Nuevo talento sinaloense | Libertad Valencia interviene el logo de La Pared

Por Sergio Ceyca

Las pinturas de Libertad Valencia (Zacatecas, 1996) parten del momento en que uno se encuentra escondido tras los muros, protegido del mundo exterior. La pintora parece haberse escondido en algún armario o tras una puerta para capturar a estos personajes en medio de las cuatro pareces que los esconden de los juicios: el hombre maduro en toalla, la pareja tirada en la cama tras el acto amoroso o por iniciarlo.

Valencia parece preocuparse por ese momento en que las máscaras han caído, principalmente, gracias a la intimidad. Esos momentos donde más difícil nos es defendernos y que son de dónde, de pronto, surgen las preguntas más desgarradoras: ¿por qué soy una persona cuando pienso en la soledad de mi habitación y otra frente a mis iguales? ¿Quiénes somos ante esos cuatro muros que repiten nuestras preocupaciones, nuestros desvelos, nuestras alegrías? ¿Con quién compartiremos esa desnudez?

En La Pared Cultura nos hemos acercado a ella para entrevistarla sobre su trayectoria y para que interviniera el logo de La Pared, como parte de nuestra sección ‘Nuevo talento sinaloense’.

20180520_003228
© “La cueva de los sueños olvidados”, de Libertad Valencia

La Pared: ¿Cómo inicia tu relación con el arte? ¿es en la infancia?

Libertad Valencia: Yo siempre he tenido la necesidad de crear y hacer cosas hablando de pintura y dibujo, veía pinturas y yo decía que quería hacerlas. ¿Cómo? No sabía. Pero buscaba hacerlo por mi cuenta: cuando estaba chica trataba de recrear algo ya existente como una imagen o un objeto. Por qué quise hacerlo, no estoy totalmente segura. Y al momento de decidir qué quería estudiar elegí Artes Plásticas porque pensaba que nunca me iba a cansar de hacerlo (eso cambió cuando entré a la escuela), y quise tirarme a ese precipicio sin saber si quiera de cómo era el arte y su ambiente. También recuerdo que, cuando tenía diez años o algo así, fui a Zacatecas –que es donde nací– a visitar la casa de unos amigos de mi mamá. Ellos tenían una especie de sótano donde estaba un cuadro que me llamó mucho la atención porque se me hizo muy hermoso y me quedé viéndolo buen rato. No sabía que existían artistas; en aquel momento pensaba las pinturas nacían por mitosis, desconocía el mundo del arte. Entonces, años después, cuando entro a la escuela, descubro que ese cuadro que me gustó mucho fue El beso, de Gustav Klimt, su obra más popular y él se vuelve mi artista favorito. Y lo que tienen los simbolistas, que fue el movimiento al que perteneció Klimt, es la belleza total del arte; desde ahí puedes tomar toda esta estética y sus características espirituales que puede tener una obra de arte al momento de verlo como algo que podamos admirar.

LP: ¿Cómo es tu experiencia en la Escuela de Artes, entonces? Primero hablando de manera anecdótica, al llegar en blanco; y también en lo conceptual, en cómo tus ideas del arte van mutando cuando vas estudiando diversos temas como la Historia del Arte.

