Culiacán, Sin.-Desde la ciudad de México, Esperanza Hernández Lugo atisba la esperanza. Dice que no se ha cansado de tocar puertas y llevar el drama que viven las familias desplazadas de la sierra de Sinaloa, que aún estando fuera de sus comunidades siguen sufriendo violencia y desamparo.
“Lo que nosotros le pedimos al gobierno es que reconozca que los desplazados somos víctimas; eso le hemos pedido siempre al gobernador Mario López Valdez, que reconozca que es un problema que afecta a las persona; nosotros no somos delincuentes”, comenta Hernández Lugo vía telefónica
Dijo que acudió a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos con su titular Luis Raúl González, quien se comprometió a emitir una recomendación para que las autoridades volteen a ver la situación precaria en la que viven las personas que fueron expulsadas de su comunidad en la zona serrana debido a la violencia que impera por los grupos del narcotráfico.
Invitada por la Comisión Mexicana de Defensa y Promisión de los Derechos Humanos, Hernández Lugo reclama que Malova no ha querido voltear a ver la situación crítica de más de 600 familias de los altos de Sinaloa de Leyva. Ella y su familia son ejemplo de cómo fueron expulsados de su comunidad, Ocuragui.
El pasado 16 de abril, narra, se llevó a cabo la presentación del libro Desplazamiento interno inducido por la violencia: Una experiencia global, una realidad mexicana, de la académica del Instituto Tecnológico Autónomo de México, Laura Rubio Díaz-Leal, en donde explica que si bien aún no existe un censo de cuántas personas han sido desplazadas por la violencia en el país, se tiene un número aproximado de más de 170 mil en los últimos años.
En Sinaloa, por ejemplo, según el censo de Gobierno del Estado hasta principios de 2014 son casi 5 mil personas que viven en esta condición.
En Guamúchil son alrededor de 118 familias que doña Esperanza tiene contabilizadas, sin embargo, señala que algunas deciden marcharse en busca de oportunidades y a otras más las siguen matando.
“Hace poco mataron a una persona desplazada de Choix; el gobierno debe entender que aun estando fuera corremos riesgos”, menciona con desazón quien se ha erigido como vocera del movimiento de desplazados.
El peregrinar
Hernández Lugo detalla para La Pared su periplo en la Ciudad de México. Dice que después de visitar la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, también estuvo en el Senado de la República.
“En el Senado dimos testimonios de cómo se vive en Sinaloa, cuál es la situación de las familias desplazadas por la violencia; los senadores se comprometieron a legislar para que a nosotros se nos trate como víctimas”, explica.
“Lo que nos está preocupando en estos momentos, y que por eso también me decidí a salir de Sinaloa es que en las comunidades que vivíamos nosotros están siendo ocupadas por los mismos que nos expulsaron, y el gobierno con el pretexto de que la gente está regresando a las comunidades comienza a llevar programas sociales, ¡pero no somos los habitantes, son otra gente! A nosotros nos tienen amenazados de que si volvemos nos matan”, advierte Hernández Lugo.
Por ello, pidió al gobierno de Malova que abra los ojos a una realidad pocas veces atendidas. El drama se convierte en tragedia insuperable: sus pueblos abandonados habitados por aquellos que antes, con punta de metralla, los sacaron, con el terror de la muerte.
Martín Durán