su sempiterno rival de banqueta, el “Chapo Isidro”. Los que antes se cazaban en las brechas ahora compartían frecuencias de radio, rutas de escape y trincheras para aguantar la embestida que venía desde la capital.

Fausto Isidro Meza Flores, alias “El Chapo Isidro”, líder histórico del Cártel del Pacífico Norte / Beltrán Leyva en el norte de Sinaloa. (Fotografía exclusiva de La Pared).

DILIGENCIAS EN CULIACÁN Y EL OCASO DE UN CAPO

Esa necesidad de salir al terreno, de mostrarse al frente de la tropa para coordinar el nuevo bloque de guerra junto al “Chapo Isidro”, fue la rendija que la inteligencia naval necesitaba. Las patrullas de la Marina cazaron las coordenadas exactas de su desplazamiento en la zona rural de Guasave.

Bajo los neones de la delegación de la FGR en Culiacán, mientras los familiares completaban los trámites legales y las declaraciones ministeriales esta noche, se cerraba la pinza sobre una época. Para Jesús González Peñuelas, el final no llegó esposado en una corte de Denver o San Diego, sino tirado en el lodo de su propia tierra, escupiendo sangre bajo las botas de la Marina, cerrando de golpe la historia de los capos que crecieron a la sombra del “Ceja Güera”.

Por Redacción La Pared

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

* Copy This Password *

* Type Or Paste Password Here *

error: Contenido protegido - La Pared Noticias
Share via
Copy link
Powered by Social Snap