LV:  Primero llego a la escuela sin saber absolutamente nada más que lo que conocía empíricamente (como utilizar un pincel o un lápiz). Al llegar a la escuela te informan que existe una materia llamada Estética y que esta parte de la lógica y de la cultura, entonces, ¿qué son éstas? Ahí es cuando comienzo a cuestionarme que la escuela no es lo que yo esperaba, es algo más, y estaba decidida a aceptarlo. Luego acepté lo que los maestros me decían que era el arte, lo cual hasta ahora sigue siendo una gran pregunta. Pero cuando lo vemos del punto de vista contemporáneo la pregunta es, más bien, es dónde hay arte. En la Escuela de Artes hay una enseñanza muy academicista (aprender bodegones, la teoría del color, composición), no como en escuelas de ciudades más grandes como Ciudad de México, Guadalajara o Tijuana; entonces te van moldeando a como cada maestro es. Los primeros años, uno no tiene una personalidad de personaje artístico que hace trabajos de arte, es como volver a nacer, prácticamente, comienzas a tener otro lenguaje, otra visión, otra forma de desarrollar tus sentidos, también desde una perspectiva personal. Entonces, al principio pintaba como debía de pintar, tomaba los colores que tenía que tomar, estudiaba lo que me pedían estudiar. Pero hay un punto en mi vida de estudiante en que me dije que lo estaba haciendo mal porque yo tenía esta idea de que el arte era algo bello y tenía que hacer cosas bonitas; porque, hasta cierto punto, la Academia es lo que te dice y también quieres representar en su totalidad la Naturaleza. Hacer realismo: lo que todos (en algún punto) añoramos hacer. Y un profesor me habló de una exposición que se hace en Los Mochis, cuyo nombre no recuerdo, y me invitó a participar porque siempre estaba motivando a los estudiantes de participar en cursos o eventos de arte, y yo acepté el reto. Hice una acuarela en papel que mi profe de acuarela de ese semestre me felicitó, ya que al hacerla aprendí varias cosas. Me sentí emocionada (hasta me imaginaba ganando) y decidí ir a la exposición. Mi sorpresa, al llegar, fue ni siquiera estaba colgado mi cuadro. Hablé con una integrante del jurado y ella me preguntó cuál era mi cuadro; luego me dijo que estaba muy bonito pero que era muy académico y no tenía ninguna relación con lo que estaba montado. Eso me movió mucho el tapete porque dije: ¿qué sentido tiene hacer una réplica de una fotografía (ya que en eso me basé)? Entonces comencé a cuestionarme mucho y no para encajar y ser aceptada en exposiciones –que hasta la fecha no ha pasado– sino para indagar cuales son los motivos, razones o circunstancias de por qué quiero hacer algo, qué es lo que quiero dejar aquí. Y no porque en algún punto vaya a ser de los artistas que pasarán al Archivo, que todo mundo sabe o ha escuchado de ellos sino por preguntarme algo simple como: ¿qué es lo que estoy haciendo? A partir de ahí empiezo a acercarme más al Arte Contemporáneo porque uno, al inicio, está joven y se acerca a él, al Arte Conceptual, y no lo entiendes y hay un rechazo y dices: yo no voy a hacer eso. Entonces, ya que comienzas a estudiarlo y analizarlo y lo entiendes sientes el deseo de acercarte a él.

LP: ¿Y has participado en alguna otra exposición?

LV: Ya con esta idea de cuestionarme el proceso creativo, poco tiempo después participé en una exposición en Guadalajara. Llevé un dibujo en técnica mixta porque incorporé desde lápiz, grafito, pluma, carbón hasta pintura acrílica; lo que quería implementar eran ciertas ideas que volaban en mi cabeza, agregando simbología como objetos recurrentes que también se pueden ver en mis pinturas. A partir de ahí fue cuando comencé a relacionarme con la psicología del color, a hacer referencia de ésta para mis cuadros. En el dibujo hay una mujer haciendo un tipo de simbología con la mano que se cubre la cara pero al mismo tiempo se deja ver: como si quisiera estar oculta pero, al mismo tiempo, ser su propio protagonista. No tiene un seno, referente a nuestra modernidad en la que hay diferentes cuerpos y ya no sólo existe un canon de belleza. Y en la parte superior de su cabeza hay una manzana roja que puede relacionarse, en simbología bíblica, a la sabiduría. Yo utilizó siempre la figura humana, las personas que están en mis cuadros son modelados en base a fotografías de gente que tiene  relación conmigo y son personas cercanas, familia o amigos, porque también me gusta conocer al modelo y plasmarlo desde mi perspectiva. Y poco a poco, con todas estas nuevas formaciones, fue cuando llegué a mi proyecto final de la escuela que se llamó “Habitar lo efímero”.

20180520_003301
© “Veinticinco años de desamor”, de Libertad Valencia

LP: ¿En qué consiste ‘Habitar lo efímero’? ¿Es un proyecto terminado o aún está en desarrollo?

