EDITORIAL
Pagar impuestos en este país es poco más que un lío, y no solo por lo alto que suelen ser a veces, sino por el mundo de corrupción que provoca que los recursos de la recaudación vayan a parar a los bolsillos de los políticos que, está demostrado, se han enriquecido a costa del pueblo.
El problema siempre de incrementar algún impuesto es que nunca viene acompañado de los mecanismos de transparencia para evitar que ese dinero termine alimentando a la horda de vividores en que se ha convertido, desde que México es México, el servicio público.
No, señor Quirino, más allá de lo que se pueda argumentar en el sentido de que Sinaloa está en la quiebra y por ello hay que cargarle la mano a los contribuyentes, la verdad es que con esta imposición ‘fast track’ (cortesía de nuestros diputados) el estado no va ir hacia su paraíso prometido. No.
De nada servirán los 650 millones que alegan se obtendrán con el incremento al Impuesto Sobre la Nómina. De nada los lloriqueos de un sector empresarial, que los más evaden impuestos y los menos no tienen cómo pagarlos.
Ni subiendo el agua y la luz se logrará una mejor gobernabilidad y una eficiente aplicación de los recursos públicos en el estado, si antes no se combate la corrupción de fondo.
Que Mario López Valdez no finja inocencia: nunca combatió de verdad la corrupción, nunca se preocupó por implementar una mejor transparencia y la única vez que tuvo en sus manos hacer un buen papel fue cuando pidió el famoso megapréstano de 2 mil 600 millones de pesos para dizque reactivar la economía después de las heladas de febrero de 2011, se le fue de las manos, como ese frío clima que barrió las siembras… Y con ello la confianza en un gobierno que iniciaba.
Para vigilar la aplicación de este empréstito –también obsequio de los diputados, tan sumisos ellos- parte de la iniciativa privada creó un comité de vigilancia que renunció en masa después de encontrar ¡qué cree!, resistencia de los amigos de Malova a entregar información sobre las licitaciones de las obras en donde se gastó el dinero de usted, querido lector.
Todo el sexenio sostuvo en el cargo a un administrador incompetente como Armando Villarreal Ibarra, aficionado a solicitar préstamos chiquitos, porque es más fácil decir que la federación no le enviaba las remesas con tiempo, que ser un verdadero mago de las finanzas.
Malova no solo no atacó a la corrupción sino que la fomentó, y la opacidad fue un signo de su sexenio, y su intolerancia hacia quienes no comulgaban con su forma de gobernar alentó la soberbia de un Estado extraviado entre la violencia de los cárteles y la comodidad del bailongo, la frivolidad y la fruslería.
Pregonó austeridad, pero el gasto corriente nunca disminuyó, sino por el contrario, siempre prestos a los banquetes y a la vida de jeques árabes, mucho dinero se fue en solventar lujos superfluos.
Y claro, al final, cuando no se le encuentra la cuadratura al círculo y los ajustes de cuenta nada más no dan, es más cómodo para un gobierno entrante como el de Quirino solicitar aumento de los impuestos porque es doloroso y necesario, que reajustar los sueldos, las nóminas y todo gasto que genera la maquinaria de gobierno y que no nos sirve a los sinaloenses… Pero ya verá, querido lector, lectora, que entre políticos es mejor quedar bien, que actuar con seria responsabilidad. Y así, el ciclo de la corrupción y la impunidad surge y se multiplica.