Mario Zamora. Una charla algo informal, con toda la formalidad

Culiacán, Sin.- El senador Mario Zamora Gastélum llega a la mesa no sin antes saludar a algunas personas de este restaurante matutino en el que decenas de familias culichis vienen a desayunar.

Quien diga que es poco conocido en Culiacán, siendo de Los Mochis, descubre que pronto las personas se le acercan a saludarlo en su calidad de candidato interno de la alianza “Va por Sinaloa” del PRI-PAN-PRD, y que en todo momento Mario Zamora se levanta para chocar el puño, por aquello de la sana distancia.

“Vengo llegando de la Ciudad de México, fui a ver los asuntos de mi licencia del Senado”, comenta mientras pide un chocomilk y comparte los pequeños panes redondos que un mesero vino a traer.

 

APAGONES

No es tiempo de hablar de temas electorales, lo sabemos en la mesa, pero sí tenemos una hora por delante para debatir sobre la situación por la que atraviesa el país, la reforma en materia materia eléctrica, avalada este martes por la Cámara de Diputados, luego de los apagones masivos que afectaron sobre todo la región fronteriza del país.

Que si es culpa de los otros gobiernos o no, está a discusión. Que si dependemos como país de los hidrocarburos de Estados Unidos, eso hay que revisarlo. Para Zamora Gastélum, usar en exceso el combustóleo -un derivado del petróleo altamente contaminante- es una tristeza.

“Mira, lo digo con mucho respeto, pero es una lástima ver cómo vamos retrocediendo en algo tan importante como lo es la energía, mientras uno que ve el otros países algunas armadoras de autos anuncian que para el 2050 ó 2035 sus vehículos serán eléctrico, nosotros estamos cerrando la puerta no sólo a la inversión, sino a las energías más baratas y más limpias”, señala.

Explica que actualmente Pemex está produciendo combustóleo, un derivado que no se puede vender en el mundo por las restricciones debido a su alto contenido de azufre y por demás caro.

“Entonces están esperando que Pemex se consuma todo ese combustóleo y nos saldrá más caro a los mexicanos”, puntualiza.

De ahí, dice, que hay que dejar atrás a los legisladores “levantadedos” que cuando el presidente decía qué hora es, la gente le decía: las que usted diga, señor presidente.”

Critico desde el Senado de las políticas de Andrés Manuel López Obrador, Mario Zamora continúa la charla en otros temas que agobian al país. “Ojalá repensemos el futuro”, acota.

“Hace años era impensable estos apagones que afectan a mucha gente; no todo lo del pasado fue malo, esto no se dio; si hubo algo mal que se castigue, pero no todo lo fue”, recuerda y es cuando cursamos por algunos episodios de la historia de Sinaloa.

 

DIPLOMACIA Y DEMOCRACIA

Conversar es una gran pasión, y por eso, el senador cuenta que ha platicado con algunos de los exgobernadores sinaloenses. Hablamos de Francisco Labastida, la infraestructura por la que todavía se le recuerda.

-Saludaste muy bien a Rubén Rocha en Mazatlán -se le dice.

-El senador Rocha es un buen tipo -reconoce- y hasta viste que respaldó lo que dije. Que Sinaloa gane.

Claro, Rocha usó la frase: Coincido con Mario”. Así es la política en ocasiones: se coincide o no. A veces es mejor buscar los puntos medios, los acuerdos, los tratos civilizados, las charlas inscritas dentro de la diplomacia que aconseja los buenos modos diplomáticos.

La diplomacia sigue siendo una herramienta de la democracia. Pueden existir discrepancias y hasta militar en causas distintas, pero siempre en los canales institucionales. Y sí, se puede hablar con todos los grupos, cohesionar a los opuestos, dialogar “para que quien gane sea Sinaloa”.

 

La política debe ser accesible

-¿Y Mario Zamora sí contesta llamadas, mensajes?, surge la pregunta en la plática.

Se ríe y cuenta varias anécdotas: en 2018 puso el número de celular en la propaganda y decenas de personas lo agregaron a grupos de WhatsApp. En unos pedían gestiones, en otros parecían propios para el cotorreo.

“Se me saturaba el celular de miles de mensajes y ahí estaba yo viéndolos. Ufs, a veces es imposible, no me salgo de los grupos ni lo pienso hacer, y si un ciudadano me manda mensaje busco responderle”.

Dice que una ocasión lo agregaron en un grupo llamado “Plebada”, eran más de 30 personas que en un principio creyeron que era cotorreo, pero cuando lo invitaron a una carne asada en un taller, de inmediato les dijo que sí.

“No me creyeron que iba a ir, pero les dije que sí, aunque primero verificamos si el evento sería real. Entonces fuimos y los saludé. Me dijeron los plebes que no creían que iba a ir.”

Ya pasó más de una hora; Zamora observa el reloj y cuenta que tiene una agenda de reuniones. Quedamos en que le íbamos a enviar mensajes a su celular, para planear otro encuentro, porque sobre la mesa, solo quedó el olor del café de la olla y compromiso de no alejarse de la gente.

¿Algo más formal? 

Bueno, lleva camisa, pantalones vaqueros y unos tenis blancos. En el cuellos, sus inseparables escapularios. Su cinto de la M.

“Vamos a andar por todo el estado, seguro nos vemos”. Se despide.  Una charla algo informal, pero con toda la formalidad del caso.

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