Hay ciertos votos de la miseria, como el que ocurre en los barrios empobrecidos de la ciudad. Su modelo se replica en pueblos y rancherías, se multiplica como una maraña. No importa que partido esté en el poder, el método es el mismo, sirve para lo mismo, y su efectividad está comprobada por décadas de hambre.
Encontré la historia de una mujer entrada en años, pero su piel morena y su cabello que se niega a las canas le hacen verse mucho menor. Ella que a sus casi 70 años ha sepultado a tres de sus nueve hijos, todavía sostiene esta casa que en cada lluvia parece caerse a pedazos.
Vive en un barrio de la periferia de la capital. Hasta ella llegó una mujer, conocida de años, y le ofreció trabajo para la campaña. Solo tenía que juntar a sus vecinos, los más que pudiera, los hiciera acudir semanalmente a reuniones, comprometerse a votar por el PRI, y a cambio les estaría llegando por estos meses 100 pesos, una despensa y, en caso de requerirlo, un bulto de lámina de cartón.
La tristeza de la colonia, construida con lo que la imaginación les dio a sus habitantes, es transformada con la bulla de los jingles de los candidatos. Cada sábado, en una casa, las mujeres se reúnen para repasar listas de posibles votantes, para comer y para contar chistes y chismes.
Visitan casa por casa, en un operativo silente que busca las firmas y las copias de los electores. En esta zona no importa las promesas y propuestas de los candidatos.
Al menos a la mujer de mi historia no le interesa saber si el próximo gobernador o alcalde de Culiacán cumplirá lo que en esta campaña prometió. Para ella los días son iguales, sentada en las tardes dejando pasar la vida por la calle de su barrio.
Hace 15 años que su esposo murió de un infarto, y nunca ningún trabajo le alcanzó para conseguir una pensión. Por eso lo único importante para ella es que ahora tiene mil pesos a la semana gracias al PRI. No sabe de dónde sale el dinero, solo la mujer que opera al alcalde Sergio Torres Félix le entrega el dinero, listas en mano, y ya en grupo analizan quiénes de la cuadra vota y quien no.
El modelo tradicional
Este trabajo hormiga en el PRI se le conoce como “modelo territorial”, y es la verdadera maquinaria aceitada con dinero de quién sabe dónde, pero una cosa es cierto, no de los bolsillos de los candidatos.
La mujer del barrio de la periferia ni siquiera sabe que es parte de estos engranes de la maquinaria priista, y que la señora que viene en su camioneta a pagarle es quien opera toda esta zona empobrecida de la ciudad.
A la mujer de los tres hijos finados solo le interesa que con esos mil pesos saldará los gastos de la semana, sus nietos obtendrán alguna golosina de la tienda y sus hijas enviarán a sus hijos a la escuela.
De vez en cuando, en estos días de proselitismo, en donde los cruceros de la ciudad se inundan de brigadistas, jóvenes sobre todo que ondean banderitas de los candidatos y regalan volantes a los automovilistas, veo a la mujer viuda pasar por una calle, con un par de bolsas de mandado del supermercado.
En el fondo me alegra que con el dinero que el PRI le dio pueda resolver las necesidades más elementales de la vida, sobrevivir a su pesado destino. En su dilatada vida ha soportado los peores vendavales, y nunca ningún gobierno se había interesado por ella.
La orgía del poder necesita soldados para mantenerse a flote. A ellos les damos despensas, un kilo de frijol, para que nosotros continuemos saboreando los gordos solomillos presupuestarios, y devorando los callos de hacha en el Mar&Sea.
Mientras tanto, el día de la elección, llamado románticamente el Día D, esos soldados serán movilizados como tropas de muertos de hambre, encubiertos bajo el discurso de la vigilancia del voto, de la legalidad, de hacer cumplir la ley, semántica pervertida para que la voluntad del Estado se cumpla.
Y así, los arroyos de hojarascas convertidos en votos se multiplican, como arroyos de basura que van a terminar a una urna, como el vientre de mujer encinta, que da a luz a un sistema que perpetúa la orgía fantástica del poder en México.
Martín Durán
*Crónica publicada en el impreso número 5 de LA PARED