LV:  Aún no está terminado y quiero avanzar en él para agregarle nuevas cosas teóricas como de producción artística. Aún tengo nuevas propuestas para agrandar el proyecto ya que sólo hice ocho piezas y también me gustaría agregar nueva información al documento y quizá me gustaría utilizarlo como proyecto de la maestría porque siento que puedo abarcar muchas cosas desde ahí. “Habitar lo efímero” parte desde un día que estaba tomando con mis amigas y todas llegamos a la conclusión de que no invitaríamos a cualquier persona a nuestra casa, tiene que ser una persona cercana, con la que congeniemos muy bien, prácticamente una persona importante. Entonces, desde ahí comencé a cuestionarme cómo le damos valor a las cosas y qué significa para nosotros nuestro hogar; en ese momento me dije que no todas las partes de la casa son importante sino que tienen mayor validez, o importancia, tu habitación o tu estudio, algo que sientas tuyo, y eso lo enriquece aún más; y por qué somos tan egoístas al querer ocultar cosas a las que les damos ese valor, el no querer compartirlas. Al principio mi idea era plasmar a las personas en ese habitad donde se sienten totalmente seguros, donde puedes quitarte la máscara que se utiliza para salir a sociedad, pero lo miraba como un documental y sentí que por ahí no iba, que no sólo quería plasmar la realidad sino también la persona en ese instante donde se sienta totalmente parte del escenario. En ese momento fue cuando di con la idea de ‘intimo’, y qué es. Me basé en dos escritores españoles que han hecho varios ensayos sobre la intimidad, con lo que me di cuenta que no es un tema nuevo pero cada quien tiene su enfoque. Mi enfoque va, básicamente, en querer ver a la persona tal y como es. Además, para mí, es un privilegio que esa persona me comparta en ese instante por medio de fotografías ese momento intimo ajeno. Conforme fui investigando encontré que varios autores hablan sobre la intimidad: uno de ellos, llamado Juan José López Ibor, menciona que la intimidad es como un diario de vida donde vas recopilando las experiencias que vas viviendo durante años, y que éstas forman la persona que eres y al momento de nquererlas compartir te vuelves una persona vulnerable porque compartes más allá de tus secretos. Se me hizo bastante interesante y por eso, también, lo retomé. Por su parte, José Luis Padro dice que la intimidad está dividida en tres hemisferios o capas como un iceberg (según lo interpreto yo): la primera, o superficial, es en la que tu como individuo te muestras ante los otros en el trabajo o en la calle o la gente que te conoce a simple vista; el segundo nivel seria cuando compartes tu vida, tus sueños, tus ilusiones a otras personas que consideras cercanas o importantes, que ya saben más de lo que has vivido. Y el último nivel que es la intimidad total es tú a como realmente eres, los pensamientos más profundos que difícilmente compartes o que en general no lo haces; y lo que argumenta Prado es que nadie comparte ese nivel de intimidad porque hacerlo nos vuelve personas vulnerables.

LP: ¿Qué nos puedes decir de la intervención que realizaste al logo de La Pared Noticias?

LV: La intervención que hice es una de las piezas que ya hice en pintura para “Habitar lo efímero”. Es una técnica que se llama aguada sobre papel que es básicamente tinta china y lápiz que me gusta mucho ya que es dibujo pero al mismo tiempo incluyes a la pintura porque la tinta china se aplica por medio de pincel, entonces es autocontraste. Y, obvio, también puede haber escalas de grises dependiendo de tu propuesta. Esta pieza es de la única que me gustaría hablar en concreto de por qué la hice: mi propuesta es la maternidad. Las modelos son madre e hija. Se habla mucho de que la maternidad es algo bello, que es lo mejor que puede pasar, pero nadie menciona los comentarios malos ni los pensamientos negativos; he hablado con diferentes mamás a lo largo de mis veintitrés años y muchas han dicho que si realmente hubieran sabido de lo que trata, no la habrían decidido. Se puede decir que es un tema polémico por eso retomo esa propuesta en mi proyecto de lo íntimo; porque la intimidad no son cosas bonitas, son cosas crudas, entonces, a mí me gusta mucho marcar la ausencia, no tanto del escenario o del fondo, sino que provoque esa sensación de que falta algo. Y quizá por eso me gustan mucho las sillas: porque pueden tomarse como un símbolo de que ahí hay alguien, de que son para que haya alguien sentado, por así decirlo, y si está vacía a simple vista puede ser una ausencia; si ya queremos profundizar más es la ausencia de una parte de la familia, o de carencia por ambos lados (hijos y padres). Y también la aprehensibilidad. Si ves el cuadro de la pintura se ve que es una mujer acostada en el piso y hay otra persona encima de ella, y por sus expresiones se puede deducir que hay un rechazo pero, al mismo tiempo, una pertenencia de que en ese lugar debes de estar. Porque ser madre e hijo es un lazo, uno muy cabrón que, aunque no tengas contacto con tus padres te define totalmente, y más quienes te engendraron. Entonces este cuadro lleva por nombre “Incertidumbre 2”. Otra cosa: yo aún no me considero una artista o pintora alejada de la academia, aun mis cuadros son muy académicos, no están totalmente corrompidos por las nuevas tendencias del Arte Contemporáneo para hacerlo de un modo mucho más abstracto. Eso es lo que yo he querido hacer en la poca trayectoria que tengo: buscarme a mí misma y encontrarme en una pieza.

a71d6056-2971-4f4b-ab03-1b5548440aa3

© Fotografía, Juliana Cabrera © Pinturas, Libertad Valencia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

* Copy This Password *

* Type Or Paste Password Here *

Share via
Copy link
Powered by Social Snap