Por Miguel Alonso Rivera Bojórquez e Ignacio Grajeda Sánchez*
A los niños no hace falta enseñarles a ser curiosos. La necesidad de conocer y entender es más fuerte en la infancia que en la edad adulta.
Por eso, al crecer, no debemos perder la capacidad de aprender, de explorar, de disfrutar de las maravillas que te regala la vida, esas cosas que no cuestan nada.
Un paisaje, una puesta de sol, un cielo plagado de estrellas, el murmullo de las olas y el canto de las aves.
El color y la danza de las hojas secas cuando caen de los árboles. No debemos huir de la lluvia sino reír bajo el agua que cae de las nubes y caminar, caminar muy despacio sobre esa alfombra de hojarasca.
El ser humano es como la planta que necesita nutrirse del suelo, la humedad del líquido vital, y la caricia del viento y la luz solar, necesitamos amor y satisfacer la necesidad de autoestima que conduce a sentimientos de autoconfianza, valía, fuerza, capacidad y suficiencia, de ser útil y necesario en este mundo.
No olvides que si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.
El ser siempre decide lo que es. Necesitamos la autorrealización de nuestro ser, del logro de nuestros anhelos y la satisfacción de nuestras necesidades humanas.
Lo que llegues a ser -dentro de los límites de tus facultades y de tu entorno- lo tienes que hacer por ti mismo.
No aprovechar tus capacidades ni reconocer el camino de tu bienestar te convierte en un espíritu paralizado como hay muchos en la sociedad de nuestros tiempos.
La satisfacción de tus deseos y necesidades son también el camino de tu bienestar.
En estas calles de asfalto donde muchos seres corren de prisa sin que los esperen en ningún lado y donde reina el desamor, la mentira y la desventura debo advertirte que así se entra fácilmente a un laberinto sin salida cuyo único destino es la desesperanza, la miseria y la desgracia.
No arriesgues el tesoro que significa vivir. La falta de honestidad, sobre todo con uno mismo, amenaza la satisfacción de todas tus necesidades básicas e incluso tu felicidad.
No se puede elegir sabiamente una vida a menos que te atrevas a escucharte a ti mismo, a tu propio yo, en cada momento de tu vida.
Recuerda siempre que el amor es la meta más elevada y esencial a la que puede aspirar el ser humano. La plenitud de la vida está en el amor y se realiza a través de él.
El ser humano puede ser feliz aun en las situaciones más adversas si su vida tiene sentido, si en su vida se encuentra el amor.
La persona más desposeída puede conocer la felicidad -aunque sea sólo momentáneamente- si contempla al ser querido, si disfruta en las cosas más simples el sublime gozo de una sonrisa, de sentir su corazón palpitar de placer, emoción o entusiasmo.
Aprender a vivir en la autorrealización es saber hablar con uno mismo, es encontrar el camino para satisfacer nuestros anhelos, es transitar la vida con sentido, descansar, soñar, despertar, sonreír y amar, sobre todo, amar.
* licmiguelalonsoriverabojorquez@gmail.com
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Miguel Alonso Rivera, es un periodista, apasionado de la psicología, vinculado a la salud; Ignacio Grajeda Sánchez, es psicólogo doctor en desarrollo humano y ha sido director de diversas instituciones terapéuticas.